En el destructor Blanco Encalada

Comienzan las detenciones

El domigo 5 de agosto se despliega el operativo para detener a los marinos. Juan Cárdenas sabrá más tarde que, al parecer Julián Bilbao lo coordina desde la Academia de Guerra, al día siguiente éste será designado fiscal.   ([E] Cárdenas, 2002)

Domingo 5, en la noche

Juan Cárdenas es detenido cuando llega al destructor Blanco, al caer la noche. Un grupo de oficiales –recuerda- lo lleva a la sala de mando, lo amarra, le coloca una venda y lo saca, sin darle ninguna explicación (Cárdenas, 2002 ), lo mismo ocurre con otros marinos.

La versión de Hernán Julio, el comandante del destructor, es parcialmente diferente. Éste recuerda que lo impresionó la cantidad de marinos organizados en su barco. No conoce personalmente al sargento Cárdenas. Después se sabrá – afirma – que está casado con una “mirista”, secretaria del actual “Tohá”, y que “esta mirista convirtió en mirista a Cárdenas y bueno, ese fue el nexo” ( la mujer de Cárdenas, Regina Muñoz Vera, es comunista y una de las secretarias de Daniel Vergara, subsecretario del Interior.) ese día, el sargento llaga al buque hacia las 6 de la tarde. Es detenido e interrogado por el segundo comandante Renato Tepper, de quien el comandante Julio tiene bastante mal concepto:

“ A medida que fue llegando esta gente, entonces se le fue interrogando y este sargento Cárdenas, como la mujer vivía en Santiago, regresaba temprano, así es que llegó tipo seis dela tarde. Entonces, interrogó primero el segundo comandante que era Renato Tepper, una persona muy poco criteriosa, de muy poco criterio, y a mi juicio de muy poca cabeza, poca materia gris [… ] El asunto es que el hombre [Tepper] me fue a dar cuenta: niega todo. En última instancia – “¡ Tráiganmelo !” – me lo suben. Sube el gallo que era flaco, blanco como papel “.

Le pregunta “ ¿ qué sabe de ésto ? ”. Juan Cárdenas replica que no sabe de qué hablan y que nunca ha formado parte de ningún movimiento. Julio le dá cinco minutos para reflexionar. Trancurrido el plazo, Cárdenas regresa para reiterar que es inocente argumentando “yo soy de máquinas, cómo voy a dirigir yo un movimiento…” Para el comandante el argumento es razonable ¿ cómo un sargento de máquinas, que poco sabe del puente, lugar desde el cual se gobierna el buque, podría dirigirlo? Sin más trámite entrega a su prisionero a la Infantería de marina; viene un camión y se lo llevan. El comandante Julio no volverá a verlo ( Entrevista a Julio, 2004 ).

Esa noche a los pocos minutos de iniciadas las detenciones, los servicios de inteligencia descubren un documento primordial. Al allanar el cajón de Juan Cárdenas, encuentran el “Zafarrancho de combate” que precisa el lugar que tendrá cada marino una vez tomado el control del destructor. El documento habría sido redactado por Cárdenas y Roldán y trascrito por Velásquez (E. Cárdenas, 2002). Además hallan un sistema para cifrar números de teléfonos (“sume al número real la clave 289254”), así como la mitad de un billete de 10 escudos, instrumento de reconocimiento del portador de la otra mitad (Causa 3926, fojas 4; 11-13),

El sargento es sacado del buque con la vista vendada y lo conducen a un lugar que, en un primer momento, no consigue identificar. Luego se da cuenta que está en el regimiento Miller (fuerte Vergara),donde nunca le quitan la venda. Allí lo espera un equipo de torturadores.

Desde su llegada , Juan Cárdenas, siempre amarrado y vendado, comienza a ser torturado por un equipo de oficiales de la infantería de marina. Luego de flagelarlo, lo cuelgan en una cruz en forma de “X”, “ con las piernas tan abiertas que la intención que tenían era rajarme”; le golpean especialmente los genitales. La tortura se prolonga durante toda la noche, hasta la mañana del día siguiente.

En la entrevista que dará a Chile Hoy veinte días después, el sargento describe el tratamiento: le aplican también electricidad, de tal manera que los estremecimientos hacen que se zafe su brazo izquierdo; luego lo encierran en un ataúd, que consigue ver, y lo lanzan rodando por una pendiente; siguen las immersiones en un recipiente con aguas servidas; a la tercera zambullida pierde el conocimiento. Cuando vuelve en sí lo golpean sobretodo en la cabeza “ porque ya no tenía lugar del cuerpo donde me puedieran pegar “ (Chile Hoy 64,31-8-73)….

….le preguntan “ sobre los bombardeos, de que íbamos a eliminar a todos ellos, a la infantería de Marina “ y comenta:

     “ Yo sabía de antemano lo que me iba a pasar si es que perdíamos. Primero, con suerte, quedé vivo. Yo sabía que me las jugaba muchos compañeros se la jugaban ahí era cuestión de vida o muerte” ( E. Cárdenas 2002 ).

 Lunes 6 y martes 7

Durante la noche de domingo, el sargento Cárdenas es trasladado, medio muerto, a la Academia de Guerra. Lo encierran en un recinto de detención ubicado en la parte inferior del edificio donde continúan los golpes, ahora sin preguntas. La mañana del lunes lo llevan a la enfermería, pero el enfermero al ver su estado, se niega a atenderlo: “ yo no me meto en este forro – dice – este hombre tiene que ser visto por un médico”. Sin embargo no lo hospitalizan. El enfermero dirá lo mismo frente a Blaset y Lagos (Chile Hoy 64, 31-8-73).

El proceso jurídico se abre el día 6, con la información del jefe del departamento A2 (inteligencia) , capitán Hugo Hernández Ibáñez, al comandante en Jefe de la escuadra almirante Pablo Weber:

“ se ha detectado un grupo de personal que aparece implicado en acciones tendientes a quebrantar el orden y disciplina a bordo de las unidades […] han sostenido reuniones a bordo y en tierra el día 5 de agosto de 1973, en las cercanías de la avenida Argentina”.

El capitán de inteligencia cuenta lo que el marino José Araneda les ha informado de esto el día anterior, citando los nombres de Cárdenas, Blaset y José Lagos. El almirante Weber designa a Julián Bilbao fiscal administrativo (Causa 3926, foja 1). Blaset afirma que también actúa como fiscal Juan Mackay Barriga.

Ese lunes, en un estado lamentable, Cárdenas declara por primera vez ante el fiscal Bilbao. Acepta ser el jefe de un grupo organizado en el destructor Blanco, “ para tomar el control del buque en caso de que la oficialidad tratase de llevar a cabo un golpe de Estado ” y de haber participado en reuniones con civiles del Mir,  Mapu y PS. Su contacto es un tal Tito, les dice, y debe reconocer la autoría del “ Zafarrancho “ encontrado en su cajón ( Causa 3926, foja 4 ).

Lo que no dice el proceso, pero el sargento recuerda, es que él denuncia ante el fiscal Julián Bilbao  que ha sido torturado. El fiscal se limita a responderle que “ en caso de golpe de Estado, no va a quedar vivo ningún dirigente de izquierda” (Chile Hoy 64,31-8-73).

Casi treinta años más tarde, el sargento explica que “Tito” – que figura en el proceso como su contacto con el Mir- fue un invento. “ Yo inventé varias cosas, así quedaron libres muchos compañeros”, recuerda. Aö día siguiente, el martes 7, el sargento es conducido, de nuevo, ante el fiscal Bilbao. En una segunda declaración, se hace el único responsable, explica que había consultado a un abogado para saber si el movimiento era legal y que no informó por conducto regular porque pensó que sería detenido. Añade que Altamirano y Henríquez no consideraban factible la operación, y recuerda que el capuitán Tepper había afirmado que el gobierno caería dentro de 15 días (Causa 3926, foja 7 ).

El lunes 6, en los buques, los marinos se despiertan con el portalón cerrado, lo que significa que nadie puede salir (E. Cifuentes, 2000)….

….En el Blanco, durante al formación matinal, se informa que han sido detenidos miristas, entre ellos el sargento Cárdenas, que los sevicios disponen de una lista y termina gritando: “¡Los que estén involucrados en esto que salgan!”. Cunde el temor entre los que saben que figuran en la lista (el zafarrancho) pero poco pueden hacer (E.Roldán,2003).  Pronto detendrán a Roldán, Alberto Salazar, Velásquez y varios otros.

La noche anterior, José Velásquez había notado más guardias que de costumbre, y que, desde su ingreso al buque, advierte que lo observaba el mismo oficial que hacía unas semanas había intentado escuchar sus conversaciones en Huasco. Pronto irrumpe un cabo armado al centro de control de fuego, apunta a Velásquez y le ordena de avanzar a la cámara de oficiales. Ahí lo interrogan primero los oficiales subalternos, luego el segundo comandante Tepper y enseguida el comandante Julio. A todos les responde que no sabe nada y que prefiere declarar ante un fiscal. Su oficial de división , que lo aprecia como buen profesional, lo acompaña al Silva Palma, e incluso se despide  deseándole suerte y recordando a la guardia que el detenido está en libre plática (E. Velásquez, 2003).

Hacia las 9 horas, el cabo Roldán recibe la orden de presentarse al camarote del segundo comandante Tepper, para informarle de la salud de la mujer del cabo, hospitalizada en Talcahuano. Roldán comprende que es un treta, pero sólo puede obedecer. Tepper “al tiro me agarró, me acusó de traidor, me sacó la madre, me insultó lo más que quiso”. El cabo hace esfuerzos para no ofuscarse y le responde: “Mire, sabe que más, me está insultando, yo no soy un niño chico, ¿qué es lo que quiere?”. Luego de un aluvión de acusaciones, el oficial lo arresta en un camarote. Poco después, un grupo de infantes lo saca con destino al cuartel Silva Palma, junto con Alberto Salazar.

Todo el día martes 7, Roldán y A. Salazar permanecen incomunicados con una vigilancia estricta, para evitar que hablen entre ellos. De noche los conducen a la Academia de Guerra, ante el fiscal Julián Bilbao. Juan Roldán se encuentra en una situación extremadamente difícil : sus interrogadores tienen el plan de ocupación del destructor Blanco que él había elaborado con otros, y conocen a los 56 marinos que ahí figuran. “ Ellos me la mostraron, así es que yo no podía negar esa lista”, explica. Intenta defenderse y defender a sus compañeros esforzándose en olvidar: “Traté en ese entonces de olvidarme del máximo nombre de personas […] yo me quedé callado, de repente como que me les quedaba dormido, ahí parado. No quería escuchar, escucharlos a ellos, ni quería decirles nada”, sabiendo que lo que ahí reconociera sería utilizado en su contra (E. Roldán, 2003).

Lo presionan físicamente, “me dan con un puntero en los brazos y en la cabeza”, mostrándole que tienen informaciones  y leyéndole declaraciones de otros. Se da cuenta de que algo tiene que reconocer. Confirma así su participación en la reunión con Altamirano, diciendo que ha sido una tontería, y que no estaba de acuerdo con los que asistieron. Acepta también haber confeccionado el “Zafarrancho” con Velásquez y haberlo entregado luego a Cárdenas. Pero tiene el cuidado de de añadir que los nombres que figuran son gente con la que sólo ha conversado, sin preguntarles si se embarcarían en la aventura (Causa 3926, fija 9).

Al atribuirse la autoría exclusiva de la lista, Roldán abre una vía que permitirá evitar el proceso a muchos que figuran en la lista. Estos podrán afirmar que ignoraban su existencia; y cuando no consiguen probarles otra cosa, salen indemnes o al menos evitar lo peor.

Interrogado acerca del tenor de las reuniones con dirigentes políticos, Roldán indica que “ante la posibilidad de tomerse los buques, los mencionados políticos no se manifestaron ni a favor ni en contra”, ya que, cuando los marinos les solicitan apoyo, “los personeros políticos manifestaron que lo pensarían sin dar un pronunciamiento final” (Causa 3926, foja 9).

Al término del interrogatorio le leen la declaración y se la extienden para que la firme. Juan Roldán pide leerla, ya que podrían haber apuntado algo que él no dijo. “No”, le responden, “aquí está escrito lo que dijiste; firma no más y vay a quedar bien”. El marino replica “quiero ver”, y coge el papel, pero se lo arrebatan de las manos y con el forcejeo se arruga. De muy mal humor, vuelven a vuelven a dactilografiar la declaración y la colocan sobre la mesa cubriendo su contenido con otro papel que deja libre sólo el espacio para firmar. Agotado, Juan Roldán firma. El documento está fechado al día siguiente, el 7 de agosto. La firma de este documento, como el de otros en el proceso, no se efectúa con pleno consentimiento y conocimiento del interrogado.

El Lunes 6 en la noche, el cabo Pedro Lagos está de guardia solo en la unidad de comunicaciones del destructor Blanco, a cargo del teletipo, de los cuatro equipos de frecuencia de socorro marítimo y de la máquina de criptografía. Sabe que puede ser arrestado en cualquier momento. El tráfico de comunicaciones es normal hasta que el teletipo arroja un mensaje que dice: “Comunicado urgente, transbórdese en comisión de servicios, a la Academia de Guerra Naval, al cabo segundo radiotelegrafista serie de tango 2999, Pedro Lagos Carrasco”.

Desamparado ante el télex que ordena su propia detención, el cabo Lagos experimenta la patética soledad, en el sentido propio y figurado, que viven los marinos constitucionalistas. Aislado del estado de derecho, el cabo no puede apelar a la legalidad que defiende. No tiene otro recurso que transmitir la orden a su superior directo, el teniente Badilla, conocido por sus posiciones golpistas.

“ ¿ Por qué te mandan transbordado? ”, pregunta el teniente. “No tengo idea”, responde el cabo. –   “¿ Y a la Academia de Guerra? Debe ser porque están cayendo los marinos detenidos, los subersivos”, comenta, y añade:-“A lo mejor vai a cumplir funciones de seguridad”.

Lagos viste su uniforme de salida (será el único detenido uniformado) y va a la Academia de Guerra. Allí se le presenta una segunda oportunidad de escaparse. Está de guardia un sargento amigo, que parece ignorar el verdadero significado de la “comisión de servicios”, y le dice: “Vai a tener que esperarte; sabís que más, si querís dejai el equipo aquí y te presentai mañana”. Temeroso de caer en una trampa y ante la angustiosa duda de saltar a lo desconocido, el cabo prefiere esperar. Llega el teniente Pedro Benavides, lee el mensaje y le dice: “Vos estai detenido huevón”. De inmediato llama a la guardia, que lo inmoviliza contra la pared. Benavides lo revisa personalmente y lo encierra en un dormitorio ( [ E. ] Lagos, 2001 ) que, por mera coincidencia, es el de Luis Aguirre, marino dimisionario, en servicio en el cuatel Silva Palma, y secretamente miembro del MIR. Cuando Luis Aguirre se presenta a hacer su guardia nocturna, encuentra su dormitorio custodiado por infantes de marina. Le permiten ingresar a retirar sus pertenencias para llevarlas al nuevo dormitorio común del personal, acompañado siempre por un infante. Así puede ver a Pedro Lagos con huellas de maltrato. Éste le sonríe, pero no pueden hablar. Màs tarde Aguirre verá al sargento Cárdenas ( [E.], Aguirre,2000; 2005).

Extrañamente (o no tanto ), antes del arresto de Pedro lagos, un grupo de marinos del buque va a informar a su mujer, Ibis Caballero, de la detención inminente. Poco después, le comunican a ésta que su marido ha sido trasladado en un Jeep al cuartel Silva Palma.. Ninguno de estos informantes  solidarios fue descubierto ( [E.],  Lagos, 2001 ).

*Extracto del Libro, Los que dijeron “ NO “, Editorial LOM, del Historiador Jorge Magasich Tomo II,119 – 126