Filme sobre militares opuestos al golpe de 1973 es ovacionado en Berlinale

La película “Hangar rojo”, inspirada en el libro ‘Disparen a la bandada’, de Fernando Villagrán, es “una investigación exhaustiva” sobre oficiales y suboficiales de la FACH que no quisieron sumarse al golpe y de las consecuencias que tuvieron que enfrentar.

16 febrero, 2026

El cineasta chileno Juan Pablo Sallato presentó este viernes en la Berlinale su ópera prima, ‘Hangar rojo’, que fue ovacionada por el público.

Se trata sobre funcionarios de la Fuerza Aérea de Chile (FACh) que se opusieron al golpe de Estado perpetrado por el general Augusto Pinochet en 1973.


“Yo de verdad que la siento como un drama esta película”, aunque pueda tener “ciertos tonos de thriller”, afirma Sallato en una entrevista con EFE, de la misma manera que “lo que pasó en Chile es un drama” y “es una triste historia lo que pasó en Chile” y lo que se ha seguido viviendo, agrega.

Por eso, según el realizador “es importante traerla al presente para recordarla y, ojalá, no volver a caer”, dice.

El filme, que opta a mejor ópera prima en la sección Perspectives, está ambientado en los días del golpe militar y en torno al capitán de la Fuerza Aérea Jorge Silva, quien recibe la orden de establecer un centro de detención y tortura en la academia donde entrena a cadetes.

Los principios y la conciencia del capitán entran en conflicto con su sentido del deber a medida que llegan más prisioneros.

Parte del equipo en la Berlinale. Crédito: Cinema Chile

La película está inspirada en el libro ‘Disparen a la bandada’, una crónica autobiográfica en la que su autor, Fernando Villagrán, cuenta cómo salvó la vida cuando era un joven estudiante gracias al capitán Silva, y “una investigación exhaustiva” de oficiales y suboficiales que no quisieron sumarse al golpe y de las consecuencias que tuvieron que enfrentar.

Aunque el libro abarca muchos personajes y una historia mucho más amplia, a Sallato le interesó en particular la de Silva, y quiso contarla de una manera subjetiva que haga sentir a la audiencia “lo que es esta decisión entre servir a una institución (…), o seguir a su conciencia”, con “los grises de ese momento” en el que el protagonista “tiene que decidir si jugar o no en la barbarie”.

BERLÍN, 13/02/2026.- El cineasta chileno Juan Pablo Sallato (i), acompañado por el protagonista de la cinta Nicolás Zárate (d), presentó este viernes en la Berlinale su ópera prima, ‘Hangar rojo’, un drama como lo fue el golpe de Estado perpetrado por Augusto Pinochet en 1973 y una triste historia que es importante traer al presente para construir memoria con el fin de que no se repita. EFE/Paloma Rocha

A Nicolás Zárate, que encarna a Silva, lo que le gustó del guión de Luis Emilio Guzmán es “cómo la libertad de pensamiento te permite poder tomar otra decisión”, porque la gran temática es justamente el responder o no a la orden.

En ese sentido, agrega en entrevista con EFE, “el personaje está todo el tiempo en una zona liminal (…) está en un entremedio, (…), no toma la decisión hasta el final, y eso genera angustia, genera presión”.

Muchos militares rechazaron torturar

Según Zárate, fueron muchos militares los que vivieron lo que Silva y que están en el olvido.

“Hacer esta película y mi rol como actor también es generar un acto simbólico de encarnar a todas esas personas que fueron torturadas y que tuvieron que estar en esa decisión, que tuvieron que estar en esa angustia de seguir lo que te decían o seguir su conciencia y tener la libertad para poder seguir su propio camino”, subraya.

Uno de los dos personajes del filme a los que el capitán salvó la vida sin saber quiénes eran, era precisamente periodista, y realizó toda esta investigación que dio lugar al libro en el que se basa la película, explica.

“Esas personas construyen la memoria y lo importante de este tipo de películas es que construyamos memoria para que no vuelva a suceder lo que ya sucedió (…) Yo creo que eso es lo importante del arte, generar memoria”, afirma.

A pesar de ser un drama terrible, para Sallato esta historia trae de alguna manera un poco de luz, “cierta humanidad en una institución que está vista como la maldad misma” por los crímenes que se cometieron, pero en la que también hubo “gestos de humanidad”, destaca.

Aunque la idea no es obviamente dar una respuesta, sí lo es generar preguntas muy válidas como “qué sentía un joven de 18 años, militar, venido de regiones, el día 11 de septiembre, cuando su general le dice: ‘tienes que agarrar a tu vecino y torturarlo’” y como “y si yo fuera ese joven de 18 años venido de regiones, ¿qué hubiese hecho yo?”.

“Visto desde acá, uno dice, obvio que hubiera tomado la decisión buena, la decisión de la conciencia”, pero en ese momento de angustia y presión está esa duda, porque “somos humanos (…), no somos ni héroes ni villanos”, apunta Zárate.

Para Sallato, haber rodado en blanco y negro es “una analogía del claroscuro de las decisiones” y de “esa inmensa cantidad de grises que tiene”.

Según el cineasta, hay que dejar de hablar de blanco o negro y “ver los grises”, elevar esas preguntas y tener pensamiento crítico.

https://www.elmostrador.cl/cultura/2026/02/16/filme-sobre-militares-opuestos-al-golpe-de-1973-es-ovacionado-en-berlinale/

 

El poder de la música en el Chile de Pinochet. Libro Katia Chornik

110 años después del nacimiento de Augusto Pinochet, Chile acaba de elegir a un nuevo presidente de extrema derecha, José Antonio Kast, quien ha elogiado el legado del dictador . Al mismo tiempo, un nuevo libro expone las brutales y tiernas realidades del encarcelamiento político durante la dictadura (1973-1990) a través del poder de la música.

Música y prisión política en el Chile de Pinochet dela Dra. Katia Chornik es publicado por Oxford University Press.

Chornik creció en la diáspora chilena, mientras sus padres sufrieron detención política y exilio durante el gobierno de Pinochet. Conoció los horrores de sus centros de detención tras regresar al país siendo adolescente en la década de 1990.

Se enteró que sus propios padres habían sido encarcelados en una casa de tortura de Santiago conocida como Venda Sexy y La Discotheque, a causa de la violencia sexual y la música a todo volumen a la que eran sometidos sus prisioneros, siempre con los ojos vendados.

Chornik , investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos de Cambridge , ha entrevistado a docenas de sobrevivientes, así como a ex guardias de prisión y perpetradores convictos de los niveles más altos del régimen de Pinochet.

Dra. Katia Chornik lanzando el  proyecto Cantos Cautivos  en Santiago en 2015

Recuerdos de los supervivientes sobre la vida, la muerte y la música

En 1975, Ana María Jiménez, profesora de música y pianista, fue arrestada y llevada al complejo de tortura y detención de Villa Grimaldi en Santiago. Allí, según contó a Chornik, la obligaron a escuchar música grabada: «Vivías en una tortura permanente porque si no te torturaban, escuchabas la tortura de otros, lo cual era absolutamente insoportable. Y con música todo el tiempo».

Una de las canciones que Jiménez más escuchaba era «Gigi l’amoroso», popularizada por la cantante italo-francesa Dalida . Su letra narra la historia de Gigi, una seductora en serie.

Jiménez recuerda: «Cuando venían a torturarte, decían: «Ahí viene Gigi l’amoroso». Cantaban la canción y les encantaba sentirse como Gigi. La ponían a todo volumen mientras torturaban». Pero Chornik descubrió que el uso de esta canción por parte de los agentes era mucho más siniestro, ya que reutilizaba la palabra coloquial «gigi», que se refería a un dispositivo para administrar descargas eléctricas a los prisioneros.

Además de documentar el uso de la música como fondo para la tortura, Chornik enfatiza que los prisioneros también se consolaban a sí mismos y entre sí con la música, encontraban coraje y esperanza en las canciones y organizaban actos de resistencia musical.

Ana María Jiménez cantó una vez para consolar a una compañera de prisión que sufría en aislamiento tras una brutal sesión de tortura. Optó por cantar “Zamba para no morir”, una canción popularizada por la cantante argentina Mercedes Sosa. “A todos mis compañeros se les saltaban las lágrimas”, recuerda Jiménez.

El agente de la prisión la detuvo bruscamente y le advirtió que no se pasara de la raya con “cancioncitas políticas monas”. Jiménez se negó a obedecer y la obligaron a pasar toda la noche bajo la lluvia. Más tarde se enteró de que su compañero de prisión lo último que escuchó antes de morir fue su canto.

En otro campo, Jiménez impartió talleres de música y fundó y dirigió un coro de prisioneros. Cuarenta años después de su encarcelamiento, revivió el coro, una historia que Chornik detalla en el libro.

Ana María Jiménez al frente del coro del Parque por la Paz Villa Grimaldi en septiembre de 2013

Luis Cifuentes, preso político recluido en el Estadio Nacional, escuchó a Cat Stevens cantar “Morning has broken” en un receptor de radio que circulaba a escondidas en los vestuarios. La canción le ayudó a armarse de valor para las inminentes sesiones de tortura. “Tenía una obsesión con ‘Morning has broken'”, dice, “era reconfortante”.

En 1975, una joven pareja, Carmen Espinoza y César Montiel, fueron detenidos en el centro de tortura y exterminio Colonia Dignidad, una colonia aislada en el sur de Chile, fundada por fugitivos nazis.

Un hombre, identificado por Espinoza y Montiel como guardia, les cantó repetidamente la canción de amor de Julio Iglesias, “A flor de piel”. Esta canción era especial para ellos antes de su detención y aún les trae gratos recuerdos de su juventud, a pesar de cómo la vivieron en Colonia Dignidad.

El propio Julio Iglesias intentó actuar en la cárcel de Valparaíso en febrero de 1975. Como revela Chornik en el libro, el concierto no salió según lo previsto. Iglesias fue abucheado cuando se dirigió a los presos y tuvo que marcharse sin cantar.

El tercer piso de la Cárcel de Valparaíso en 2000, donde estuvieron recluidos presos políticos durante la dictadura de Pinochet.

Chornik se propuso explorar los recuerdos de la dictadura de diferentes tipos de personas, no solo de ex presos políticos. María Fedora Peña describe haber encontrado una melodía escrita por su padre en un trozo de papel con cerillas quemadas mientras se encontraba en aislamiento.

En septiembre de 1973, Jorge Peña Hen, respetado compositor, director de orquesta y pedagogo, fue detenido en la cárcel de La Serena y, poco después de escribir esta melodía, fue asesinado por la Caravana de la Muerte, un escuadrón de la muerte del ejército. Su hija dice: «En su insondable soledad universal, profanado y abandonado en su confinamiento sin sentido. Y en medio de esa nada, veo al hombre histórico celebrando la vida».

Melodía inconclusa escrita por Jorge Peña Hen con fósforos quemados en la cárcel de La Serena en octubre de 1973

El autor del crimen: Álvaro Corbalán

Chornik entrevistó a Álvaro Corbalán en la cárcel de Punta Peuco, cerca de Santiago, donde cumple condena por la desaparición y el asesinato de decenas de opositores políticos. Corbalán es exjefe de Operaciones de la CNI y comandante del Cuartel Borgoño, uno de los centros de tortura más notorios de la dictadura. Además, es un prolífico cantautor y aún comparte grabaciones de sus canciones, realizadas en contra de las normas de la prisión, en redes sociales.

“La música fue parte de la violencia, y la capacidad de algunos agentes para apreciar, componer e interpretar música no disminuye la gravedad de sus acciones”, afirma Chornik. “Me opongo firmemente a cualquier sugerencia de que el lado ‘humano’ de los perpetradores de violaciones de derechos humanos deba invitar a la redención o al indulto”.

Corbalán evitó hablar sobre el uso de la música en las cárceles que supervisó, pero le reveló a Chornik que la guitarra que todavía toca fue un regalo personal del teniente general Jorge Rafael Videla cuando encabezó la junta militar de Argentina.

Corbalán afirmó haber recibido la guitarra durante un viaje de trabajo a Buenos Aires. El lugar, el momento y las personas involucradas sugieren que pudo haber tenido algún papel en la Operación Cóndor, afirma Chornik.

La Operación Cóndor fue un programa secreto de cooperación entre los servicios de inteligencia sudamericanos, respaldado por la CIA. Chile, junto con Paraguay, Bolivia, Brasil, Uruguay y Argentina, fueron miembros clave. Este noviembre se cumplió el 50.º aniversario de la creación formal de la Operación Cóndor. Operativos de la Operación Cóndor llevaron a cabo desapariciones encubiertas, torturas y ejecuciones extrajudiciales a través de las fronteras. Escuadrones de la muerte especiales también atacaron a figuras destacadas de la oposición exiliadas en Latinoamérica, Europa y Estados Unidos.

A Chornik le llevó una década escribir este libro y siente que era cuestión de “ahora o nunca”. “Muchos de los sobrevivientes ya han fallecido”, dice Chornik. “Sentí la urgencia de registrar sus experiencias antes de que fuera demasiado tarde”.

Educar a través de la memoria

En 2015, Katia Chornik fundó  Cantos Cautivos , una aclamada plataforma digital que ha recopilado 168 testimonios de experiencias musicales en centros de detención política en el Chile de Pinochet. Actualmente colabora con la UNESCO en un proyecto de Educación para la Ciudadanía Global que lleva material de Cantos Cautivos a las aulas de América Latina y el Caribe.

Los presidentes no suelen escribir prólogos a sus libros, pero el de Chornik comienza con las resueltas palabras de Michelle Bachelet Jeria, expresidenta de Chile y ahora candidata a Secretaria General de la ONU:

Para Chile, esta obra es una herramienta vital para profundizar nuestra comprensión de nuestra historia y reforzar nuestro compromiso permanente con la justicia y los derechos humanos. Sin embargo, su relevancia trasciende nuestras fronteras… Al mirar hacia el futuro, inspirémonos en la valentía y la creatividad de quienes resistieron la opresión a través de la música. Sus historias nos recuerdan el poder perdurable del arte y la humanidad para enfrentar incluso las fuerzas más oscuras.

Referencia

Katia Chornik, Música y encarcelamiento político en el Chile de Pinochet (Oxford University Press, 2025) ISBN en línea: 9780190052294 / ISBN impreso: 9780190052263

Publicado el 19 de diciembre de 2025

El texto de esta obra está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. 

Créditos de la imagen

‘Manuel Flores’, acuarela de Francisco Aedo Carrasco (Chacabuco, 1974) : Colección María Cristina González Benedetti. Museo de la Memoria y los Derechos Humanos
Cárcel de Valparaíso en 2000 : Mario Patricio Cordero
Ana María Jiménez al frente del coro del Parque por la Paz Villa Grimaldi en septiembre de 2013 : Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi.
Melodía inacabada escrita por Jorge Peña Hen con cerillas quemadas en la Cárcel de La Serena en octubre de 1973 : Colección Peña Camarca
Katia Chornik : Katia Chornik

https://www.cam.ac.uk/stories/music-in-pinochets-chile-katia-chornik-book

 

 

Comunicamos que ha fallecido nuestro camarada Juan Cárdenas Villablanca

https://www.marineros-constitucionalistas-chile.com/juan-cardenas-villablanca/

Ex-Sargento 2° de la Armada de Chile.

Cárdenas, de profesíon Maquinista, pertenecía a la dotación del destructor Blanco Encalada a los días previos del golpe de Estado, siendo detenido el 5 de agosto de 1973 en el marco de las detenciones realizadas a miembros de la institución que asumieron posiciones  leales ante la ley, al juramento del respeto a la Constitución vigente y su  autoridad máxima, el Presidente de la República.

Posterior a su libertad después de haber purgado 5 años de presidio, obtiene asilo en Suecia y se radica en Estocolmo. Fallece en esta ciudad a la edad de 89 años el 15 de Noviembre del 2025 según el registro del sitio web Ratsit.se

Nuestras sentidas condolencias a su familia y seres queridos de su entorno.

Que en paz descance!!!

Sus camaradas de armas,

Marineros Constitucionalistas de Chile

 

Juan Cárdenas cuando me acompañó al terminal de buses de Estocolmo en noviembre 2002.

Textos destacados

Fallece el sargento segundo Juan Cárdenas Villablanca, líder de los marinos antigolpistas

By Jorge Magasich  2 diciembre, 2025  No comment

Tiempo de lectura aprox: 5 minutos, 17 segundos

Hace unos días dejó de estar con nosotros el sargento Juan Cárdenas Villablanca, líder del movimiento de los marinos antigolpistas en 1973. Me permito despedirlo recordando la entrevista que me concedió en 2002, de gran significación para mí y crucial para la investigación que culminó con el libro “Los que dijeron ‘No’”.

Apenas comenzado el trabajo comprendí que las fuentes clásicas, como prensa y memorias, no serían suficientes. Estaba estudiando un movimiento que, por lo esencial, operó en secreto, ya que en la Armada, organizarse para defender la legalidad es considerado un acto “subversivo”. Las fuentes escritas son escasas. Consultamos los procesos jurídicos que contienen las “declaraciones” de los interrogados, pero estas son inciertas ya que varias fueron arrancadas bajo tortura.

Hasta el año 2000 lo esencial de esta historia residía en la memoria de los marinos antigolpistas. Era indispensable obtener sus testimonios para restituir la historia global del movimiento. ¿Cuántas entrevistas eran necesarias? En agosto de 1973 hubo unos 250 marinos detenidos y, más tarde, 92 de ellos fueron condenados a penas de prisión. Un especialista en estadísticas estimó que, para obtener una visión global verosímil, que aminorara las deformaciones propias de la memoria humana, era necesario entrevistar a un tercio de los marinos condenados.

Comencé las entrevistas en un momento favorable. El arresto de Pinochet en Londres (1998-2000) había desvanecido los temores de muchos militares antigolpistas que guardaban un prudente silencio. A partir de entonces osan testimoniar a una sociedad interesada en descubrir su historia reciente.

Al poco andar, se hizo evidente que el testimonio del sargento segundo Juan Cárdenas era más que necesario. Había sido el marino con más alto grado implicado en el movimiento. En 1973, con sus 37 años, era considerado “el viejo” por los otros marinos antigolpistas que rondaban los 20 años.

¿Aceptaría contar su historia ante una grabadora? Cárdenas vivía en Suecia después de salir de prisión en 1978. Los primeros años participó en reuniones de militares antigolpistas exiliados y concedió algunas entrevistas. Luego optó por el silencio. ¿Por qué habría de conceder una entrevista a un desconocido?

Di con el correo de su hijo homónimo, recientemente doctorado en física y profesor en una universidad sueca. Le envié un mail explicándole el proyecto y pidiendo contacto con su padre. Al mismo tiempo, Oscar Carvajal, un marino exiliado en Suecia, me envió su dirección. Escribí a Juan Cárdenas presentándome, resumiendo el proyecto de investigación y destacando la importancia de su testimonio.

Más o menos un mes después sonó mi teléfono en Bruselas para darme una de las sorpresas más agradables que he tenido. Soy Juan Cárdenas, me dijo, con voz muy suave. Recibí su carta donde me explica que está preparando un doctorado. Mi hijo me aconsejó aceptar, porque es algo serio. Lo que significaba que el dirigente de los marinos antigolpistas interrumpía su silencio y aceptaba darme una larga entrevista… Fijamos una fecha.

Llegué a Estocolmo la tarde del viernes 15 de noviembre de 2002. Me recibió cordialmente Regina, su esposa y compañera, quien también jugó un rol importante en esta historia. Vivían en una casa de dos pisos, que Juan Cárdenas había construido con sus propias manos, acogiéndose a un plan de autoconstrucción con asistencia técnica de la municipalidad. Pasé con ellos el fin de semana, muy productivo.

Regresé a Bruselas con cinco casetes grabadas, más una de “yapa”, que explicaré. La entrevista a Juan Cárdenas es la más extensa de las 55 publicadas en el libro Testimonios de militares antigolpistas.

 

Juan Juan Cárdenas y Regina Muñoz en su casa en Estocolmo. Noviembre 2002.

Proporciona una descripción pormenorizada de la vida en la Armada desde su ingreso en 1953, incluyendo lo que escuchó de los más antiguos y recuerda los conflictos sociales que suelen tomar la forma de “bandejazos”. Relata la gestación del movimiento de los marinos antigolpistas, sus contactos con Miguel Enríquez cuando era estudiante de medicina, describe reuniones, debates y proyectos, entre ellas la reunión en el bar Los Pingüinos en los barrios del puerto, las crecientes informaciones sobre el golpe que amenaza, la detección de un proyecto de golpe para el 8 de agosto (que existió), las reuniones con Altamirano, Garretón y Enríquez, los jefes del Partido Socialista, del MAPU y del MIR, su detención, tortura, el proceso, el exilio y un balance final.

Esa entrevista, como todas las otras, fue sometida a la crítica histórica. Tuve dudas de una información: Cárdenas cuenta que se reunió con el ministro de Defensa José Tohá, en enero o en febrero de 1973, y le transmitió las informaciones sobre la preparación del golpe en la Armada. Pero es muy poco probable que un sargento mantenga una reunión privada el ministro. Opté por no utilizar esta información mientras no pudiera corroborarla con otra fuente.

Pero el sargento tenía razón. La otra fuente apareció cuando consulté su hoja de vida anexada al proceso:

“26 dic. 1972. Demostrar poca lealtad con su comandante al no informar todos los antecedentes de una petición realizada con el Sr DGPA” [Director general del personal de la Armada].

10 enero 1973. Con motivo de su traslado al CL Prat dispuesta por OT. DGPA. ORD N°1345/41 del 23-nov-72, efectuó peticiones al Sr. DGPA. CTA y Ministro de Defensa a fin de no cumplir lo dispuesto. Su petición fue denegada por todas las autoridades”.

Lo que confirma la reunión del sargento con el ministro de Defensa. Cárdenas explica que la obtuvo utilizando su derecho a oponerse, por conducto regular, a la decisión de trasladarlo al crucero Prat antes de cumplirse el tiempo reglamentario. Primero protesta ante el segundo comandante, quien responde negativamente, luego apela al comandante, enseguida al director de personal, sigue hasta llegar al comandante en Jefe (almirante Montero) y termina donde el ministro de Defensa, José Tohá. En realidad, el traslado le era indiferente; quería denunciar los preparativos de golpe.

El sargento describe su propia detención la tarde del domingo 5 de agosto de 1973 y su traslado al regimiento de la Infantería de Marina. Pude compararla con la del comandante del destructor Blanco, el capitán Hernán Julio, uno de los oficiales entrevistados. Las descripciones son coincidentes.

Los marinos prisioneros en la Penitenciaría de Santiago. De pie: Pedro Blaset, Jaime Salazar, Hugo Maldonado, Pedro Lagos, Juan Cárdenas. Sentados: Sergio Fuentes, Ernesto Zúñiga, Juan Roldán. Hacia 1977.

Hablemos ahora de la valiosa “yapa”. Concluida la entrevista, el sargento Cárdenas me dice: “tengo algo más que le puede interesar”. Cuando estaba en la cárcel de Valparaíso −explica− solía visitarlo Manuel Astica, el cabo despensero que lideró la sublevación de la Escuadra en 1931, con quien mantenía correspondencia.

En 1982 Astica le envió una casete con la conferencia que dio al cumplirse 50 años de la publicación de su novela Thimor, sobre una sociedad utópica. La escribió en la cárcel después de la sublevación de 1931 (Astica estuvo a punto de ser fusilado) y la novela fue publicada en 1932 cuando la efímera República Socialista amnistió a los marinos presos. En su conferencia, el cabo Astica dedica unos minutos a recordar su novela, y luego, durante más de una hora, narra la sublevación de 1931, dando a conocer el punto de vista de los marinos que ocuparon 27 buques.

Copié la casete y la transcribí. La conferencia de Astica está publicada como anexo en Testimonios de militares antigolpistas, gracias a la “yapa” que nos proporcionó Juan Cárdenas. Una verdadera joya para la historia.

Hoy es evidente que la gesta de los marinos que, arriesgando todo, se mantuvieron fieles a las instituciones republicanas en 1973, no ha tenido el reconocimiento que merece. Pero este avanza. Los franceses Désirée y Alain Frappier, autores de tres novelas gráficas sobre Chile, consagraron la última de ellas a esta gesta, con gran precisión histórica y sublimes dibujos que, en ocasiones, reconstituyen escenas que no tenían imágenes. El álbum “Et que se taisent les vagues” está disponible en Francia desde fines de 2024, donde ha tenido una muy buena acogida. El título de la edición chilena será “La furia de las olas”. Debe aparecer a comienzos de 2026.

El sargento Juan Cárdenas es ahora parte de la historia. Será recordado como el marino que encarnó la voluntad de los que intentaron evitar que su patria fuera ensangrentada por una matanza y una dictadura. Su nombre, y el de sus compañeros, estará al lado de su colega ruso el marinero torpedista, Afanasy Matiushenko, líder de la revuelta del acorazado Potemkin en 1905. Y del marinero negro João Cândido quien dirigió la revuelta contra el látigo en la Armada brasileña en 1910, y en 1964, ya viejo, participó de las acciones de los marinos que se opusieron al golpe de Estado. Y del marino alemán, Karl Artelt, quien, a bordo de un torpedero, organiza en 1918 la elección del primer consejo de marinos que inicia la revolución alemana. Y también del marino portugués Joaquim Teixeira (su entrevista está también en Testimonios de militares antigolpistas) quien intentó evitar el apoyo de Portugal al golpe de Estado de Franco en 1936. En 2005, Joaquim Teixeira fue condecorado con la más alta distinción que confiere el gobierno portugués, cuando había cumplido 89 años, la misma edad de Juan Cárdenas al fallecer. Un ejemplo que podría ser imitado…

 

Jorge Magasich

Historiador

Fallece el sargento segundo Juan Cárdenas Villablanca, líder de los marinos antigolpistas

 

Referencias:

Testimonios de militares antigolpistas. Fuentes para la historia de la República.

https://www.bibliotecanacional.gob.cl/publicaciones/vol-xlviii-testimonios-de-militares-antigolpistas

 

Los que dijeron ‘No’. Historia del movimiento de los marinos antigolpistas de 1973

https://lom.cl/products/los-que-dijeron-no-vol-1?srsltid=AfmBOoo4vUO2UkctTt3n8tNmANA2-dmGFWvOMWKdsIRLuwGPFOUUM87K

 

 

La memoria ignorada del trabajo forzado realizado por los presos políticos para habilitar el campo de concentración de Puchuncaví

La memoria ignorada del trabajo forzado realizado por los presos políticos para habilitar el campo de concentración de Puchuncaví

Guillermo Correa Camiroaga  9 septiembre, 2025

Tiempo de lectura aprox: 10 minutos, 47 segundos

Entre las múltiples atrocidades y abusos cometidos en contra de las prisioneras y prisioneros políticos en la V Región durante la dictadura civil militar, se encuentra una situación muy poco conocida o relevada como es el del trabajo forzado realizado por los presos políticos en la construcción y habilitación de campos de concentración a cargo de la Armada de Chile, como fueron, por ejemplo, los casos de Colliguay y Puchuncaví.

Dentro de un par de días días se conmemorarán 52 años del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y este relato tiene como objetivo aportar un nuevo trozo al complejo y multifacético rompecabezas de la memoria histórica popular.

En esta crónica se entregan algunos testimonios relacionados con la habilitación del campo de prisioneros de Puchuncaví que, como plantean los propios protagonistas de estos hechos “es una situación que ha sido invisibilizada, tanto en las publicaciones como también con las actividades que se han realizado en dicho sitio de memoria; es decir, esto se podría definir como una memoria ignorada”.

Es interesante resaltar lo del trabajo forzado ya que este es definido en la página web de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) de la siguiente manera: “Por trabajo forzoso puede entenderse el trabajo que se realiza de manera involuntaria y bajo amenaza de una pena cualquiera. Se refiere a situaciones en las cuales personas están forzadas a trabajar mediante el uso de violencia o intimidación, o por medios más sutiles como una deuda manipulada, retención de documentos de identidad o amenazas de denuncia a las autoridades de inmigración.

La definición del trabajo forzoso Según el Convenio sobre el trabajo forzoso, 1930 (núm. 29) de la OIT, el trabajo forzoso u obligatorio designa:

«todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente».

El Convenio sobre la abolición del trabajo forzoso, 1957 (núm. 105), adoptado por la OIT en 1957, trata principalmente del trabajo forzoso impuesto por las autoridades estatales. Prohíbe el uso del trabajo forzoso: como castigo por la expresión de opiniones políticas; con fines de fomento económico; por participación en huelgas; como medida de discriminación racial, religiosa o de otro tipo; como disciplina laboral.”

Transcribo a continuación la entrevista realizada a Antonio Oyarzo, uno de los prisioneros políticos que fue trasladado desde el campo de prisioneros de Colliguay para trabajar en la habilitación del campo de prisioneros de Puchuncaví:

Respecto al trabajo forzado realizado como preso político en Puchuncaví ¿qué me puedes comentar?

En el caso del campo de concentración de Puchuncaví se ha ignorado a los primeros prisioneros políticos que llegamos allí y el trabajo contra nuestra voluntad que tuvimos que hacer. La historia de Puchuncaví empieza con esto, pero en cambio, según las publicaciones y relatos oficiales, en distintas actividades que se han realizado al respecto, la historia del campo de prisioneros de Puchuncaví parte con la llegada de los presos políticos trasladados desde Isla Dawson. Pero la realidad es que la historia de Puchuncaví empieza, como decía anteriormente, con quienes bajamos desde Colliguay a hacer trabajo forzado para habilitar el campo. Esto fue a mediados de abril del 74.

¿Cómo se produjo ese proceso?

Me recuerdo que hubo tres días de bajada de prisioneros, y los marinos que estaban a cargo nuestro en el campo de concentración de Colliguay, que ya estaba siendo desarmado por los últimos presos políticos que quedábamos todavía allí arriba, nos ordenaron recoger nuestras cosas y nos trasladaron hacia abajo en camiones, pero nosotros no sabíamos para dónde íbamos.

A un grupo de marinos antigolpistas o constitucionalistas, que estaban prisioneros arriba, los bajaron con los alambres de púas y otros materiales que se habían recogido mientras se desarmaban las alambradas en Colliguay y ese material lo bajaron a Puchuncaví y luego siguieron camino a Ritoque, el mismo día, y después volvieron a subir de vuelta a Colliguay.

¿En qué fechase empieza a cerrar el campo de prisioneros de Colliguay?

Fue entre abril del 74 cuando empezamos a desarmar el campo de concentración de Colliguay. En esos momentos quedábamos unos treinta o cuarenta compañeros arriba. De todos esos compañeros, a algunos los bajan al centro de detención y tortura Silva Palma y algunos quedan libres.

¿Cuántos de esos presos políticos son los que llevan a realizar los trabajos a Puchuncaví?

Pienso que fuimos un poco más de veinte compañeros, a lo más, siendo generoso, llegaríamos a treinta en total. Nos bajaron en camiones, custodiados por marinos armados naturalmente.

¿Cómo supieron que estaban en Puhcuncaví?

Cuando llegamos al sector, conocíamos el lugar, porque éramos de la región. Además, yo había trabajado como monitor durante la Unidad Popular en los balnearios populares y este lugar era uno de los tantos balnearios que construyó el gobierno de Salvador Allende, dentro de la llamada Medida 29, para la recreación y las vacaciones de las familias populares, de trabajadores y de obreros. Curiosamente yo estuve trabajando como monitor cultural atendiendo y entreteniendo a las y los vacacionistas en ese mismo recinto. En los balnearios había cabañas, lavaderos, baños, comedores, todo eso ya estaba construido allí en el Balneario de Puchuncaví y algunos habíamos estado allí cuando eso era un centro vacacional. Mira la paradoja, ahora ese balneario popular, ese centro de recreación, se transformaba en un campo de concentración para prisioneros políticos a cargo de la Armada de Chile.

¿Cómo los recibieron en Puchuncaví?

Apenas nos hicieron bajar, nos ordenaron, nos formaron, y el Sargento Aguayo, que era el oficial a cargo, nos dijo “ya cabros, hay que arreglar todo este recinto, porque este va a ser un campo modelo de prisioneros en Chile, aprobado por la Cruz Roja, y ustedes van a recibir visitas aquí, así es que hay que trabajar harto no más”.

¿Qué trabajo realizaron específicamente?

Tuvimos que hacer toda la alambrada que circundaba el campo de prisioneros. De hecho, se hicieron dos alambradas, una por fuera de la otra, dejando un espacio entre ambas para un campo minado. Era un espacio de unos cuatro metros donde los marinos colocaron minas bajo tierra después. Estuvimos limpiando y desmalezando el terreno, porque como ese balneario estuvo mucho tiempo sin ocupar, fue creciendo la maleza. Incluso en el sector de arriba, detrás del tanque de agua, estuvimos trabajando con una pala mecánica para aplanar el terreno. También nos hicieron construir unas torres de vigilancia, porque los marinos dijeron que teníamos que acordarnos como eran los campos de concentración que salían en las películas. O sea, un campo de concentración al más puro estilo nazi. Otros compañeros se dedicaron a trabajar y mejorar todo el sistema de luz eléctrica, allí me recuerdo que estaba trabajando Guillermo Pulgar y Jorge Carvajal junto con un grupo de otros presos políticos; el trabajo de ellos era mejorar todo el sistema de alumbrado del recinto. El comedor se tuvo que hacer de nuevo, prácticamente, dos compañeros del equipo que trabajó allí son Iván Urra y Luis Gatica, también Jaime Salazar y otros compañeros pusieron los tubos fluorescentes en el comedor. Esos datos me he conseguido.

 ¿Cuánto tiempo demoraron los trabajos para habilitar el campo?

En las alambradas fue un trabajo de más o menos dos semanas. Ahora, agregando la construcción de las torres de vigilancia, deben haber durado unas tres o cuatro semanas todos los trabajos. A mí me tocó estar trabajando en limpiar y arreglar el callejón de acceso al campamento, limpiando malezas, colocando piedras en fila y pintándolas de blanco ordenadas para delimitar la entrada. Eso debe haber durado una semana. De ahí a este grupo nos tocó ir a limpiar y habilitar las cabañas, porque iban a llegar los presos que venían de Isla Dawson. Además, tuvimos que hacer un cerco de alambres alrededor de esa cabaña, para que quedaran incomunicados de nosotros, que estábamos en otras cabañas. Entre los compañeros que venían de Dawson estaba Sergio Vuskovic, y su hijo Iván estaba con nosotros los presos políticos que nos bajaron de Colliguay, así es que nos arreglamos para que supiera el uno del otro y pudieron comunicarse ellos. También habilitamos un espacio dentro de una cabaña como biblioteca.

¿Y cómo se construyeron las torres de vigilancia?

Había dos compañeros que eran arquitectos que estaban presos arriba en Colliguay y también los bajaron a trabajar en la habilitación del campo de Puchuncaví, Max Adelsdorfer era uno de ellos. La Armada trajo los materiales y les ordenaron a ellos que hicieran el diseño y se encargaran de construir las torres de vigilancia. Fueron obligados por el sargento Aguayo a realizar un diseño que fuera un fiel reflejo de los campos de concentración de la segunda guerra mundial, de los nazis. El sargento Aguayo fue como el jefe de obras o el capataz a cargo de todas las construcciones. Este marino llegaba y ordenaba no más, diciendo “aquí tienen que ponerse las pilas y trabajar no más, acuérdense de las películas de guerra y hagan las torres acá, y vamos trabajando no más, porque esto es lo que manda”, y se tocaba su arma. Ahora los infantes de marina que estuvieron a cargo de habilitar Colliguay y también estuvieron aquí abajo en la habilitación y vigilancia de los trabajos, eran del Fuerte Papudo, que pertenecía al cuerpo de ingenieros de la Armada, ellos iban dando también las direcciones a los presos políticos. En el caso de Colliguay esos infantes de marina subieron como una avanzada con unos 15 o más presos políticos que estaban el barco Lebu, para construir y habilitar el campo de prisioneros de Colliguay. Acá en Puchuncaví, como eran del cuerpo de ingenieros, llevaron hasta una pala mecánica para aplanar el sector de arriba en Puchuncaví, como relaté hace un rato. Además, había un numeroso contingente de marinos armados en uniforme de campaña que nos vigilaban.

Nota: en la página 233 del volumen I del libro del doctor en historia Jorge Magasich “Los que dijeron No” se expone textualmente lo siguiente: “Después del golpe de Estado, los prisioneros en Isla Dawson consiguieron saber que Rauff (se refiere al criminal de guerra nazi Walter Rauff) había diseñado el campo de concentración trabajando como “técnico” asesor de la Marina”. No sería aventurado plantear que este “diseño” se haya utilizado en los campos de concentración de Colliguay y Puchuncaví.

En resumen, ¿cómo definirías el trabajo realizado?

Definitivamente como un trabajo forzado, fue así. Esto lo hemos comentado y hemos reflexionado sobre ello con algunos marinos constitucionalistas que fueron presos políticos y estuvieron trabajando en eso. Aun cuando podríamos decir, entre comillas, que estábamos un poco más liberados, porque podíamos desplazarnos un poco más, porque teníamos la posibilidad de mirar a la gente que pasaba por afuera, saludarlos, observar por arriba, por el lado norte, a los lugareños que nos hacían señas, pero sin duda alguna fue un trabajo forzado. Lo que sucede es que nosotros tratábamos de hacerlo lo más llevadero posible, para no tomar tanto caldo de cabeza y pasar el día. Era un trabajo forzado que, además, partía en la mañana, bien temprano, y no sabías a qué horas iba a terminar en la noche, y nos apuraban diciéndonos que nos acordáramos que este trabajo era en beneficio de nosotros, porque solo así podríamos recibir¿Permanecieron mucho tiempo después de terminar de habilitar el campo de prisioneros?

No, a la gran mayoría nos bajaron al Cuartel Silva Palma y a la cárcel de Valparaíso, solo recuerdo concretamente al compañero Juan Azúa, de los que bajamos de Colliguay a preparar Puchuncaví, que se quedó. Él estaba en Puchuncaví cuando subió un bus Pegaso de la Cruz Roja con familiares, a una visita, pero nosotros ya no estábamos allá, estaban los prisioneros políticos que trajeron de Dawson y que llevaron también de otros lugares a Puchuncaví.

En el fondo a nosotros nos llevaron desde Colliguay como un contingente de trabajo y una vez terminada la tarea nos evacuaron a otros recintos de prisión.  

Respecto a todo este trabajo hay un vacío, una memoria que no se ha contado ni destacado por la Corporación a cargo de este Sitio de Memoria, hay incluso un libro publicado donde esta situación no aparece. 

Además, hay otro episodio muy importante que también forma parte de esta memoria ignorada de Puchuncaví y es el caso de la presencia allí como prisionero del compañero Silvio Pardo, que un día fue sacado desde allí con rumbo desconocido y desde entonces es un detenido desaparecido.

Respecto a este caso en específico, conversé con Gabriel Aravena, quien estuvo prisionero en Colliguay y ubicaba a Silvio Pardo, manifestándome al respecto lo siguiente:

“Yo estuve en el campo de concentración de Colliguay desde el 23 de abril hasta el 22 de mayo del 74, después de salir de una incomunicación en la Academia de Guerra de 10 días. Cuando llegamos con otros compañeros a Puchuncaví se estaba terminando de construir el campo de concentración y todos los presos políticos tenían que colaborar en la construcción del campo de concentración, cuestión a la que me opuse, en forma personal, y no colaboré en la construcción y como castigo no me dejaron recibir ningún tipo de correspondencia ni encomiendas de parte de mi familia.

En relación con el caso del compañero Silvio Pardo fui testigo de la desaparición de este compañero de este lugar. Un día, debe haber sido como a las 8 de la noche, cuando estábamos todos formados para retirarnos a las cabañas, los marinos llamaron por su nombre a Silvio Pardo y un contingente se lo llevó hacia otro lugar y de ahí nunca más supimos de él. Esto debe haber sido como a principios de mayo del 74. A Silvio Pardo yo lo conocía y ya llevaba un tiempo preso allí. Estábamos formados, lo llamaron y lo sacaron de la fila, de la formación en que estábamos antes de retirarnos a las cabañas, se lo llevan y no pudimos ver hacia dónde ni tampoco cómo se lo llevaron desde Puchuncaví, pero después de eso no lo vimos nunca más. Es un detenido desaparecido.”

En relación con otros testimonios recogidos por Antonio Oyarzo y aportados vía mail, están los de algunos marinos constitucionalistas que estuvieron prisioneros y trabajando en la habilitación de Puchuncaví: Jaime Salazar dice que “entre los “pioneros” llevados de Colliguay a Puchuncavi están: Luis Ayala, Rodolfo Claros, Claudio Espinoza, Guillermo Castillo, Alejandro Benavente, Bernardo Flores, Apablaza, José Lagos, Ricardo Tobar y el Tetera, el Flaco Luengo”.

Por otra parte, José Lagos escribe lo siguiente: “No he escrito nada sobre ese lugar, pero si fui de los primeros en llegar. Fuimos trasladados al mismo estilo del traslado a Melinka en Colliguay, y una vez llegados nos colocaron de inmediato a efectuar trabajos forzados custodiados por un pelotón de cosacos armados de HK a hacer los hoyos para colocar los postes, a transportar los rollos de alambres de púas, las cajas con grapas, para nosotros mismos ir construyendo las alambradas del campo. Todo era siempre custodiado por los infantes, trabajábamos hasta el atardecer y eso lo hicimos hasta qué el campo quedo cercado. Nos encerraban en las cabañas tipo A del balneario popular.”

Ricardo Tobar agrega: “Nos sacaron de Colliguay para llevarnos a Puchuncavi, transportando palos, alambre de púas, herramientas, etc. Y terminado el trabajo de descarga ahí, nos llevaron a Ritoque, para descargar otros materiales. En Puchuncaví conocí al «tetera» que junto a otros recibieron los elementos. No estoy seguro de quienes fuimos, me recuerdo al Flaco Luengo, al Pepe Ojeda, pero de otros no recuerdo el nombre. Terminado eso, regresamos al campo de prisión Melinka en Colliguay casi de noche.”

Otro testimonio, según me relata Antonio Oyarzo, es el de Juan Aldana, quien recuerda que: “En un primer momento, en el primer grupo de presos políticos que bajaron en un camión, iban algunos compañeros que tenían experiencia en el tema de la electricidad, como Guillermo Pulgar y Jorge Carvajal, este último ex alumno de la Escuela de Artes y Oficios de la Universidad Santa María. Ellos se preocuparon de arreglar el sistema eléctrico que estaba caído e hicieron andar el trasformador y después fueron revisando, pabellón por pabellón, cabaña por cabaña, el funcionamiento de los enchufes, para chequear que el sistema eléctrico funcionara bien y no se cayera”.

Por su parte, Iván Urra le comentó a Antonio que “fui trasladado el 15 de abril de 1974 desde el campo de prisioneros de Colliguay al campo de prisioneros de Puchuncaví. Previamente había tenido el mismo traslado mi amigo Luis Gatica, quien me recibió en Puchuncaví para ocupar una de las cabañas destinadas a los confinados y que otrora era parte del complejo turístico del programa de gobierno de la unidad Popular de los “balnearios populares”. Paradojalmente, me había tocado estar presente en algunos de estos campamentos en los años 1971-1972 como promotor de actividades culturales y de entretención para los veraneantes.                                  Prontamente nos tocó construir un comedor de madera para todos los confinados, una estructura que perduró en el tiempo y en la cual, junto a Luis, escribimos en la parte interior de una tabla nuestros nombres y la fecha, tabla que fue colocada en una de las murallas de la construcción.                                                                                                                                                        Si bien el devenir cotidiano en este campo fue más relajado que los anteriores, sufrimos los típicos simulacros de rescate, con balaceras que nos obligaban a tirarnos al suelo en horas de la noche. Tiempo después se comenzó a aislar una zona de cabañas para acondicionarlas a los nuevos huéspedes que llegarían desde el sur, que eran los “jerarcas” de la UP, como le decían los marinos. Para pesar nuestro, las condiciones de acondicionamiento fueron mucho más confortables que las que nosotros teníamos, lo cual refleja la cultura clasista y segregacionista de los marinos que trataba, en este lugar, de diferente manera a los que tenían un “rango” superior. Además, nos separaron de ellos con una empalizada de madera que no dejaba ver hacia el otro lado; se nos prohibió acercarnos a esa estructura y a hablar con los “ilustres” vecinos. La gota que rebalsó el vaso sucedió a los pocos días del traslado de los nuevos vecinos, pues recibieron visitas de sus familiares. En cambio, nosotros no recibimos visitas de familiares desde nuestra fecha de captura el 16 de septiembre de1973. Dejé este campo el 3 de junio de 1974 y fui trasladado a la cárcel pública de Valparaíso, lugar en que finalmente pudimos recibir visitas.”

 ¿Antonio, para terminar, recuerdas alguna anécdota en ese período de trabajo forzado?

De repente, un día cualquiera, apareció desde abajo un teniente montado en un caballo blanco, como el caballo de Napoleón, y llegó a supervisar el trabajo que estaban haciendo los compañeros en el lado norte, arriba del estanque de agua. Los compañeros estaban levantando las alambradas y este teniente se dedicaba a correr con su caballo, como un dueño de fundo, tirando pinta y mostrando su destreza en la cabalgata y resulta que se pone a correr y los cabros le gritan que se detenga porque hay alambres de púas, pero siguió igual corriendo con el caballo, pasó por una alambrada y se cortó toda la cara.

Guillermo Correa Camiroaga, 08 septiembre 2025

La memoria ignorada del trabajo forzado realizado por los presos políticos para habilitar el campo de concentración de Puchuncaví

 

 

La Defensa. El mar eterno de los Marinos Antigolpistas.

Entrevista especial en el programa “En Panorámica” de Radio Valentín Letelier (97.3 FM), de la Universidad de Valparaíso, que se transmitió hoy  miércoles 10 de septiembre a las 16:00 hrs. hora de Chile.

En esta ocasión participó Eli Moraga, directora del documental La Defensa. El mar eterno de los Marinos Antigolpistas, junto a uno de sus protagonistas, Jaime Salazar, ex Marino Antigolpista actualmente radicado en Estados Unidos.

El documental rescata una historia poco visibilizada: la de los marinos que, desde dentro de la Armada, se opusieron al Golpe de Estado de 1973, aportando a la lucha por la democracia, la memoria y la defensa de los Derechos Humanos en Chile.

“LA DEFENSA: EL MAR ETERNO DE LOS MARTINOS ANTIGOLPISTAS”, EL DOCUMENTAL Y OPERA PRIMA DE ELY MORAGA

https://radiojgm.uchile.cl/podcast/oir-para-creer/

 

 

El día que Julio Iglesias intentó tocar en la ex cárcel pública de Valparaíso y le gritaron «¡hijo de puta!»

El día que Julio Iglesias intentó tocar en la ex cárcel pública de Valparaíso y le gritaron «¡hijo de puta!»

Por : Katia Chornik

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En 1975 se presentó en el Festival de Viña, por lo que aprovechó su estadía para hacer una presentación en el centro penitenciario. Antes de empezar, le dijo a los presos: “Los comprendo muy bien, soy un prisionero de mis compromisos, de cantar aquí y allá, de los hoteles y aviones”. Eso provocó la ira de los reclusos, pero lo que realmente afectó su presentación y lo obligó a renunciar a ella, sin ningún tipo de explicaciones, fue cuando se enteró que en el lugar había presos políticos.

A pocos días de ser elegido como el artista latino de mayor éxito de todos los tiempos por Sony Music y de agotar las entradas en sus dos últimos conciertos en el  Royal Albert Hall de Londres, es evidente que el éxito de Julio Iglesias, no mengua. Con una carrera de medio siglo y 300 millones de álbumes vendidos, el arrastre del ex futbolista continúa siendo un fenómeno inexplicable, incluso para él. “Uno no puede ni siquiera entender la causa del porqué las gentes te siguen… si tuviera el éxito alguna lógica, lo tendríamos todos”, dijo en una entrevista televisiva en 1988.

Dos de los hitos más importantes de la carrera de Iglesias ocurrieron en Santiago, según su sitio web: en 1977 congregó a más de 100.000 individuos en el Estadio Nacional, considerado “el mayor acontecimiento musical de la Historia”, y en 1991 a 170.000 personas en el Parque O’Higgins, “la mayor audiencia en Sudamérica para un evento semejante”.

Las actuaciones de Iglesias no han sido siempre recibidas con clamor. En febrero de 1975, en plena dictadura de Pinochet, el artista se presentó en un lugar radicalmente distinto a los espectaculares escenarios donde suele actuar. La presentación ocurrió en la Cárcel de hombres de Valparaíso – una elección curiosa para un cantante acostumbrado a un público predominantemente femenino – y tuvo un final inesperado.

Este episodio poco conocido de Iglesias permanece vivo en la memoria de varios ex presos políticos que se encontraban recluidos en ese recinto 39 años atrás, a quienes he entrevistado en relación a mi investigación musicológica “Sonidos de la memoria: Música y cautiverio político en el Chile de Pinochet”. En cambio, al preguntarle a Iglesias acerca del episodio en la Cárcel, el artista respondió que no conservaba ningún recuerdo de éste.

La Cárcel de Valparaíso

Durante la dictadura de Pinochet, la Cárcel de Valparaíso (actualmente el Parque Cultural de Valparaíso) fue el principal recinto de detención de la V Región. Los presos vivían una situación de constante hacinamiento y estaban separados en tres galerías, generalmente dependiendo del delito. En la primera estaban los reos culpados de crímenes financieros, en su mayoría provenientes de clase socioeconómica entre media y alta. En el segundo piso se encontraban los condenados por delitos comunes, pertenecientes a estratos modestos. En la última galería se hallaban los presos políticos, que incluían obreros, marinos constitucionalistas, artistas, estudiantes y profesores universitarios, periodistas y abogados, entre otros profesionales.

Presos políticos en la Cárcel porteña existieron entre 1973 y 1990, particularmente en 1973-1974, y a partir de 1983, según lo constata el Informe Valech. Éstos eran discriminados del resto de la población penal y sujetos a condiciones de malos tratos. Eran frecuentemente allanados, interrogados y torturados por personal de Gendarmería, Carabineros, la Marina y los servicios secretos.

La actividad musical de los presos en la Cárcel era limitada. “Era difícil porque estaban prohibidas, pero igual tratábamos”, comenta Mauricio Redolés, músico y poeta, quien llegó a la Cárcel en abril de 1974 en un precario estado de salud, pesando 25 kilos producto del trato recibido anteriormente en la Academia de Guerra, Barco Lebu, Cuartel Silva Palma y el Campamento de Prisioneros Isla Riesco (Colliguay), y de la falta de atención médica. Completó un total de veinte meses de presidio político.

Mauricio se comunicaba con otros reclusos a través de las ventanas, cantando tangos. Otro preso político llamado Álvaro Vidal – un músico que tocaba jazz, rock y música folklórica – le prestaba la guitarra y enseñaba algunos trucos. En la Cárcel Mauricio dio su primer recital, interpretando Los momentosQué pena siente el alma Nuestro México.

Uno de los episodios que Álvaro recuerda con cariño fue haber tocado, junto con otro preso político que era concertista en guitarra, el concierto en Re Mayor de Vivaldi. “Me costó mucho aprenderlo ya que no soy guitarrista clásico.”  A pesar de la prohibición general de hacer música, presentaron la obra a todos los encarcelados, incluidos los presos comunes. “Gustó mucho”, cuenta Álvaro con orgullo. Actualmente Álvaro sufre un serio problema crónico en la columna a raíz de las torturas recibidas durante su presidio político de dos años y medio.

A pesar del régimen de terror, precarias condiciones de vida y censura, los prisioneros de la Cárcel de Valparaíso y otros de los 1.132 recintos de detención política en el Chile de Pinochet desarrollaron diversas actividades musicales. Para muchos reclusos, escribir, interpretar, enseñar o escuchar música eran formas de registrar, procesar, recordar, olvidar o trascender experiencias difíciles. La música les ayudaba a mantener un sentido de normalidad, era un medio de distracción y comunicación entre ellos y con el mundo exterior. Véase canciones de la Cárcel de Valparaíso.

Iglesias en la Cárcel

La actuación de Iglesias fue ideada por un reo condenado por estafas. Como tenía gran influencia, consiguió que su ídolo – que se encontraba en la V Región con motivo del Festival de la Canción de Viña del Mar – aceptara hacer una presentación entre rejas. Los detalles del cómo se logró el acuerdo son inciertos. Posiblemente el preso se valió de aliados dentro y fuera de la prisión, que estaban conectados con el artista.

Se anunció la venida de Iglesias dos días antes que ocurriera. Entre los presos comunes había gran expectación. Los reos políticos tenían una postura distinta: “No estábamos ni ahí con Julio Iglesias: nos preocupaba nuestra situación, nuestra salud, la política”, comenta Mauricio.

La construcción del escenario estuvo a cargo de los presos de la segunda galería, y comenzó la noche anterior al día del evento, con tal estrépito que mantuvo despierto al resto del penal. Álvaro se sorprendió cuando vio el escenario terminado. En lugar de hallarse en un espacio amplio como por ejemplo el patio, estaba en la primera galería que era muy estrecha. El escenario era de dimensiones mínimas: aproximadamente tres metros de largo por dos de ancho. Tenía un solo micrófono, y de mala calidad. Álvaro pensó: “ahí Iglesias no va a cantar”.

El espectáculo estaba programado para las 10 AM. Ese día, Gendarmería ignoró sus propios estatutos de disciplina: realizó la cuenta de presos sólo una vez, en lugar de tres. Este cambio de rutina nunca había ocurrido antes, ni siquiera cuando apareció el General Sergio Arellano Stark, comandante de la fatídica “Caravana de la Muerte”.

Las autoridades intentaron congregar a todos los reos frente al escenario. Los presos comunes accedieron pero los presos políticos se rebelaron y permanecieron en su galería, desde donde observaron todos los pormenores.

Iglesias apareció con mucho retraso, a las 4 PM, acompañado de una comitiva de alrededor de veinte personas. El cantante portaba una chomba chilota.

Cuando hizo su entrada el cantante, los presos comunes se alborotaron, pidiendo canciones y autógrafos. Cuando finalmente se restableció el orden, Iglesias se dirigió al público y según cuenta Redolés, el artista español se mandó un par de frases que no cayeron nada de bien.

Mauricio y Álvaro recuerdan sus palabras: “Aparentemente soy un hombre libre pero en realidad soy un prisionero de mis compromisos, de cantar aquí y allá, de los hoteles, los aviones. Las fans no me dejan en paz. Os entiendo muy bien. Os traigo un abrazo de fraternidad y espero que recuperéis la libertad lo más pronto posible.”

Las palabras del artista no fueron bien recibidas. Los presos políticos se ofendieron mucho: “Él se estaba riendo de nosotros. Comenzamos a gritarle epítetos espontáneos al unísono: ¡buena, concha de tu madre! ¡hijo de puta! y de ahí para adelante. Iglesias tenía cara de sorpresa, miraba para todos lados, estaba desconcertado”, recuerda Álvaro. Mauricio añade: “Iglesias preguntó: y vosotros allá arriba, ¿por qué estáis tan enojados? Alguien le explicó que había presos políticos.

Cuando hizo su entrada el cantante, los presos comunes se alborotaron, pidiendo canciones y autógrafos. Cuando finalmente se restableció el orden, Iglesias se dirigió al público y según cuenta el cantante Mauricio Redolés, quien era uno de los presos políticos que estaba en el lugar, el artista español se mandó un par de frases que no cayeron nada de bien.

El manager anunció que Iglesias se iría. Y se marchó sin haber cantado ni una sola canción.”

Para Álvaro, el episodio fue “el acontecimiento más absurdo que he visto en mi vida. Iglesias fue muy caradura, se fue sin decir nada”. Los presos políticos temieron que hubiera represión pero no ocurrió. “Ni siquiera los patos malos reaccionaron mal a nuestros abucheos. También se sentían ofendidos.”

¿Por qué Julio Iglesias había aceptado cantar en una lúgubre cárcel de hombres, estando acostumbrado a grandes escenarios y al clamor de un público mayoritariamente femenino? ¿Estaría motivado por curiosidad, un impulso benéfico o un deseo de publicidad? ¿Tendría en su mente al cantante de música country Johnny Cash, cuyas grabaciones de conciertos en cárceles estadounidenses “Johnny Cash at Folsom Prison” (1968) y “Johnny Cash at San Quentin” (1969) le valieron los primeros puestos en los rankings Billboard y ventas de discos superiores a las de los Beatles? ¿Y por qué Iglesias se marchó? Quizá el enterarse de la existencia de presos políticos en aquella cárcel causó su partida. Tal vez la mala acogida que tuvieron sus palabras, o las condiciones mediocres del escenario fueran el detonante.

https://www.elmostrador.cl/cultura/2014/05/15/el-dia-que-julio-iglesias-intento-tocar-en-una-carcel-de-presos-de-pinochet-y-le-gritaron-hijo-de-puta/

RESCATANDO LA MEMORIA DE LA BASE AERONAVAL EL BELLOTO, OTRO IMPORTANTE CENTRO DE DETENCIÓN Y TORTURA DE LA ARMADA EN LA V REGIÓN

El Colectivo Lebu-Colliguay ha iniciado otro proceso de rescate de la dolorosa memoria histórica popular relacionada con centros de detención y tortura implementados por la Armada de Chile en la V Región. Se trata, en esta ocasión, de la Base Aeronaval El Belloto y sus instalaciones que – como en los casos del Buque Prisión Lebu y el Campo de Concentración Isla Riesco en Colliguay- fue completamente destruida y en dicho sector se construyó un gran centro comercial. Se trata de recintos que fueron hechos desaparecer para que no quedaran vestigios materiales de los mismos, como una forma de borrar y negar la historia represiva llevada adelante por agentes del Estado, en este caso integrantes de la Armada de Chile, en contra de chilenos y chilenas después del golpe de Estado de 1973. Por eso, el recuperar la historia de dichos recintos de prisión y tortura, es un trabajo que permite mantener viva la memoria y, al mismo tiempo, se transforma en un instrumento pedagógico para que las nuevas generaciones puedan conocer lo que allí sucedió.

Conversé con dos integrantes del Colectivo Lebu-Colliguay, Antonio y Carlos, para que dieran a conocer algunos aspectos de este nuevo proyecto que han iniciado:

Antonio:
“Nos hemos dado la tarea de intentar cerrar esta etapa, que ya tiene alrededor de tres años y ocho meses. Iniciamos con el Proyecto Lebu, pensamos que tenía que continuar y por eso levantamos la investigación y el trabajo de Colliguay. Ambos finalizaron con unas publicaciones, unos libros: “Lebu, Prisión Flotante” e “Historias Ocultas de Colliguay”. Ahora nos propusimos terminar este proceso con la Base Aeronaval El Belloto, porque consideramos que está pasando muy desapercibida. Esa es la razón por la que iniciamos esta actividad como colectivo, para rescatar memoria. En un período corto hemos recopilado bastante material y no puedo dejar de mencionar a nuestro editor, que trabajó los dos libros anteriores y ahora está con mucho trabajo por este nuevo proyecto, él es Gilberto Hernández. Este compañero es un elemento fundamental en lo que nosotros estamos levantando.”

 

Construcción de centros comerciales donde estaba la Base Aeronaval El Belloto
Tengo entendido que también está incluida en este proyecto la realización de una maqueta de la base aeronaval…
Carlos:
“Si. En el colectivo, por alguna virtud o coincidencia, coincidimos tres arquitectos, dos jóvenes recién egresados, cuyo trabajo de titulación tiene que ver con los campos de concentración en Chile, en esa época. Trabajaron con nosotros en el tema Colliguay y, dada esa experiencia e interés que ellos tienen, desde un punto de vista académico por la memoria, de una investigación con otra mirada, se incorporan para realizar, en la etapa de recolección de información, una maqueta virtual, tridimensional en lo que es El Belloto, la Base. Pasa, al igual que el Lebu y Colliguay, estos tres lugares o recintos, tienen similitudes en cuanto a la falta de información respecto de ellos. Es cada vez más difícil encontrar en la web fotografías de eventos que acaecían en El Belloto. El Belloto era un lugar público para Quilpué, de hecho, funcionaba un Club Aéreo, funcionaba un Club de Aeromodelismo y en algún momento, también, la gente de la Universidad Santa María tenía un tema de cohetería, que hicieron ahí también. Un día del año se abría al público y había un Festival Aéreo y prácticamente toda la ciudad de Quilpué iba allá.

Entonces, haber pasado de un recinto abierto al público y ver en lo que termina después del golpe, en un campo de detenidos, un campo de concentración, de alguna manera, porque eso es lo que creo que fue y finalmente termina borrado, convirtiéndose en un mall, con sectores sin construir a los que no se puede acceder, entonces toda esa investigación se está sistematizando y va a concretarse en la reconstrucción virtual del recinto.”

Pero, además de lo virtual, ¿van a realizar una maqueta material como la del buque Lebu o Colliguay?
Carlos:
Si, también va a haber una maqueta. Eso también se está trabajando. Son caminos distintos los de la maqueta virtual y la maqueta material, pero confluyentes. Esto constituiría la trilogía de lugares de detención de la Armada en la región, que han sido desaparecidos, sin que queden restos de ellos. Asimismo, estamos en la recopilación de relatos. Estamos buscando a gente que estuvo ahí, en los distintos niveles de detención que hubo ahí, porque son distintos los niveles, de hecho, hay asesinados, desaparecidos y torturados brutalmente, hasta personas que estuvieron de tránsito porque estaban cruzando el campo, cosa que se dio, porque como decía anteriormente, la base era un espacio más bien público antes del golpe, la ciudadanía la teníaincorporada como parte de ella y cruzaban la base como tránsito, para acortar camino.”

 

cuanto a la materialidad de ellas ya su importancia como un instrumento pedagógico?

Antonio:

“Quiero agregar dos cosas. Primero rescatar el entusiasmo y el aporte incondicional que nos brinda Mario Puelche Zamora, el constructor de las maquetas, quien es un factor importantísimo en nuestra herramienta de aporte a la memoria histórica. Con las maquetas hemos ido a diferentes lugares, a centros educativos y las respuestas que hemos tenido han sido muy productivas y en ocasiones nos han sobrepasado, ya que hemos encontrado gente que se ha acercado y nos ha dicho: nuestra familia o algún pariente estuvo en ese lugar. Por ejemplo, el doctor Velasco, que era jefe del Hospital Siquiátrico, estuvo detenido en una bodega del Lebu y en la maqueta del Lebu está caracterizado en una figura con su delantal blanco. En relación a Colliguay, se nos acercó una persona mientras estábamos dando una charla en un liceo nocturno de Quilpué y nos dice que ella estuvo en el campo de Colliguay.”
Pero, más específicamente, más allá de los libros y testimonios, la materialidad, o sea, la maqueta en sí misma, ¿ha sido un instrumento valioso para la pedagogía de la memoria?

Carlos:

Creo que es muy interesante el tema de las maquetas del maestro Puelche, aunque no son construcciones técnicamente fidedignas, por decirlo de alguna manera, entonces, tienen un lenguaje que es más cercano a quien no conoce la situación, por eso me atrevería a decir que tiene algo como un dibujo, ya que su construcción sintetiza lo importante. En el caso del Lebu están las figuras de los marinos, está la figura del Dr. Velasco, de las compañeras que estaban en los camarotes y eso es muy sensible al verlo, emociona. Con Colliguay pasa lo mismo, ahí está la figura del perrito, que yo lo encuentro icónico, y esa historia del perrito que matan los marinos no me la puedo sacar de la memoria. Ese lenguaje que tiene esa forma de hacer maquetas, que no es lo de la maqueta digital ni es tampoco la maqueta de reconstrucción histórica profesional, o el barco de exhibición hecho a escala, este es otro lenguaje que es muy potente. La gente que ve esto, los niños que ven esto les produce preguntas y me parece que eso es fundamental, el haber podido lograr eso.”
Podríamos concluir, por lo tanto, que las maquetas constituyen un material didáctico, pedagógico, que permite trasmitir la memoria de mejor manera, al estar ahí, físicamente, materialmente, frente a las personas…
 “Exacto, definitivamente eso es así.”

Antonio:

Nosotros no nos imaginamos nunca dónde estamos ahora y eso también ha sido gracias a las maquetas, gracias al maestro Mario Puelche, a Mario, desde su condición de artista autodidacta. Por otro lado, es interesante ver como su trabajo converge con lo que hace la academia, los arquitectos con las maquetas virtuales en tres D. Ambas formas, ambas propuestas, se complementan entre sí. Eso ha sido muy interesante.

 

Guillermo Correa Camiroaga, Valparaíso 11 de junio 2025

Base Aeronaval El Belloto

 

 Base Aeronaval El Belloto

Armada de Chile, Quilpué.

El 11 de Septiembre de 1973, la Armada de Chile dio inicio al Golpe Militar en conjunto con las otras ramas de las FF.AA. Carabineros e Investigaciones.

La foto muestra la ubicación de diversas instalaciones en esa época.

1.- Dormitorios y Casino del personal de Aviación Naval, que compartieron con             tropa  de Infantería de Marina.

2.- Dormitorios y Casino de Sub-Oficiales.

3.- Dormitorios, Casino y Pérgola de Oficiales.

4.- Hoyo con barro, agua sucia y ramas de espino donde se torturaba y arrojaba prisioneros, a cargo del Cap. Patricio Villalobos Lobos, quien denominaba al sitio “Viet-Nam Chico”.

5.- Sala de Guardia .

6.- Guardia de portalón.

7.-Sala de instrucción, adaptada para encerrar prisioneros quienes dormían sentados.

8.- Instalaciones del Comandante de Aviación Naval.

9.- Oficina Informaciones aéreas ( OICA ) convertida en sala de torturas.

10.- Centro Metereológico de la Armada.

11.- Sitio cubierto de ripio donde mantenían a prisioneros al sol y el frío nocturno, sin camisas decúbito abdominal con manos en la nuca, donde eran torturados por Villalobos y su patrulla, quienes ostentaban un escapulario de la “Virgen del Carmen” bendecida por el capellán naval ( Opus ) Rodríguez para ese oficio.

12.- Sitio para orinar sobre un busto del Ché.

Luis Jorquera Silva https:

//www.marineros-constitucionalistas-chile.com/luis-reginaldo-jorquera-silva/

https://www.marineros-constitucionalistas-chile.com/helicoptero-bell-ranger-naval-n-14/

 

Tomás de la Cruz Matus Poblete

NOMENCLATURA                  : 1. [40]Sentencia

JUZGADO                      : 21º Juzgado Civil de Santiago CAUSA ROL        : C-8168-2019

CARATULADO              : ESTAY/CONSEJO DE DEFENSA DEL ESTADO/FISCO DE CHILE

 

Relato extraído de la Sentencia Dictada por el Juez

Marcelo Alejandro Rojas Sepúlveda el 31 de julio 2024

https://www.pjud.cl/prensa-y-comunicaciones/noticias-del-poder-judicial/115260

 

Tomás de la Cruz Matus Poblete

Expone que, El año 1973 estaba destinado a ASMAR Talcahuano, en el Taller Nro. 38 de Combustión Interna. El 9 agosto de 1973, después de almorzar, don Tomás se dirigía a un buque en el que estaba trabajando en reparaciones, y a poco llegar, como a las 14,00 horas, lo fue a buscar un compañero del mismo taller y le dijo que el jefe de taller lo necesitaba en su oficina. Se dirigió a la oficina del jefe y una vez adentro, frente a él, éste le señala que quedaba detenido; al mismo tiempo aparece de detrás de la puerta de la oficina, un infante de marina armado y apuntándolo lo lleva a un vehículo que los esperaba afuera del taller. El vehículo los llevó al Fuerte Borgoño, repartición de los Infantes de Marina ubicado en la península de Tumbes, en Talcahuano. Al llegar a esta repartición, lo llevan a un sector donde había una especie de barraca donde se llevaban a cabo los interrogatorios, pero antes de entrar, le ordenan desnudarse completamente.

Una vez dentro, comienza a recibir golpes, los que eran dirigidos a

todo el cuerpo, pero principalmente al estómago y genitales. Había entre cuatro y seis infantes que realizaron la golpiza, después de la primera sesión de golpes lo toman entre tres o cuatro infantes y poniéndolo boca arriba lo sumergen en un recipiente con líquido para provocarle asfixia, lo que posteriormente supo llamaban “el submarino”. El sumergimiento era acompañado de golpes en la parte de su cuerpo que estaba fuera del recipiente, también lo sometieron a quemaduras provocadas por estos infantes, quemaduras de cigarros que se fumaban durante el proceso de tortura a que era sometido. Este tratamiento duró varias horas de la tarde de ese día 9 de agosto y era comandado por un oficial de apellido Koehler. Durante esa noche, no logró conciliar el sueño, ya que siempre había un infante encargado de despertarlo. Al día siguiente lo tuvieron al sol toda la mañana y por la tarde fue conducido a la Fiscalía Naval de la segunda Zona ante el Fiscal de apellido Jiménez.

Desde la Fiscalía Naval fue conducido en calidad de incomunicado al

gimnasio de la Base Naval de la Segunda Zona Naval, lugar donde estuvo detenido cerca de 10 días; posteriormente fue trasladado y recluido en el Cuartel Rodríguez de esa misma Zona y el 3 de septiembre fue trasladado a la cárcel pública de Concepción, donde permaneció recluido hasta el 26 de agosto de 1976, fecha en la que quedó con libertad provisional.

Durante el periodo en el que estuvo en libertad bajo fianza, estaba obligado a firmar semanalmente a la Fiscalía Naval de la Segunda Zona Naval hasta que salió la sentencia definitiva. Una vez dictada dicha sentencia y debido al estado de terror en que vivía y la amenaza latente para quienes eran considerados traidores a los altos mandos, es que decidió viajar a Suecia con la ayuda de Amnistía Internacional y solicitó asilo en este país, en marzo de 1977.

Precisa respecto a su representado, como ejemplo de las situaciones que le tocaron vivir estando en libertad bajo fianza y que le refuerzan la idea de salir al extranjero, que el abogado jefe del consultorio jurídico que funcionaba en la cárcel penquista, cuyo nombre cree recordar era Hugo González, le ofrece trabajo como chofer de taxibus para una máquina de su propiedad, para lo cual concurrió a sacar certificado de antecedentes para renovar licencia de conducir y en dicho documento aparece que por Ley de Seguridad Interior del Estado le estaba impedido acceder a la licencia de conducir. Dos años después de llegar a Suecia, se dirige al consulado chileno en Estocolmo para renovar su pasaporte y se lo renuevan con una salvedad, le dibujan la letra “L” en el documento, con lo cual no podía regresar a Chile. Pidió hablar con el cónsul chileno y no obtuvo respuesta, solo que obedecía a disposiciones provenientes de Chile, para el año 1984 recién aparece en uno de los listados de personas que podían reingresar a Chile, pero no es hasta el año 1990, una semana después del cambio de gobierno, que viaja a Chile a reencontrarse con sus familiares más cercanos, padres, hermanos y familiares por parte de su esposa.

Sergio Fuentes Paredes

NOMENCLATURA                  : 1. [40]Sentencia

JUZGADO                      : 21º Juzgado Civil de Santiago CAUSA ROL        : C-8168-2019

CARATULADO              : ESTAY/CONSEJO DE DEFENSA DEL ESTADO/FISCO DE CHILE

 Relato extraído de la Sentencia Dictada por el Juez

Marcelo Alejandro Rojas Sepúlveda el 31 de julio 2024.

https://www.pjud.cl/prensa-y-comunicaciones/noticias-del-poder-judicial/115260

Sergio Edison Fuentes Paredes.

Expone que, en 1973, era marinero 1º, Artillero Telemetrista de la Armada de Chile. En abril del mismo año, había sido destinado al Destructor Blanco Encalada, lugar en el que fue detenido el 8 de agosto de 1973 y enviado al Fuerte Silva Palma, donde ya estaban sus compañeros que habían sido detenidos a comienzo de esa semana. Llegó al Cuartel Silva

Palma como a las 24.00 horas, enviado por el teniente Artillero René Mateluna, que ese día estaba de guardia al Cuartel, en calidad de incomunicado y lo llevaron a una sala en donde había más detenidos y cuando despertó, se dio cuenta que eran todos los detenidos de su Buque, el Blanco Encalada: habían sido detenidos y enviado al comienzo de la misma semana al Cuartel Silva Palma.

Señala que, al día siguiente, como a las 14.00 horas fue llamado a la guardia junto al cabo 2° Artillero Juan Roldan y enviado a la Base Naval del Belloto con dos Infantes de Marina, con los cuales viajaron en un avión naval con destino a Concepción, al Aeropuerto de Carriel Sur, en donde los esperaban unos 40 infantes de Marina a cargo de un oficial. Según lo que pudo escuchar, los infantes que venían de Valparaíso traían la orden de entregarlos al Fiscal de la Segunda Zona Naval, pero, el oficial no cumplió la orden y los subió a un camión y los tiraron al suelo. Fue ahí donde comenzó la tortura, ya que los pisaron y les pegaron con fusiles y patadas durante todo el viaje hasta llegar al Fuerte Borgoño en Talcahuano. En dicho lugar, fueron torturados física y sicológicamente en forma brutal, los tuvieron en ese lugar cerca de tres días y luego fueron llevados al Cuartel Rodríguez que está al lado de la entrada de Asmar. Allí pudo comprobar el estado de algunos de sus compañeros: Óscar Carvajal sangraba de uno de sus oídos y Cárdenas apenas se podía mover. Después de uno días fueron llevado a declarar y ahí se encontró con varios compañeros del Blanco Encalada, estaba Pedro Lagos, Ernesto Zúñiga, Jaime Salazar, Alberto Salazar, Juan Cárdenas, Juan Roldan a quienes se les acusa de incumplimientos de deberes militares.

Con posterioridad, fueron llevados a la Isla Quiriquina en una de las

embarcaciones que usan todos los días para llevar al personal a dicha isla, estuvieron ahí un par de días en la enfermería con prohibición de levantarse, ya que tenían que llegar de la mejor forma posible a Valparaíso. Les daban tabletas para las inflamaciones que tenían en todo el cuerpo, todo esto fue producto de las torturas recibidas por el Capitán de Infantería de Marina, Sr, Koehler, Sr. Bunster y los tenientes IM Coch, Luna, Tapia y otros. Algunos días después fueron llevado al Destructor Orella y viajaron a Valparaíso, nuevamente los llevaron al Cuartel Silva Palma. Luego, en Valparaíso fueron llamados por el Fiscal Villegas, quien los interrogó para reafirmar su declaración hecha en Talcahuano bajo tortura, a lo cual le dijo al oficial que había tenido que mentir para que no lo siguieran torturando

Continuó detenido en el Cuartel Silva Palma, junto a otros compañeros hasta el mes de octubre de 1973, fecha en que es trasladado a la cárcel de Valparaíso, donde ya estaba un grupo de marinos, que había sido trasladado el 1 de septiembre. En la cárcel, señala que fueron llevados a un teatro del recinto, hasta el mes de noviembre de 1973, fecha en fueron sacados diciéndoles que serían enviado a la Isla Riesco o Melinka, dos islas al Sur de Chile. Pero sólo lo hicieron para confundir a sus familiares, después se dieron cuenta que estaban cerca de Quilpué, en Colliguay, en terrenos de la Familia Matte. Este lugar era cuidado por los infantes de Marina y eso significaba que pertenecía a la Marina. En el mes de abril de 1974 fue trasladado junto al resto de sus compañeros al campo de concentración de Puchuncaví, donde los hicieron trabajar hasta las 24.00 horas de la noche varios días ya que ellos mismo tuvieron que cerrar dicho campo de concentración. A fines de mayo del mismo año, 1974, fueron nuevamente trasladados a la cárcel de Valparaíso, donde vivieron en la tercera galería junto a los demás presos políticos, lugar en el que estuvo hasta octubre de dicho año, fecha en que los trasladan a la Penitenciaria de Santiago, ahí vivieron junto a los demás presos políticos en la calle Dos y en la calle Cinco. El 20 de abril de 1978, fue dejado en libertad.

Agrega que, todos los traslados fueron realizados en vehículos de la

Armada, los llevaban vendados y atados, las primeras semanas no tenían camas, así que tuvieron que dormir en el suelo, poniendo pedazos de cartones para evitar un poco el frio, de a poco se fue solucionando el problema de las camas ya que la Cruz Roja les llevó madera y ellos hicieron sus propias camas.

Finalmente, indica que muchas de las cosas que su representado sufrió no puede escribirlas, debido a que le es muy difícil volver al pasado, tuvo que pasar por muchos momentos de tristeza y sin ninguna posibilidad de defenderse, fueron muchas las injusticias que sufrió al igual que sus compañeros. Hoy, no confían en la justicia de nuestro país, ya que fueron tratados como verdaderos “enemigos del país”, por el solo hecho de estar al lado de la Constitución Política de la República y con su juramento a la Bandera.

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