LA ENTREVISTA PRIVADA. Nelson Caucoto, confesiones de medio siglo en labor en DDHH

 

LA ENTREVISTA PRIVADA. Nelson Caucoto, confesiones de medio siglo en labor en DDHH

Su llegada en 1976 a la Vicaría de la Solidaridad, siendo un egresado de Derecho de la Universidad de Concepción. Entró “para servir en un momento que era peligroso, para apoyar a tanta gente que estaba afligida” y afirma que “nadie puede no conmoverse con el nivel de atrocidades que se cometían”. Confiesa que de todos estos años guarda secretos que resguardará. Sostiene que hoy “una noticia de derechos humanos no es noticia” en la prensa tradicional y que “el negacionismo es alimentado por los medios de comunicación”. Y sentencia: “Creo que se sabía más en dictadura en materia de derechos humanos, de lo que está pasando hoy”. El jurista opina que “Punta Peuco es el punto culminante de la gran desigualdad que existe en Chile en materia penitenciaria” y se muestra optimista frente al Plan Naciones de Búsqueda de detenidos desaparecidos: “Pienso que si se hacen bien las cosas, se pueden llegar a buenos resultados”.

 

Hugo Guzmán Rambaldi. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 1/12/2023. Conmueve escucharlo cuando habla de 47 años dedicado a casos de personas torturadas, arrojadas al mar, violadas, víctimas de terribles atrocidades, desaparecidas, fusiladas, detenidas ilegalmente.

Nelson Caucoto Pereira, abogado, 72 años, ha estado al frente de decenas de procesos por violaciones a los derechos y crímenes de lesa humanidad y califica de “conmovedores”, “espantosos”, “dramáticos”, “una cuestión inhumana”, los casos que le tocó conocer y litigar, producto de la acción represiva de agentes del Estado durante la dictadura.

“Hay pocos, pero existen secretos”, para resguardar a los familiares de las víctimas de tantos horrores, dice en entrevista con ElSiglo.cl.

No se había titulado de abogado y se acercó, primero, al Comité por la Paz en Concepción, con la idea de ayudar, pero finalmente terminó trabajando en la Vicaría de la Solidaridad en Santiago y no paró por casi ya medio siglo. Eran años de la más terrible represión: “Llegué ahí y me sentí muy albergado y eso contagia la mística interior y el miedo queda en segundo lugar”, asevera.

Nara de sus inicios: “Estudié derecho en la Universidad de Concepción, llegué el año 1969, era militante de la Democracia Cristiana y de ahí salté a la Izquierda Cristiana en 1971 y no me moví más, sigo siendo de la IC. Entré a una universidad donde el progresismo era notorio, con gran contenido político, la derecha no existía, el MIR era muy potente, y también la Unidad Popular, donde estaba el Partido Comunista, el Partido Socialista, el Mapu, la IC”.

Abunda: “Vino el golpe de Estado, estaba en quinto año de la carrera de Derecho, y con un compañero de curso fuimos a ofrecernos al Comité por la Paz que se había abierto, pero nos dijeron que no había cupo, que estaba llena la planta. Nosotros les dijimos que íbamos ad honorem, pero nos agradecieron y nos dijeron que ya no se podía. Yo quedé con el bichito de cooperar, de ayudar en algo, y a través del contacto de una Asistente Social que trabajaba en el comité en Santiago, supe que se iba a formar la Vicaría de la Solidaridad, en enero del ’76, y ella me dijo que me presentara. Llegué, me presenté, y me pusieron en contacto con la abogada Fabiola Letelier. Diría que ella fue la que me abrió las puertas, fue la gran responsable de que yo haya ingresado a la Vicaría, me ayudó mucho, me cobijó, yo era un tipo de provincia, no conocía a nadie, y mi único interés era ayudar”.

¿Usted es originario de Iquique?

Soy natural de la pampa, al interior de Iquique, soy de la salitrera Alianza.

¿Y cuándo llegó a la Vicaría, ya estaba titulado de abogado?

No, yo había egresado, estaba haciendo la práctica en Santiago, pero no era abogado. Me recibí de abogado estando dentro de la Vicaría, en junio de 1976.

¿Qué lleva a un joven abogado, recién titulado, con opciones de que le vaya bien como abogado, a ese compromiso con víctimas de violaciones a los derechos humanos? Estamos hablando más que de tiempos difíciles, de tiempos peligrosos, terribles.

En la Universidad de Concepción era casi un eslogan el decir que uno tenía que devolver a la sociedad lo que la sociedad había hecho por uno. Le debo mucho a mis padres por el esfuerzo que hicieron, pero sabía que la sociedad en su conjunto aportaba para que los jóvenes universitarios se desarrollaran y la manera de devolver la mano a la sociedad era poniéndose al servicio de la gente. Ese mensaje era muy fuerte, siempre me marcó y siento que es parte de lo que se denomina como el bien común. A través de esa ayuda puedes trascender en una profesión, con tus obras, pero tienes que devolver lo que la sociedad hizo por ti, esa es la motivación para mi trabajo en derechos humanos y para servir en un momento que, como decías, era peligroso, pero uno era útil para apoyar a tanta gente que estaba afligida, que estaba siendo vulnerada en sus derechos, que era perseguida, que estaban ultimando y haciendo desaparecer. Frente a eso no podía quedar indiferente.

¿A usted le sorprendió el nivel de atrocidades que se cometían?

Por supuesto. Nadie puede no conmoverse con el nivel de atrocidades que se cometían, era espantoso, una cuestión inhumana. La cercanía con los familiares de las víctimas viene desde ahí, y uno se fue haciendo parte de esa gran familia. Se produjo un tema humano muy profundo.

¿En algún momento sintió miedo?

Mentiría se dijera que sentí miedo, no sentí miedo. Siempre me sentí muy estimulado porque la Vicaría era una institución de Iglesia y yo sabía que tenía un gran poder en Chile. Era otra Iglesia, comprometida, capaz de alzar la voz frente a la dictadura, y lo hizo, y me sentía protegido. Soy cristiano y siempre me he sentido protegido por una imagen de San Francisco de Asís que estaba a la entrada de la Vicaría, y donde decía “bienaventurados los que luchan por la justicia”. El interior de la Vicaría era pura fraternidad, solidaridad, fue una casa de acogida inmensa, para los funcionarios y para los familiares. Llegué ahí y me sentí muy albergado y eso contagia la mística interior y el miedo queda en segundo lugar.

Había un contraste. Porque como abogados tenían que ir a los Tribunales, ver a los jueves, a los gendarmes, meterse en el ambiente del Poder Judicial en plena dictadura.

Era complicado por la nula recepción que teníamos. Los Tribunales era un espacio cerrado, no teníamos ninguna llegada, ninguna amabilidad, y te vas acostumbrando a litigar a pérdida, todo lo que hacíamos era pérdida, no recuerdo un triunfo en esa época. Me negaban amparos, defendía a presos políticos sin logro alguno, hacíamos todo lo relacionado con violaciones a los derechos humanos y no recuerdo haber tenido algún éxito judicial. Era espantoso. Te acostumbrabas a saber que debías tener constancia, vivir bajo la lógica de que mañana será distinto, que alguna vez cambiará la situación, que no podía ser siempre así, que no podemos vivir así. Al final, claro, te percatas que las cosas no son eternas, los países cambian, los jueces cambian, las circunstancias cambian.

¿Y usted de que vivía? En esos años hubo abogados que ganaron mucho dinero. Pero usted, como otros, estaba dedicado a defender casos de derechos humanos, no a ganar dinero.

Antes de entrar a la Vicaría, llegué a la oficina de unos abogados, trabajé de secretario de esos abogados, atendía al público. Después llegué a la Vicaría y pagaban bien, y hay que entender que la Vicaría no habría existido como existió si no es por la solidaridad internacional, por eso es que este país tiene que cultivar la solidaridad internacional. Estaba el Consejo Mundial de Iglesias, la Comunidad Económica Europea, muchas instituciones. Era destacable que el abogado más importante de la Vicaría, ganaba casi lo mismo que el joven que era portero, no había gran diferencia en los sueldos.

¿En esos años hizo su vida, se casó, tuvo hijas, hijos?

Me casé, tuve cuatro hijos, seguí en la labor de derechos humanos, la vida transcurrió. De repente me sentí atrapado en el tema, pero atrapado con entusiasmo. Fuimos abriendo un camino incluso para decirles a los jóvenes que uno puedo vivir si trabaja en derechos humanos, se abren espacios, los derechos humanos están en todas partes, en todos lados, y lo miro como una tabla de salvación para la Humanidad. Si no somos capaces de convivir en un margen de convivencia consensuada entre todas las personas, la vida será imposible.

“No tiene sentido vivir en una democracia donde se violan los derechos humanos”

Es recurrente a ir al tema de derechos humanos en relación a la dictadura. ¿Hay que hacer un esfuerzo por instalar el tema ahora, que sea mejor asimilado por la sociedad chilena? Puede existir una tentación de dejarlo algo de lado ahora que estamos en una democracia formal.

Parto de la base de que la democracia, el sistema democrático, que es un sistema que hay que profundizar y ampliar en todos sus aspectos, se basa en un sustento moral que es el respeto, el reconocimiento, la promoción y la garantía de los derechos humanos. O sea, ése es el elemento moral que fortalece la democracia, es el elemento fundacional de la democracia. No tiene sentido vivir en una democracia donde se violan los derechos humanos todos los días, eso es anti ético, algo absolutamente contradictorio. El fundamento moral de la democracia son los derechos humanos.

Tienes razón en que hay que comenzar a profundizar en el tema y su actualidad. Hace unos días unos militares presos en Punta Peuco sacaron una declaración hablando de la responsabilidad de los altos mandos, que los responsables no son los subordinados, y dijeron algo muy destacable, y es que sus actuaciones fueron porque las instituciones los formaron así, en el amor a la Patria, descuidando el amor, el afecto, la cercanía que hay que tener por las personas. Se les educó diciendo que esa persona que estaba al frente era un enemigo y por tanto había que aniquilarlo. Tú no puedes, ahora, desarrollar el amor a la Patria sino desarrollas el amor a la gente que vive dentro de esa Patria. No se puede formar a la gente y menos de las instituciones armadas en función de ejecutar o violentar a enemigos, que es gente de la misma Patria. Los civiles no somos enemigos de los militares y los militares no tienen que ser enemigos nuestros. Ahí hay una clave, y es la falta de educación, en todas las instituciones, sobre derechos humanos. Claro que yo predico que los derechos humanos no sólo se deben enseñar o abordar sólo dentro de las Fuerzas Armadas o policiales, también en las universidades, en la educación básica y media, hasta en la educación pre-escolar. Así vas cambiando a la sociedad y vas a tener una democracia y una sociedad más amplia y más vivible.

¿Cuál ha sido el caso más difícil, más dramático, que le tocó abordar en materia de violaciones a los derechos humanos en estos casi cincuenta años?

Todos los casos son inmensamente conmovedores. Cómo no conmoverse con el caso de las víctimas de Paine, fue espantoso lo que pasó ahí. El caso de La Moneda, esa gente que se mantuvo leal junto al Presidente Salvador Allende, la actitud digna de Allende y sus colaboradores, la gente no entiende lo que fue estar dentro de La Moneda bombardeada, incendiada, llena de humo, atacada, estar ahí y mantenerse. Después a muchos los matan impunemente, desarmados. Cómo no me voy a conmover con el menor (Carlos) Fariña, un niño de 13 años que estuvo desaparecido más de 20 años y lo encontraron muerto en Américo Vespucio con San Pablo, que fue rociado con bencina y lo quemaron, cómo no va a ser espantoso. El caso de Lonquén, fue dramático, se gastó la mayor cantidad de prensa en ese caso y cuando lo terminamos, hace tres o cuatro años, no se publicó prácticamente nada, que se entregaron los cuerpos y se condenó a los sujetos responsables, que se trago alguna conformidad a esas familias. Cómo no conmoverse con las víctimas del Comando Conjunto, de la Dina, lo que sufrieron las víctimas en Londres 38, en Villa Grimaldi, en la casa de José Domingo Cañas. Lo que pasó con los campesinos de Liquiñe, el caso del asesinato de Víctor Jara, lo que ocurrió con José Tohá, Bautista Van Schouwen.

“Una noticia de derechos humanos no es noticia en los medios tradicionales”

Usted hace referencia a la información. ¿Cómo ve en la actualidad el papel de la prensa y los derechos humanos?

Creo que hoy no han cambiado los parámetros. Una noticia de derechos humanos no es noticia en los medios tradicionales. No es noticia en El Mercurio, La Tercera, La Segunda, en la televisión, muchas radios, no es noticia lo que ocurra en derechos humanos. Mira, en esto del negacionismo, el negacionismo es alimentado por los medios de comunicación. En agosto de este año, 54 agentes del Estado fueron condenados a cárcel, en un mes. ¿Eso no es noticia? En cualquier parte del mundo eso es noticia, aquí no. Los matinales de la televisión están para meterles miedo a las personas, que la gente no salga, que están asaltando en todas partes, que los portonazos, que los migrantes, es puro miedo lo que transmite la televisión casi todo el día. Pero esos noticias de derechos humanos, donde precisamente se condena a personas que cometieron delitos violentos, no sale. Por eso le encuentro razón al Presidente (Gabriel) Boric cuando dice que en los diarios salen puras noticias malas, que no están las noticias buenas. Si te niegas a publicar informaciones de este tipo, que con importantes para la sociedad, entras en una afectación. En la desinformación de los medios hay un alimento enorme para el negacionismo.

Afortunadamente existe esta prensa alternativa, digital, electrónica, que nos permite salir con informaciones sobre derecho humanos. Vivimos un mundo distinto con lo que publica la prensa tradicional y lo que publica la prensa alternativa. Esa prensa alternativa, por cierto, debiera tener el apoyo estatal, y el contrario, el Estado fortalece económicamente a la empresa privada, empresarial, que oculta tema como el de los derechos humanos. Hay que apoyar a los medios alternativos de distintas maneras.

Usted lleva 47 años dedicados al tema de derechos humanos, defendiendo a víctimas, buscando a los responsables y que sean procesados, es crítico respecto a temas en esta materia, sigue  bregando por aclarar hechos, ¿siente que el sistema lo quiere sacar a un lado, siente que es incómodo para la institucionalidad, que lo quieren marginar, que no le dan espacios?

Hay algo de eso, sin lugar a dudas. Uno se acostumbra. En ese sentido, esto no es distinto al tiempo de la dictadura. Mira, fíjate lo que te voy a decir. En tiempo de dictadura nos prodigábamos espacios en la prensa tradicional, empresarial. Salían noticias de lo que hacíamos en La Cuarta, en La Tercera, en Las Últimas Noticias, en El Mercurio. También en algunas radios y algunos canales de televisión. Porque te familiarizabas con los periodistas en la sala de prensa de Tribunales, por la vía del conocimiento público e incluso de un favor, salía algo de información, algo de lo que les informábamos a esos periodistas, y si no era por esa vía, nadie habría sabido nada de lo que pasaba en el tema de derechos humanos. Creo que se sabía más en dictadura en materia de derechos humanos, de lo que está pasando hoy, en los medios tradicionales.

Había periodistas dedicados a eso, sensibilizados con eso.

Claro, había periodistas que sabían perfectamente de qué se trataba lo de derechos humanos, los procesos, estaban al tanto e informaban. Eran personas avezadas en el tema, conocían lo que ocurría, y tenían un compromiso con la verdad. Eso era importante. Me parece que teníamos más prensa en los diarios tradicionales en la época de la dictadura que ahora. Y quiero insistir en el papel de los medios alternativos, incluso en dictadura, que siempre informaron todo lo de derechos humanos.

Plan de Búsqueda: “Si se hacen bien las cosas, se pueden llegar a buenos resultados”

¿Usted está de acuerdo en que hay que cerrar Punta Peuco como cárcel especial para violadores de derechos humanos?

La verdad que a estas alturas ni me he puesto a pensar. Siempre he dicho que Punta Peuco es el punto culminante de la gran desigualdad que existe en Chile en materia penitenciaria, es como un monumento a la desigualdad. Desde esa perspectiva, indudablemente que no me gusta Punta Peuco. Es cosa de ir a la Penitenciaría o a Santiago 1 y ver cómo viven los internos ahí, que han cometido delitos menos graves que esos militares, delitos menos repudiables que los cometidos por los que están en Punta Peuco, y hay que ver cómo viven los de Punta Peuco, llenos de privilegios que no tiene los que están en la Penitenciaría u otras cárceles.

¿Está optimista o reticente con el Plan Nacional de Búsqueda?

Soy por naturaleza optimista. Hay que valorar ese plan porque es serio, compromete a todo el Estado en una tarea tan noble como es encontrar a los desaparecidos, y eso hay que alimentarlo con optimismo. Hay formas de llegar a determinada información, la información sobre los detenidos desaparecidos está diseminada a lo largo y ancho del país. Hay mucha gente que tiene información y no la ha entregado. El Estado tiene que ir a los agentes que están presos, que están libres, y hacer esa búsqueda.

Las Fuerzas Armadas y Carabineros dicen que no hay más información.

No, no, no. Creo en un tema humano, y un tema humano es cuando la gente entra en una edad y avizora el final de sus días, está dispuesto a revelar secretos, a contar. Mira, los secretos familiares ¿cuándo se develan?, cuando la persona está en el lecho de muerte. Me parece que eso puede pasar con esa gente, que hay información que poseen y que la pueden entregar con el transcurso del tiempo. Quizá hay quienes quisieran terminar bien, en paz con su consciencia, no seguir haciéndole daño a los familiares de los desaparecidos y entregar cierta información. Creo en ese aspecto humano. Además están las pericias, las técnicas.

¿Entonces cree que de los más de mil detenidos desaparecidos hay posibilidades de saber qué ocurrió con ellas y con ellos?

De algunos, no creo que todos. Cómo vamos a saber qué pasó con la gente que tiraron al mar. El Ejército reconoció que había lanzado 200 personas al mar, cómo las vamos a encontrar. Pero puede haber noticias respecto de algunas personas. Tengo algo de optimismo, pienso que si se hacen bien las cosas, se pueden llegar a buenos resultados. Hay que aportar a eso.

«De los familiares destaco una cualidad. La lealtad».

¿Cuál en su percepción sobre las y los familiares de las víctimas, qué le deja la convivencia de todos estos años con ellas y ellos?

Tengo un tremendo cariño hacia ellos, de esos cariños profundos que se van alimentando con el paso de los años. De los familiares destaco una cualidad que me conmueve, y he estado pensando en eso este último tiempo. La lealtad. Hay gente que acompañé desde 1976 y les sigo acompañando hasta el día de hoy. No se cansaron de mi, siguieron conmigo, y eso es muy emocionante. Esos son sentimientos puros, sinceros, son cosas que uno va labrando a lo largo de la vida. Sin el movimiento de derechos humanos, sin los familiares de las víctimas, no habría existido todo el avance que hubo. En ellos descansa toda esta lucha por justicia. Descansa también todo el sentido que le he dado a mi profesión.

En todos estos años, con todo lo que le tocó conocer y litigar, ¿guarda secretos, guarda información que es mejor no contarla?

Sí. Hay algo que se debe guardar para no herir a los familiares de las víctimas. Uno es reservado. He tratado de cuidar que no aparezca por ningún lado una pista de algo que es mejor resguardar. Hay pocos, pero existen secretos.

 

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