De Julio González

La detención De Julio González en 1974* 

El electricista Julio González había sido uno de los seleccionados, en 1972 para llevar al destructor Riveros a Inglaterra. En septiembre de 1973 mientras instalan los nuevos armamentos, como los misiles Exocet, les comunican la versión oficial sobre la detención de los marinos. Y a los pocos días reciben la noticia del “pronunciamiento”.

González no había estado vinculado con ningún movimiento; de las lanchas torpederas en el extremo sur había partido directamente a Inglaterra. Pero ahora lo invade la inquietud. Por una parte las estaciones de televisión inglesas muestran cadáveres flotando en el río Mapocho y prisioneros políticos en el Estadio Nacional, y por otra parte no consigue tener noticias de su familia, todos de izquierda. No puede dejar de preocuparse cuando ver lo que ocurre en la televisión inglesa. La dama inglesa que le alquila una pieza le pide que no le vuelva a dirigir la palabra porque no quiere tener ninguna relación con quienes cometen tales barbaridades. Julio González se explica como puede: “Me costó mucho explicarle a doña Silvia que yo no tenía nada que ver”. Angustiado y deprimido, va al médico en Inglaterra y acaricia la idea de desertar, pero finalmente decide volver para no exponer a su familia.

El Riveros retorna a Chile en 1974. En España y en Panamá, así como en todos los puertos que tocan, se les impone la salida de civil. Cuando el buque se encuentra a una 30 millas de la base de Guantánamo en Cuba, tocan zafarrancho de combate porque –dicen- los aviones cubanos los van a atacar.

La primera vez que Julio González se pasea con uniforme en Valparaíso, en agosto de 1974, le sorprende ver que la gente “no me decía nada […] parece que la gente como que me hacía el quite” y en la Marina “nadie conversaba el tema”. Durante tres meses vive un sordo conflicto interior; piensa “producir un hecho” pero finalmente, en una conversación informal con un oficial le dice que le resulta “muy difícil permanecer en la Marina porque tenía vergüenza de vestir el uniforme”.

Esto le cuesta 40 días de detención y la expulsión de la Armada. Lo llevan entonces a una vieja barcaza anclada en el puerto de Valparaíso, (probablemente la Boca maule, donde estuvo el suboficial Triviño) donde lo encierran en un cajón estrecho en el que cabe de pie pero no puede arrodillarse. Está sólo. Ve abrirse la puerta y le dan comida.

Una vez fuera del calabozo y la Marina “estás en cero”, recuerda. Decide entonces irse a Santiago. Entre el exilio y quedarse para “terminar con lo que estaba pasando” se decide por lo segundo. Milita en las filas de Frente Patriótico Manuel Rodríguez. [ E ] González, 2001.

* ( Extracto del Libro, Los que dijeron “ NO “, Editorial LOM, del Historiador Jorge Magasich  Tomo II, 288 )