Comandante en jefe de la Armada Jorge Arancibia Reyes

La Hora de Decir Adiós. El Juez Guzmán Debiera Cerrar el Proceso a Mi General Pinochet

El jefe de la Armada se retira en noviembre y ya empezó a despedirse. Y lo hace en su estilo: diciendo lo que piensa de temas que otros prefieren callar o toman con pinzas. Más que su proyecto “Tridente” le inquieta el tema pendiente de los derechos humanos, las reformas constitucionales concernientes a las FF.AA. y el juicio a Pinochet.
Por RAQUEL CORREA

LE apena alejarse de la Armada. En “mi Marina” – como él dice- ha pasado prácticamente toda su vida. Desde que tenía 15 años y casi vio frustrados sus sueños por medir unos centímetros menos que los reglamentarios. Quien se empeñó en que lo admitieran, a pesar de la estatura, no pudo imaginar que ese chiquillo llegaría no sólo al puesto más alto dentro de la Armada sino a convertirse, de hecho, en el líder de los Comandantes en Jefes en tiempos harto complicados. Inteligente, afable, culto, reflexivo y con don de mando sin gritos, Jorge Patricio Arancibia Reyes (61 años, casado con Mónica Salomón, tres hijos y tres nietos) se apresta al retiro en noviembre. Pero como si no quisiera ni pensar en eso, no se ha puesto a proyectar qué hará entonces.

– Cuando llegué a la comandancia en jefe, hace tres años y medio, pensaba que tenía que subir un cerro gigantesco. Ahora me doy vuelta y veo el cerro a mis espaldas. Es un sentimiento de pena y de pérdida. Entré a los 15 años; una vida entera he pasado con los buques, con mi gente, con mis oficiales. Seguiré formando parte de la familia naval, pero ahora desde la periferia. Me alejo de algo que quiero mucho….

– ¿Qué siente más: dejar los camaradas, el poder…?

– Sin ninguna duda, cambiar la relación que tengo con la gente con que trabajo. Lo más rico es la oportunidad de estar con, trabajar para y llevar adelante proyectos con un grupo de gente ¡fantástica!

– ¿Está consciente de que cuando su nombre vaya seguido de una (R) perderá todo poder?

– Desde luego, pero no miro el poder con la perspectivaegoísta. Cuando uno aplica el poder en llevar adelante proyectos, en realizar sueños, no por el poder per se, entonces vale. Tengo un montón de privilegios. Por ejemplo, podría tener horario libre, tengo vehículos para moverme, aviones para volar, lanchas para navegar, casas para vivir en Santiago y Valparaíso, un staff que se ocupa de que a donde llegue tenga los apoyos necesarios, sin embargo no tengo tiempo para darme ni siquiera cuenta de eso que tengo. Hay piscina en las casas de los Comandantes en Jefe – en Santiago y Valparaíso- ; no he nadado nunca, en ninguna de las dos. Lo que más voy a sentir, y no tenga ninguna duda, es no poder seguir trabajando como lo estoy haciendo, con mi gente, verlos todos los días…

Con padre y hermano general de Ejército, a él lo cautivó el mar. Su único hijo varón, José Antonio, es subteniente de Marina; el marido de su hija mayor, Lorena, es capitán de fragata; la menor, María Verónica, es arquitecta casada con arquitecto, y ese único yerno civil que tenía se recibirá en septiembre de… guardiamarina de reserva. Todo un ejemplo de lo que llaman la “familia militar”.

Con más de 14 años de navegación, este especialista en guerra submarina sólo tiene claro que a partir de noviembre vivirá en su parcela en Limache, conservando su departamento en Viña. Pero nadie que lo conozca bien podrá figurárselo llevando para siempre una vida bucólica.

– Si no se modifica la Constitución, ¿sería senador designado?

– Pero eso sería en cuatro años más, después del almirante Martínez. Cuando uno llega a estas alturas y ha demostrado vocación de servicio, si se siente con fuerza y creen que uno tiene capacidades, no me podría negar.

La sucesión

Convencido de que cuatro años es período suficiente para ejecer la comandancia en jefe, detalla:

– En el primer año uno aprende, en el segundo y tercero está en la plenitud de sus capacidades, llevando adelante proyectos en la forma más intensa; en el último, tengo que considerar que mis decisiones deben conllevar el respaldo de quienes pueden relevarme.

– ¿Ya está acordado con el Gobierno el nombre de su sucesor?

– Nooo.

– ¿Quién le gustaría que lo sucediera?

– Ahhh! Uno de los vicealmirantes que están en la quina. Excelentes profesionales, cada uno de ellos con una larga preparación.

– ¿Cuál está hoy en las condiciones en que estaba usted el 97?

– Dos. El almirante Andrés Swett, que es el director general del personal y mi segundo hombre en la línea de mando, y el vicealmirante Jorge Swett que es jefe del Estado Mayor y tercero en la línea de mando.

– ¿Habrá tiraje a la chimenea esta vez como cuando usted asumió? Entonces fueron a retiro tres almirantes …

– No quise entrar en un proceso de cambios continuos. Eso me hizo prescindir del muy buen servicio que me podían prestar tres queridos amigos: al año siguiente tenían que irse por imperio de la ley. Este año podría haberlo: si se llegara a elegir al quinto – el vicealmirante Waghorn- , se le daría un tiraje enorme porque él está recién ascendido a vicealmirante.

Y detalla:

– Tenemos dos almirantes antiguos: los primos Swett, luego vienen Arancibia y Vergara que son de dos años después. Luego vienen Waghorn y Marchant, que no está en la quina, y que son tres años después de los Swett. Entonces, si se nombrase de comandante en jefe a la segunda o tercera antigüedad podría contar con ellos por lo menos por dos años. Pero esa es una decisión del comandante que asuma.

– ¿No cree que a Arancibia Clavel lo perjudican los apellidos…?

– No debiera ser. A mí el apellido Arancibia no me ha perjudicado…

– Pero usted no es Arancibia Clavel…

– Los apellidos nos tienen que llenar de orgullo. Y estoy convencido de que el almirante Arancibia siente eso en lo profundo de su corazón y yo respeto ese sentimiento. Que circunstancias especiales – que tienen una connotación muy intensa de carácter político- hagan que un hermano suyo esté viviendo una situación delicada, es algo que debiéramos manejar con mucho cuidado.

– ¿Una situación de “carácter político” o delictual, almirante?

– Según mi punto de vista, eminentemente política.

El liderazgo de Arancibia

– Almirante, ¿por qué en este período usted ha sido el más explícito en temas contingentes de carácter político y judicial?

– Esa es una pregunta compleja… Es una evaluación que usted está haciendo de mí.

– Es cosa de escuchar y leer. ¿Ha sido una forma de asumir cierto liderazgo…?

– Yo no llevo ese ranking ni pretendo ocupar ningún espacio en ninguna estadística. He tratado de ser consecuente con mis convicciones, mi pensamiento, mis lealtades, con lo que yo creo que es lo mejor para mi país y con las responsabilidades que mi cargo conlleva. Ser Comandante en Jefe de la Armada, aparte de las responsabilidades administrativas y de conducción de la gente que eso significa, lo transforma a uno en una persona que tiene que operar al interior del sistema político nacional. Forma parte del Consejo de Seguridad, en el Consejo de Defensa Nacional, en el Consejo Superior de Seguridad, en el Consejo Superior de Relaciones Internacionales. Es un hombre público, con un accionar muy intenso. Y además de todas las obligaciones y reponsabilidades que tengo, me toca pronunciarme sobre distintos temas. La pesca, temas jurídicos, me acusan de cosas variadas. Recientemente alguien estaba retomando un tema por el que nosotros estamos llevando un proceso judicial perfectamente…

– ¿Se refiere al diputado Avila y sus denuncias sobre el supuesto cobro indebido de beneficios por parte de funcionarios de la Armada al acogerse a retiro?

– Sí. El diputado Avila sacó ahora, igual que el año pasado, un tema que él sabe que se está investigando. Y soy sensible ante el hecho de que el mensaje que empieza a transmitir sugiere que nuestras investigaciones apuntan a señalar que hay gente de mar involucrada y no oficiales. Y a mí, como Comandante en Jefe, se me hace inaceptable que se suponga que hacemos una diferenciación de ese tipo.

Y al Almirante no sólo se le cambia ese tono de voz amable que tiene. Hasta el rostro se le endurece.

– Si hay alguien que es responsable de algo en mi Marina – enfatiza- , independiente del grado, rango o puesto que tenga, asumirá sus responsabilidades y será sancionado. Mientras no sea demostrada su culpabilidad, son inocentes. Esa ha sido mi postura invariable. Así que alguien, sea quien fuese, se permita hacer una alusión a que las investigaciones nuestras apuntan a encontrar culpables en un sector subalterno de mi institución y no en oficiales… ¡esa es una maldad incalificable! Y además, peligrosa para la seguridad nacional.

“Mi general” Pinochet

– ¿Qué van a hacer ustedes si fichan a Pinochet?

– Yo espero que no lo fichen. Hay una serie de recursos que se están interponiendo. He estado con mi general Pinochet y me ha impresionado mucho su condición. Es una persona que ha sido muy trabajada, que tiene sus años y que ha sido muy golpeada incluso emocionalmente. Yo veo en mi general Pinochet – no sólo en lo físico, en lo que tiene una serie de limitaciones- una suerte de desgaste en su siquis, en sus capacidades.

– ¿Un deterioro de su salud mental como para no ser juzgado?

– Es una dificultad adicional para poder defenderse. Yo creo que sería absolutamente ¡inconveniente!, se apartaría de la lógica del debido proceso. Viéndolo usted se da cuenta que no está en condiciones de emplearse ciento por ciento en defenderse. ¿Para qué lo van a fichar?

– Forma parte del trámite procesal…

– Pero, ¿para qué? ¿Hay alguien que no conozca al general Pinochet? Si lo que pretenden es un acto en que va a salir publicado en todos los diarios del mundo, para hacerle un agravio más a un ex Presidente, a uno de los grandes ex Presidentes de la República y lo digo con énfasis, si va a ser para hacerle una agravio a una persona como él, a mí me dolería el alma que en este país nuestro fuésemos capaces de tamaña barbaridad.

– ¿Qué haría si lo fichan como a un delincuente?

– ¡Me indignaría!

– ¿Se indignaría aquí, en su casa?

– Tengo distintas maneras de indignarme… Pero me indignaría, ¡me dolería el alma! Sería un acto del cual no nos podemos sentir honrados.

– ¿No decían ustedes que respetaban los fallos judiciales?

– Estamos dispuestos a ¡todo! aquello que sea lógico, humano y natural. Pero usted me está llevando al extremo de si es fichado como un delincuente. Yo la quiero llevar a mi lógica humana que es someter a proceso a un hombre que no se puede defender, digan lo que digan los médicos. Eso es un hecho de la causa.

– ¿El juez Guzmán debiera cerrar el proceso?

– Yo pienso, y me van a decir que no soy experto siquiatra ni jurídico, pero soy un ser humano que está viendo su deterioro y su incapacidad de defenderse. Y una persona que no está en condiciones de defenderse – como estaría yo en este momento- , creo que sería un crimen llevarlo a completar un proceso que sería una charada.

– ¿Los abogados no están para defenderlo?

– Para eso están. Pero como yo lo veo, no está en condiciones de enfrentar un juicio. Y a cualquier chileno que se lo muestre, independiente de los odios profundos que algunos grupos pueden tener… Si yo estuve tres años detrás de él. Un hombre de una potencia, una capacidad y una voluntad ¡salvaje! Ahora estoy al lado de él igual y voy a morir al lado de él. Pero está desgastado y no está en condiciones de enfrentar un juicio justo.

– ¿Pediría clemencia?

– ¡No! Que se le aplique la norma lógica del debido proceso. Y que se sobresea. Y el país va a descansar. Puede que haya detractores de él, pero hasta en las últimas encuestas al menos la mitad del país reconoce lo que hizo el general Pinochet por Chile.

– ¿Usted piensa, almirante, que Pinochet no tuvo ninguna responsabilidad en los crímenes que se cometieron en su gobierno?

– Independiente de lo que él haya dicho o no, yo creo – y lo digo con absoluta certeza- que mi general Pinochet, Presidente de la República durante un período importante de nuestra historia es responsable político de lo que pasó en el país durante ese tiempo. Y él, en sus mensajes, lo ha transmitido – de una manera quizás no tan enfática- , pero está claramente establecido que siente lo que pasó y hace expresión de ese pensamiento. Mi general Pinochet es responsable político de lo que pasó, por omisión o acción. Yo no soy juez para determinarlo.

– ¿Quiere decir que tiene responsabilidad política, no judicial?

– Exactamente.

– ¿Y responsabilidad moral?

– Yo sería mucho más cauto en emplear esa expresión. Implica tener conciencia de algo y yo no estoy seguro de que él la haya tenido.

– ¿El no sabía lo que pasaba..?

– No digo que no sabía nada. Puede haber sabido muchas o pocas cosas, pero sabiendo o no, lo que haya hecho él lo hizo bajo la responsabilidad de una conducción de Estado. Y esa es la responsabilidad política que tiene que asumir. Haber tomado incluso malas resoluciones. Bajo el criterio del interés superior del Estado se puede ver forzado a actuar de una u otra manera. Por eso es responsabilidad política.

Mesa de diálogo

– Ud. que fue quien tuvo la idea que cuajó en la “Mesa de Diálogo”, a la luz de lo ocurrido ¿piensa que fue un fracaso?

– No, no. Soy el más ferviente adherente a la mesa de diálogo y sus resultados. Nació y tomó cuerpo como una necesidad de romper un diálogo de sordos. Había que dar una serie de respuestas y, desde el punto de vista militar, la más seria y profunda era asumir nuestra historia. Hasta el 70 hablábamos de toda nuestra historia y, del 73 hasta el 90, no, eso no se habla, porque la mitad del país está de un lado y la otra mitad del otro. Y el 90 el país partía fantástico, con una dinámica espectacular y con un desarrollo económico salvaje. Y la mesa de diálogo es el comienzo de abordar un tema que por doloroso que sea para unos y para otros, nos pone frente a nuestra historia y la asumimos, lo bueno y lo malo. Su primer objetivo fundamental era cómo resolver un problema social pendiente: que se produjo un enfrentamiento en que murieron tres mil y tantas personas y hay mil y tantos desaparecidos.. Por los muertos, lamentablemente, no podemos hacer nada. Pero hagamos lo posible por tratar de aproximarnos a la verdad de los mil y tantos desaparecidos.

– Pero el resultado cuantitativo fue pobre.

– ¡Lo que quiera!, pero fue lo que logramos recuperar como información después de 27 años de transcurridos los hechos. Me moriré diciendo que no tuve más información y habrá gente que no me creerá nunca, pero estoy tranquilo con mi conciencia y diré una y mil veces que busqué información y la que obtuve la entregué ¡entera! Una vez que se hace eso y se empiezan a resolver algunos casos…

– ¿Cuántos?

– Los pocos de la Cuesta Barriga; el que se encontró en el Fuerte Arteaga… Entonces se descalifica el informe porque dijo que había caído al mar y apareció en tierra. ¿Por qué no califican el acto del Ejército de buscar la información, haberla encontrado y haber puesto todos los medios a su disposición?

– Pero es que se dieron datos falsos, almirante.

– Esa era la información que recibimos; quiere decir que se nos transmitió una mentira. Pero no es una mentira de la Marina, del Ejército, ni de la Fuerza Aérea. El Ejército prestó helicópteros; apoyó a la jueza, con oficiales, con un enorme despliegue. Una persona que está mintiendo, que dice que fulano de tal cayó al mar,¿usted cree que ayuda como lo hicieron para que se llegara a encontrar ese cuerpo en tierra? ¡Es ilógico!

– ¿Hubo gente que “se cayó” al mar…?

– ¡Ah, no! Hubo gente que fue lanzada al mar.

– ¿Desde buques o aviones?

– No tengo ninguna información de que haya sido desde buques.

– ¿Los lanzaron vivos o muertos?

– No sé. Lo que yo supe es hora, fecha, lugar y destino.

– Cuando canta la Canción Nacional, ¿puede decir con paz en el corazón “Ese mar que tranquilo te baña”?

– ¡Uyy! Desde que me hice marino me di cuenta de que esa es una expresión romántica de un poeta que había visto el mar desde la cordillera. Este mar nuestro de tranquilo, ¡nada!

– A sabiendas de que compatriotas fueron lanzados al mar…

– Ahí hay cuerpos de compatriotas que han sido testigos de nuestra historia, mártires de nuestra historia y tenemos que respetarlos por eso.

– ¿Mártires dijo?

– Claro. Arturo Prat, por ejemplo.

– Estábamos hablando de desaparecidos lanzados al mar…

– Es que yo tengo a Prat en el alma…Todos los que están en ese ámbito, que yo quiero tanto, merecen nuestro más profundo respeto porque entregaron la vida por una causa que creyeron justa.

– ¿Se refiere a ellos como héroes y no como terroristas?

– ¡No, pues! Después de un enfrentamiento como el que tuvimos, con la intensidad que tuvo, hay algo que va más allá de una simple expresión de terrorismo. Hay una convicción profunda de las dos partes de que aquello por lo cual estaban luchando es lo justo y lo otro es el mal. Eso es lo que lleva a estos extremos. Estos muertos son héroes de esa causa.

– Ud. dijo que no habría información cuando la Corte determinó que para amnistiar se debía identificar a los autores.

– Sí. Lo que se llamaba “la doctrina Guzmán” decía que si aparecía el cuerpo se terminaba el secuestro y el proceso se podía sobreseer. Y esa doctrina, que era un tremendo incentivo para que la gente que supiera dónde estaban los cuerpos proveyera la información, de la noche a la mañana la Corte Suprema la eliminó. Y se dijo esto se investiga hasta el final. A partir de ese momento se nos cortó la información.

La no amnistía

– Refiriéndose a la amnistía, ha dicho que “la institucionalidad ha sido soslayada por una presión tremenda” y que se dieron “maña” para reinterpretar la ley. ¿Quiénes se dieron maña?

– La ley siempre permite la interpretación. La potestad interpretativa está en manos del juez. Pero percibimos que tiene intensidades, estilos o efectos distintos. De hecho, la amnistía se ha aplicado en distintas formas.

– Y Uds. quieren que se aplique en “su sentido original”.

– En su sentido tradicional. En justicia criminal la investigación tiene por objeto determinar el delito y sancionar. Si a priori sabe que no podrá sancionar porque existe amnistía, no debe hacer el esfuerzo que sólo malgasta tiempo. Una cantidad de gente piensa así; yo entre ellos.

– En suma, que se aplique la amnistía sin investigar.

– Sin duda. Tal como se hizo durante años.

– ¿Qué solución ve en definitiva? ¿Verdad, justicia o perdón?

– No creo que la verdad lleve a la reconciliación. Hay verdades que rompen las relaciones. Justicia, sí, en la medida de lo posible. Si se puede reparar mediante una justicia sana, ayuda al cuerpo social. Pero lo que cura las heridas es el perdón. Y eso lo regala uno.

– ¿Y el perdón institucional?

– Creo que no existe.

– El General Balza pidió perdón en Argentina…

– Y mire donde está mi amigo Balza… (sonríe).

– ¿Una Ley de Punto Final?

– No creo que sea la solución.

– ¿Y amnistiar a todos los uniformados hallados culpables?

– Que a aquellos que sean encontrados culpables se les dé el mismo trato que a los que se consideró culpables en el pasado. Extrañamiento, expulsión, una sanción de ese tipo. Porque han pagado una larga cuenta. Aquí se ve que los militares van a la cárcel y los otros son desterrados. Llegó el momento de la grandeza. A los terroristas en Perú se les reabre el proceso y está toda la Cancillería encima para traérselos; los ladrones en Brasil concitan una acción política gigantesca y a Arancibia Clavel en Argentina lo tienen botado y solo. Cuando hablo de justicia justa, es un sentimiento que duele el alma.

– En la Armada, respecto a los juicios contra militares ¿nunca le han dicho “hasta cuándo almirante”?

– No. Nunca. He recibido la expresión de sus inquietudes pero el hasta cuándo, nunca. Yo soy la expresión de la inquietud de mi institución y si no la expresara me merecería un ¡hasta cuándo!

DEFINICIONES

Juez Guzmán, ¿el Garzón chileno?:

– No. Le tengo mucho respeto al juez Guzmán. Garzón no me merece el más mínimo comentario. Tengo muy mala idea de él.

¿Que se dedique a eliminar a la ETA, como dijo el general Ríos?:

– No ha afrontado esa responsabilidad gigantesca que tiene en su casa y no ha resuelto los problemas que seguramente deben haber quedado después del período de Franco y que esté dedicado a ser el defensor del mundo es algo que no logro entender. Lo encuentro un personaje pintoresco que ha superado sus traumas internos para lanzarse en una cruzada internacional que le está dando muy buenos resultados.

General Brady:

– Lo conozco desde hace mucho tiempo y no me lo imagino responsable de las cosas en que lo involucran. No tienen ningún fundamento. El general Brady me merece todo el respeto del mundo y se lo mantendré mientras no me demuestren que es culpable. Pero no el juez Garzón.

¿A Contreras le tiene el mismo respeto?:

– … El hombre está convencido que hizo lo que tenía que hacer y producto de eso ha tenido que enfrentar su destino como lo está haciendo.

Justicia con clemencia:

– La clemencia no me gusta. Me gusta la justicia. Pero justicia justa, no cambiante.

“CAMBIOS CONSTITUCIONALES, SÍ, PERO MANTENIENDO LOS EQUILIBRIOS DE PODERES”

-¿QUE opina de la idea de restituir al Presidente la facultad de llamar a retiro a los Comandantes en Jefe?

– Sobre cualquier cosa que se emprenda o se logre, y que sea llevada por las vías que la misma institucionalidad ofrece, no tengo ninguna expresión. Pero con la misma intensidad creo que aquellos que estén llamados a analizar esta situación – que no son las FF.AA.- debieran ser particularmente sensibles al tema de los equilibrios que se producen en una sociedad. Si ese sistema de equilibrios está dado por un sistema determinado – Constitución del año 80 modificada el 89 o el que sea- , si ha demostrado a lo largo del tiempo que esos equilibrios son beneficiosos, está bien. Y si quieren modificarlos, yo les rogaría que sean particularmente cuidadosos en que se mantengan los equilibrios y no se tenga un súper poder y dos más débiles incapaces de contrarrestarlo.

– Usted dijo que se producían rotativas de Comandantes.

– Claro. Cuando esto existió en forma indiscriminada, hubo períodos en que un Presidente cambió hasta seis veces comandantes en Jefe. Si vamos a volver a eso, me parece absolutamente inconveniente para el país.

– En suma, ¿está contra de esa modificación constitucional?

– Que se hagan los cambios, pero manteniendo el equilibrio entre los Poderes. Podría haber un sistema en que, frente a una remoción y a requerimiento del Presidente, se pronunciara el Senado de la República.

– ¿Eso no es politizar a las FF.AA.?

– Si la designación pasara por el Congreso sería politizarla: le quitaríamos ese sentido técnico que nosotros tenemos. En la remoción, es tan potente el accionar de las FF.AA., tan definitorio, es tanto el poder que tiene – el monopolio de las armas- que es fundamental establecer un sistema en que este poder militar esté al servicio del país en una posición central, subordinado a la institucionaliad vigente, entre otras cosas a la figura del Presidente de la República. Subordinado, eso es fundamental.

– Pero – continúa- no una subordinación tal que en un momento determinado ese jefe, que representa a un sector de la sociedad, pueda emplear a estas FF.AA. contra el otro sector por cualquiera sea la coyuntura que se está viviendo. Entonces, la posición de un Comandante en Jefe es algo que la sociedad debiera preocuparse de que se mantuviera. Que pueda ser removido, pero con una consideración muy especial y con un gran respaldo de la sociedad misma, como sería una participación importante en ella del Senado. Eso es vital.

– En suma, ¿acepta o no que el Presidente los pueda remover?

– No le niego la capacidad para removerlos, pero que no sea un acto de voluntad sin una consideración social nacional, como sería el Senado.

– ¿Por qué no el Consejo de Seguridad Nacional?

– Que en el Consejo haya cuatro miembros de las FF.AA., lo hace un juicio inter pares… Pero no estoy proponiendo un sistema, sino diciendo que es fundamental que exista un mecanismo que garantice que las FF.AA. quedan al centro del espectro social y que no por la subordinación a un actor político transitorio pueda ser empleada contra el otro sector. Eso se garantiza si su remoción tiene una consideración política más amplia. Lo importante es que esa remoción no sea percibida como un peligro para la sociedad.

– ¿Aceptan dejar de ser los “garantes de la institucionalidad”?

– Hay muchas estructuras que son garantes de la institucionalidad, como el Tribunal Constitucional, por ejemplo. Que no esté explícitamente establecido como tal en la Constitución, ¿lo hace menos garante? Que las FF.AA. no lo estuvieran, ¿las haría menos garantes?

– El ministro de Defensa dijo que “hay una mención innecesaria en la Constitución sobre esa materia”.

– Es algo que a mí me tiene sin cuidado, pero creo que no varía la esencia del asunto que diga o no que es garante. Al ser garante tengo dos responsabilidades: someterme a la letra teniendo el patrimonio de la fuerza y garantizar que esa letra se cumpla.

– ¿Y está por modificar el Consejo de Seguridad?

– Lo he visto funcionar en las situaciones más variadas. Está bien así.

– ¿Que baste que dos miembros se pongan de acuerdo para citarlo, aún sin la voluntad del Jefe de Estado, le parece correcto?

– Ese es un elemento fundamental: esa capacidad permite tratar un tema que alguien pudiera querer soslayar. Es la esencia del Consejo.

– ¿No debiera ser sólo asesor?

– Creo que no. Es una institución que tiene la potestad de aconsejar.

– En cuanto a la integración, ¿le parece adecuado que haya un empate entre civiles y militares?

– No existe empate entre civiles y militares. En ocasiones las propuestas se han concretado en una ecuación que no es militares versus civiles, sino consejeros que están en una posición y otros en otra.

– ¿Que sigan votando?

– No necesariamente. Pero se debiera buscar alguna fórmula para que esa potestad de designar miembros del Tribunal Constitucional fuera asumida por un organismo que dé garantías a la sociedad. ¿A quién se la dan? Dejo planteada la pregunta. Y reitero: no es esencial que nosotros votemos, pero que se mantengan los equilibrios.

GASTOS EN DEFENSA

-ENTRE una bala y un pan, ¿qué prefiere?

– Ah, yo, el pan. No hay ninguna duda.

– Habiendo más de medio millón de chilenos cesante, ¿es ético gastar plata en “jugar a la guerra”?

– En los últimos 10 años el presupusto de las FF.AA. se ha reducido del 4 a 1,9%. Y hemos empleado tan bien los recursos, que con menos plata hemos logrado unas fuerzas que se están modernizando. Lo que me parece ético es diseñar un sistema en el cual, a través de un gasto que estoy haciendo en este momento, logre transformarlo en una energía vital que traerá empleo para estos chilenos cesantes e inversión extranjera para que el resto de los cesantes tengan trabajo.

– ¿Gracias al Proyecto “Tridente”?

– Eso es lo fantástico de “Tridente”. En un momento en que no fluyen capitales extranjeros hacia el país y nadie invierte nada, yo – con las mismas platas que tengo y gracias a la modernización que significaría para mí “Tridente”- voy a tener los recursos para dar trabajo y traer capital extranjero. Si eso es jugar a la guerra o prepararme para, lo encuentro con un impacto social que no sólo es ético sino indispensable.

– El presidente del Colegio Médico pidió que se reduzcan los gastos en defensa en un 20%.

– El doctor Accorsi suele hablar de temas que no domina. Yo, cuando veo los números en salud – de cómo han ido aumentando los recursos y eso no se traduce en mayor eficiencia- , pienso que eso es algo en que la sociedad debería pedir explicaciones. Yo le puedo garantizar que puedo rendir cuenta de las inversiones y gastos que ha hecho la Marina que, ojalá, sirviera de modelo.