Del marinero Jaime Espinoza en el Centro de Telecomunicaciones

Extracto sobre el Silva Palma,  del Libro Auto Biográfico que escribiera el marinero Jaime Espinoza,    ”  El Deseo de Vivir “, año 2003

Jaime Espinoza

Estuve unos meses, en la Escuela de Ingeniería,  en la cual perdí el incentivo, al enterarme que mi futuro sería permanecer constantemente bajo cubierta; por esa razón decidí pedir el traslado al Centro de Telecomunicaciones Quinta Normal en Santiago, para posteriormente regresar a estudiar  electricidad.

En mi permanencia en esta base había una  difusión de panfletos subversivos y otros de apoyo al gobierno, los cuales circulaban entre su personal,  clandestinamente.  Llegaron  a mis oídos muchos rumores sobre un posible golpe de estado y era factible  una posible guerra civil;   yo escuchaba el descontento, el miedo y la curiosidad de saber qué iba a ocurrir, pero nadie se atrevía a decir o sugerir alguna manifestación.

Se empezó a crear en mí una gran preocupación,  la idea de que algún día llegara la orden de disparar y matar a otro chileno me atormentaba, algunas veces pensando me decía a mí mismo, yo no puedo hacerlo he sido entrenado para proteger mi gente y sin pensarlo, daría  mi vida por mi patria.

Durante este tiempo la preocupación y los rumores  de un golpe de estado, continuaban; empecé a planear una posible reunión donde todos pudiéramos hablar de nuestras inquietudes ya que nosotros éramos soldados chilenos, servidores de la patria y nuestra opinión también debía tener un valor; opté por preguntarle a toda persona que me encontraba en la base, si les gustaría asistir a una reunión  para discutir sobre la situación actual del país; la gran mayoría me contesto que sí , por lo tanto decidí y les comuniqué que la fecha sería el 2 de julio  a  las seis de la tarde,  en la cafetería de la base.

Al comenzar la reunión, me extrañó ver un suboficial, dos sargentos, cabos y marineros; todos teníamos la curiosidad de qué iba a ocurrir y cuál sería nuestra posición, además querían saber que se podía hacer; al comenzar la reunión, todo era un completo desorden éramos cerca de treinta personas hablando todos al mismo tiempo en pequeños grupos; no había quien la dirigiera; decidí tomar papel y lápiz,  me subí a una mesa y tomé la palabra diciendo:  “Su atención por favor, estamos todos reunidos por una misma razón, no sabemos si se aproxima un golpe de estado y cuál va  a ser nuestro proceder, si vamos a obedecer las órdenes o vamos a tratar de evitar una matanza entre chilenos”.

Se oyeron varias opiniones uno de ellos sugirió cercar la base y no permitir que nadie entrara o saliera; otro opinó llamar a la prensa para informarles sobre nuestra posición;  otro  sugirió que se realizara una guía de planteamiento, otro gritó traigamos al almirante Cabezas para informarle de nuestra posición. La reunión fue un completo desorden, ya que todo el mundo quería hablar al mismo tiempo y opinar, pero nadie quería escuchar; así fue como terminó, sin haber llegado a ningún acuerdo,  pero se aprobó realizar otra reunión.

A la una de la  madrugada del día siguiente, 3 de julio de 1973,  me encontraba durmiendo en mi cama cuando cuatro soldados me despertaron alumbrándome en la cara con dos potentes luces, encañonándome sentía lo helado de dos cañones de pistolas, una a cada lado de la frente de mi cabeza, me gritaron, ¡ no te muevas!, si te mueves, te volamos los sesos; después  de quitarme las cobijas  que cubrían mi cuerpo para  ver que estaba desarmado,  me ordenaron que me levantara lentamente y que colocara las manos sobre mi cabeza, de dos tirones me quitaron la camisa y el pantalón de la pijama, me dejaron ,con mis calzoncillos luego me esposaron  me pusieron una capucha en mi cabeza y  me llevaron a una sala a donde me sentaron,  Allí  me quitaron la capucha y  me dirigieron un potente foco de luz a mi cara, que me enceguecía y me impedía ver sus rostros, y lo que había a mi alrededor;  yo tiritaba del susto y del frío, era la primera vez en mi vida que me encontraba en una situación como ésta.

Inmediatamente comenzó el interrogatorio:

INTERROGADOR: ¿Cómo te llamas?.

JAIME:   Marinero segundo,   Jaime Espinoza.

INTERROGADOR:  ¿Sabes  por qué te trajeron a esta sala? .

JAIME:     No, no sé.

INTERROGADOR:   Ayer tú asististe a una reunión.

JAIME:     Si, Señor.

INTERROGADOR: Fue  una reunión subversiva.

JAIME: Sí, estuve en la reunión,   pero no era subversiva.

INTERROGADOR:  Entonces, ¿ qué objetivo tenía?.

JAIME: La verdad,  es que estamos todos medio asustados  por una posible guerra civil.

INTERROGADOR: ¿Quiénes estaban en la reunión?.

JAIME:     Personal de la base.

INTERROGADOR:   Dime los nombres de los que asistieron a la reunión

JAIME: Fue un grupo de personas, algunos de ellos nunca los había visto.

INTERROGADOR: Necesito nombres,  dame todos los nombres de las personas que asistieron.

JAIME: (Yo no quería comprometer a nadie y me quedé en silencio pensando). De pronto recibo un golpe que era un rodillazo al costado derecho que me hizo caer del asiento. En el piso me dieron un culatazo en mi espalda y dos patadas, e  inmediatamente me agarraron  y me  sentaron de nuevo en la silla.

INTERROGADOR: No tengo ningún problema en refrescarte la memoria.

Nuevamente, dame los nombres

JAIME: Con voz entrecortada respondí. Estaba el marinero Pérez, el marinero González y parte del personal.

INTERROGADOR:  ¿Quiénes son tus contactos  aquí y fuera de la base?.

JAIME:   No conozco ni he recibido órdenes de nadie.

INTERROGADOR:   Nuevamente y por última vez, quiero que me digas, ¿Quién citó y dirigió la reunión?.

JAIME: Yo cité a la reunión, pero nadie la dirigió.

INTERROGADOR: He interrogado a varios y todos me dijeron que tú eras el que dirigió la reunión.

JAIME: Ya le dije y no voy a inventar nombres. (Inmediatamente recibí en la cabeza sobre la oreja derecha el impacto de un culatazo, seguido de una serie de culatazos y patadas, por todo mi cuerpo; sentí algo caliente que me corría por el cuello; era la sangre que salía de la herida en mi cabeza).

INTERROGADOR: ¿Has tenido reuniones con políticos ?,  ¿ Conoces a  Carlos Altamirano ? (secretario general del Partido Socialista)?.

JAIME: No, no conozco a nadie ni nunca he tenido ninguna afiliación política,  ni he pertenecido a ningún partido.

INTERROGADOR: ¿Pero, por qué ellos dicen que te conocen?.

JAIME: No sé porque lo dicen,  yo no conozco a nadie. Mi única intención es evitar una matanza entre chilenos y una posible guerra civil.

INTERROGADOR: Tú, como soldado, no estás supuesto a pensar, sino a obedecer las órdenes de los superiores.

El interrogatorio duró toda la noche hasta la madrugada,  con intervalos de  5 a 10 minutos,  los que terminaban arrojándome un balde de agua fría, para continuar con el interrogatorio.

Al terminar, me pasaron el pantalón y la camisa, una vez vestido, me pusieron la capucha,  me agarraron de ambos brazos entre las axilas y me metieron a un camión, cerrado lo deduje por el sonido de las puertas sin saber yo a dónde me llevaban

Por mi mente comenzaron a pasar una serie de temores y preguntas sin respuestas.  Estaba atemorizado por mis pensamientos.  ¿Cuál sería mi destino?; ¿a dónde me llevarían?; ¿cuánto tiempo duraría mi detención?; ¿saldría vivo del sitio al que me llevaban ?;  ¿ qué delito había yo cometido para ser tratado como un criminal?.  Durante todo el tiempo que duró el viaje fue una constante tortura psicológica.

Lo llevaron detenido al Cuartel Silva Palma.