En la Escuela de Armamentos

El grupo de la Escuela de Armamentos: Nelson Bravo y Ricardo Tobar*

Cabo Ricardo Tobar Toledo

En agosto de 1973, en su unidad del departamento de seguridad y señales de la Escuela de Armamentos, se entera impotente de la detención de sus compañeros. A su estado de tensión agudo se añade la suspensión de la autorización para asistir a cursos vespertinos. Siguiendo el consejo de un amigo, va al Hospital Naval y consigue un permiso médico hasta el 15 de Septiembre. Olvidando la prudencia, Tobar visita a los marinos detenidos en la cárcel, pero ellos mismos le piden que no vuelva: “les hice caso y no fui”. No obstante, se mantiene en contacto con militantes, al parecer del MAPU, que le ofrecen ayuda.

El 10 de septiembre, Ricardo Tobar se presenta a la Escuela con su colega Nelson Bravo, miembro del grupo. El primero, en permiso médico, va a cobrar su mes de agosto, y el segundo va a pedir su finiquito, ya que había presentado su renuncia a la Armada. Al día siguiente se dá el golpe de Estado y se anulan todos losm permisos. Hasta entonces las actividades antigolpistas de Bravo y Tobar han pasado inadvertidas, pero como no se presentan, su ausencia es considerada deserción.

El 13 de septiembre, hacia las 19:30 horas, un grupo de aviadores carapintados allana la casa de Nelson Bravo en Quintero, con extrema violencia, donde se encuentra también Ricardo Tobar. Un soldado lanza un golpe contra uno de los hijos de Bravo, un bebé en llanto. Tobar consigue interponerse y recibe el golpe en la cara. Con dificultad, explica que no está en su unidad porque está con permiso médico. Atados y vendados, los suben a un camión que se pone en marcha, deteniéndose en ocasiones para recoger prisioneros. Al final son tantos, que los que están abajo apenas respiran, soportando el peso de los otros.

A las dos de la mañana los dejan en la escuela de Operaciones, donde los desatan y les permiten ver.. Al poco tiempo son nuevamente vendados y amarrados para recibir “el nuevo martirio de golpes, no los puedo describir; culatazos, cachetadas en las orejas, qué sé yo”.  Se los mantiene en cuclillas toda la noche, los llevan a un simulacro de fusilamiento, les entierran yataganes. Las heridas son cosidas horas después, sin anestesia. Pero lo peor – recuerda Tobar – es escuchar los gritos de mujeres que vienen de salas vecinas. Luego, el 17 de septiembre, Tobar es trasladado al cuartel Silva Palma, donde cesa la tortura física, pero continúan los chantajes sobre la familia.

Ricardo Tobar, acusado de deserción calificada, es juzgado por un consejo de guerra, donde lo descalifican, utilzan “documentos falsos”, dice. Los abogados tienen muy poco que hacer, pues las cosas estaban definidas por el fiscal naval. El día en que el consejo dicta su veredicto, Tobar escucha (no puede mirar para atrás) a una periodista preguntar  “¿Pero de qué guerra?”  “¡Cómo que qué guerra!” exclama el fiscal naval y la hace expulsar de la sala. La condena es de tres años y un día. En la cárcel de Valparaíso obtiene la salida dominical, pero luego lo trasladan a los campos de Melinka y Colliguay, donde los prisioneros son expuestos a allanamientos y golpizas. Cuando cumple la condena Tobar se niega a salir de Chile.   ([E] Tobar, 2001).

En realidad, Ricardo Tobar, José Ojeda y Nelson Bravo formaban parte de un grupo que mantiene relaciones con el MIR y otros partidos. Los interrogadores algo husmearon, pero no supieron de estos contactos.

*Extracto del Libro, Los que dijeron “ NO “, Editorial LOM, del Historiador Jorge Magasich  Tomo II, 284 – 285