Mario Patricio Cordero Cedraschi

Mi nombre es Mario Patricio Cordero Cedraschi, hijo de Blanca Rosa Cedraschi Irarrázabal y Mario Cordero Andrade, nací en la ciudad de Concepción en 1953. Mi hermana Rose Marie (Marietta), en 1950.

Este testimonio lo escribo en retrospectiva como si tuviese 15. Lo hago así, para descartar de inmediato falsas interpretaciones, sino más bien, con la intensión de mostrar mi persona, para salir del anomimato de estigmatización de; “ extremista, infiltrado, con intento de genocidio, marxista, comunista…etc”, que se me haya hecho en agosto de 1973, al igual como se hiciera con mis compañeros de armas.

Mi padre, un empleado de Huachipato, proveniente de una familia numerosa y conocida en la región, todos penquistas con tradición en el rubro de los metales y metalmecánica.

Mi padre, al centro de corbata con trabajadores de HUACHIPATO de una sección a su cargo.

Mi madre nacida en Viña. Su padre Giuseppe Cedraschi Uberti, italiano proveniente de la comuna de Pavía de la región de Lombardía , se casa con María Irarrázabal Aros y  fallece cuando yo tenía 6 meses y deja 5 hijas.

Mi abuela, Maria
Mi abuelo Giuseppe

Nací y me crié junto a mis padres y hermana, en la Población Lorenzo Arenas 2 frente a la “Librería Condorito”. Mi hermana visitaba la escuela de niñas en Lorenzo Arenas 3 y yo la escuelita del barrio para los chicos. Mi profesora, la Srta. Luz, de risa amplia, dulce y mejillas rosadas sería quien me entregara sus conocimientos para el futuro.

La región me impregnó con su naturaleza y sus playas hermosas, sus frutos silvestres y sus ríos, los volantines y las ñeclas que se encumbraban en el azul intenso primaveral y las sierras ahumadas y el pan de Lota que nos vendían los pescadores en invierno y para qué olvidar las castañas y los piñones que nos traía la vecina de Lonquimay, los campamentos de verano que nos dábamos en la “desembocadura de Bío Bío” con esa arena negra que quemaba los pies  y las escapadas de niños hacia los cerros de “Rocoto” en busca del “Maqui” , Mutillas y “Avellanas” , los “Coigues” y lo “Chupones” y un sinnúmero de frutos que nos servía la naturaleza, los camarones de los pajonales,  las jaivas “los Pulgones” de la playa, el ulte, el cochayuyo, las machas, cholgas, el vino a destajo, el robalo que pescaban mis tíos desde las rocas y botes y que por la noche asábamos en las brazas junto a los pescadores que habitaban esas playas; Don Pedro y Don José, las galopadas a caballo por las orillas del Bío Bio… los partidos de futbol el fin de semana admirando al “Fernadez Vial” y yo patiando en la selección infantil de “Los Corta Palos”… ¡ que belleza de vida y que bellos recuerdos ahora!

Mi hermana visitaba por unos días a una tía en las Higueras, hermana de mi madre, la cual estaba casada con un descendiente de italiano que también trabajaba en Huachipato y fue a travéz del cual mi madre conoció a mi padre cuando mi abuelo se radicó por un tiempo en Concepción para realizar trabajos en una empresa de la región, él era técnico textil.  Como mi hermana no estaba en casa, me metí a la cama de mis padres por la noche, aún no cumplía los 7 años, no quería dormir solo. Por la madrugada ya estaba despierto, cuando comienzan a vibrar los cristales de las ventanas y pensé que eran granizos que originaban ese ruido. Desperté a mis padres y con alarma se levantaron. Era el terremoto de mayo 1960, el más fuerte que se ha registrado en la historia sísmica, vivíamos en tercer piso, no podíamos descender, mi madre con ataque de nervios, algunos tirándose de los balcones y esos bloques que bailaban en el aire besándose el uno con el otro. Ésta fue la primera catarsis que viví con mis apenas casi 7 años. El recuerdo aún está latente. Vino el maremoto y las réplicas eran tan seguidas que estuvimos 3 meses de allegados en casas de familiares que vivían en los alrededores. Vino la calma, pero otros temporales se avistaban en el horizonte, la crisis matrimonial entre mis padres se avecinaba y provoca la segunda catarsis, que culmina con la emigración de nuestra madre a Santiago con nosotros ya en periodo de pubertad, pasamos a integrar el clan de la familia de mi madre, es decir, pasé de un sistema patriarcal a un matriarcado, donde las que tenían gran cuota de poder eran las mujeres.  Algunas de ellas casadas, y algunos tíos y primos que pertenecían al personal de la Armada, 5 en total y que llegaban regularmente de visita a nuestra casa cuando estaban atracados sus buques en Talcahuano y que me llevaban de jóven a bordo de sus buques a beber algo en la cantina y mostrarme sus naves. Dos de ellos casados con hermanas de mi madre y que jubilaron en la Armada, uno de Sanidad y el otro de Artillería, el otro técnico electrónico casado con una prima, y sus dos hermanos que también pertenecían a la Armada.

Estando de vacaciones de verano el año 68 en la casa de mi tía en Gómez Carreño, Viña, que había sido hace poco construida. Mi tío, el sargento artillero que estaba esposado con la hermana mayor de mi madre, me pregunta con su sonrisa amplia: “Patricio, ¿porqué no te vienes a la Armada?” “Si quieres, ésta es la fecha de inscripción y puedes postular”…me dije, “ésta es la mía”. Partí a Santiago detrás del Poder que necesitaba de mi madre para postular por ser menor de edad (15) y me presenté ese verano a dar mis exámenes de admisión. Como estaba de vacaciones en casa de mis tíos es que anoté la dirección de ellos para que me llegara la respuesta de aceptación a su casa. Pasaban los días y me ponía impaciente ya que no llegaba correo con noticias. Pensé que a lo mejor me rechazaron porque mi tío, el de sanidad, detectó en mí antes una hepatitis que me trataron en el Hospital Naval en ese periodo. Mi tío, el artillero ya andaba navegando y un tanto decepcionado opté por tomar mi toalla e irme a la playa de Las Salinas a combatir mi frustración en la arena caliente. Cuando el sol caía, en mi caminata de regreso pensé: “me pasaré por la Escuela de Armamentos a preguntar el porqué no había recibido respuesta de rechazo”. Al llegar allí, ante mi pregunta el cabo de la guardia me dice: “Mire, ahí está en el tablero la lista de los aceptados”. Miré la lista y descubrí mi nombre…había registrado equivocadamente la dirección postal de mis tíos y era la razón de la falta de correo. Dí un brinco, lo abracé y salí corriendo, en tres días tenía que presentarme en la Escuela Naval. Viajé a Santiago a comunicarle a mi madre y a preparar una maleta con algo, no había recibido la carta por lo tanto no sabía las condiciones de presentación. Empaqué algo y partí al puerto a presentarme a la Escuela Naval. Yo era el único que llegaba con los pelos largos hasta el hombro… “el depista’o”. En la formación del patio interno de la Escuela, el cabo infante de marina Sánchez me pregunta de dónde vengo, le respondo, de Santiago. Me percato que esto es una mala señal y se produce un acto en que se me ridiculiza por el estado en que me presento.   Al embarcarnos en el destructor Orella, allí está mi madre y mi tía, la del artillero, con sus pañuelitos anunciando el adíos. A bordo del Orella la primera medida es cortarme el pelo al “rape” como castigo por no respetar las normas de presentación. Destino, Isla Quiriquina. Allí sería mi instructor de infantería en la sexta división, el cabo infante de marina Sánchez.

Blanca Rosa Cedraschi Irarrázabal, madre de Mario Cordero Cedraschi, entrega el arma a su hijo para la defensa de la soberanía del país y bajo juramento ser leal a la Constitución, las Leyes y a la autoridad legitimamente constituida.

Fiel a la tradición cristiano- católica que me diera mi madre, me inscribí para realizar mi primera comunión en la isla lo que me ayudó en parte evitar los picaderos y el exceso de maltratos en las instrucciones de infantería. Al finalizar estas instrucciones después de tres meses se produce la entrega de armas a los aprendices a marineros. Por primera vez el año 1969 son las madres las que entregan las armas a sus hijos para la defensa de la soberanía del país y bajo juramento de respetar la leyes, la constitución y la autoridad legítimamente constituida.

Como obtuve buenas calificaciones en la Escuela de Grumetes, es que se me premió con participar en el Crucero Internacional a bordo del Buque Escuela Esmeralda en viajes a Japón, Australia, Nueva Zelanda, Hawaii, Tahiti, Isla de Pascua.

Al retorno después de 6 meses de viaje en la Esmeralda en 1970, teniendo ya una relación contractual con la Armada, nos integramos a la realidad nacional, vacaciones y arreglos cosméticos a la nave. Llegó el mes de las elecciones y fuimos designados a la guarnición de Huasco. El triunfo de Allende no fué bien recibido por los oficiales. La verdad es que a esa edad, no se era indiferente a los acontecimientos políticos, eso sí, debido a mi temprana edad no tenía inclinaciones partidistas, creo que yo era mas bien el producto de una sociedad que venía en un proceso de cambios.

Viviendo ya en Santiago, antes de entrar a la Armada, las chicas que estudiaban por la mañana en el liceo, un día, se lo tomaron, al llegar por la tarde los varones tuvimos que hacernos cargo del establecimiento y permaneció tomado creo que por casi 3 meses apoyando la reforma universitaria. Ellas llegaban por la tarde con alimentos y la población del alrededor también se portó muy bien. Sacamos los bancos de los talleres, la música de la nueva ola salía de estos tocadiscos portátiles a baterías, estaba en plena pubertad. Después recibimos un establecimiento nuevo, vinieron las reformas; chicos con chicas en las clases, centro de alumnos…se acabaron los castigos físicos, etcétera…se vivía un clima de libertad.

En medio de este contexto social entré a la Armada y pienso que es debido a esto, que la mayoría de los integrantes de este proceso, son miembros que provienen de esa época, la década de los 60 y es la época en que en Chile; del 64 al 73 la participación ciudadana en política obtuvo la cifra más alta a travez de toda la historia de nuestro país.

Coincidiendo casi con la asunción de Allende al Gobierno, soy destinado a la Escuela de Ingeniería Naval debido a mi interés por cursar la especialidad en la rama de electricidad. Al iniciar el curso, uno debe firmar un contrato de prestación de servicios por  10 años para la Armada. Los estudios abarcaron desde el año1971 al 1972, en una época importantísima  en lo que respecta al desarrollo político del país y a la participación de las FFAA en este proceso.

Marineros en la Escuela de Ingeniería Naval de las Salinas. De pié, de izquierda a derecha, tercero, Luiz Fernández Ahumada, marinero constitucionalista Q.E.P.D. De rodillas, segundo de izquierda a derecha, Mario Cordero Cedraschi

Como jóvenes marineros participamos en las dos paradas militares 71 y 72 ante Allende en Santiago, ante la autoridad máxima de las FFAA y otros desfiles en Valparaíso para el 21 de Mayo. Me integré a la “Banda de Guerra” y estaba en la gloria aprendiendo marchas y golpes de tambor (caja) en esos días soleados de las Salinas. Éramos queridos y apreciados por la población. Las actividades eran intensas, mucho deporte, competencias entre las Escuelas de Especialidades y mucho estudio, pero también teníamos ese relajo de bajar de la escuela en traje de baños a la “playa chica” de las Salinas,  deleitar los bifes a lo pobre en la “Casa del Marino”, los ternos a la medida de la “Casa Urmax” , la entrada a los cines de películas prohibidas a mi edad y la bohemia del puerto por la noche.

Parada militar en Valparaíso. Octavo de derecha a izquierda, marinero Cordero en la banda de guerra.

Debo decir además que en la Escuela de Ingeniería Naval nos capacitábamos de excelente forma, con profesores civiles que provenían de las Universidades de la región, al igual que los instructores navales, de los cuales tengo un bello recuerdo.

Con el tiempo las cosas comenzaron a cambiar. El comandante  Lautaro Sazo Lizana jugó un rol importante en la agitación política que se llevó a cabo en esta escuela. Comenzaron a prepararnos en antidisturbios, en el  Cuartel de Infantería de Marina de las Salinas, nos entrenaban en el lanzamiento de granadas y nos metían dentro de una especie de iglú a soportar al máximo los gases lacrimógenos. Yo pensaba, bueno, normal, somos militares. Después se  acompañaban estos entrenamientos con arengas en contra de partidos políticos de gobierno y del mundo civil. Es decir, se nos estaba también preparando mentalmente  para enfrentar a la población. Comenzamos a cubrir labores policiales ante huelgas, demostraciones, protestas , etc. Nos alienaban con consignas en contra de los partidos de izquierda, de sindicatos…, el ámbito civil comenzó a tornarse en enemigo. Con metralleta en mano patrullabamos las calles del puerto en toque de queda. Creo que ahí comencé a tomar conciencia de lo que se avecinaba para el país. Me sometí a tratamiento médico porque el cuerpo y la cara se me llenó de excema por la mochila que comenzabamos a cargar. Se me autorizó a vestir de civil, porque mi rostro se tornó impresentable para vestir el uniforme.

Al terminar mi curso de especialidades con excelentes notas, me destinan a comienzos del 73 a la dotación de la Flota de la Escuadra, al buque Insignia, Crucero Prat, a trabajar en el Dpto. de Ingeniería en los talleres de Electricidad donde mi Jefe directo era el teniente Luis Sandino y nuestro comandante, Capitán de Navío, Maurice Poisson Eastman. Con los años me enteraría, que era primo de Don Agustín Edwards Eastman, dueño del El Mercurio. En la nave entablé amistad en el taller donde trabajábamos con el Marinero Electricista José Maldonado al cual ya conocía de vista desde la escuela de Ingeniería.

Incendio del Prat

Navegando por las costas del norte, cubría guardia nocturna  en la sala de máquinas ante el turbogenerador y tableros eléctricos, me percaté que el extractor de aire posicionado en la parte superior de los tableros eléctricos estaba fuera de servicio. Personalmente comuniqué a los encargados de los talleres de electricidad, del peligro que esto encerraba al condensarce el vapor en la cablería, paneles y mamparos con la cosecuencia de la baja de aislamiento de los sistemas eléctricos por la humedad acumulada y pedía autorización para tomar medidas al respecto. No se le dió importancia a mi advertencia. Momentos después el  Panel principal escupió fuego y desconecté todo el sistema dejando al crucero en completa oscuridad y a la deriva. Estuvimos bastante tiempo al garete, ya que el compás nautico electrónico se demoraba 4 horas en orientarse. Con el generador de emergencia se restableció al corto tiempo el alumbrado. El comandante y personal del departamento de ingeniería se hicieron presente en el salón de máquinas y les informé de la gravedad de la falla. Se desconectó  y dejó fuera de servicio el interruptor de sobrecarga que se había quemado y propuse que se pusiera en servicio otro turbo generador. Entregué mi guardia y a los dias después en el puerto de Valparaíso, estando yo de franco, se produjo el incendio. El buque fué remolcado a Talcahuano donde comenzaron las reparaciones y pasé a integrar el equipo que se encargó para la renovación del tendido de cables eléctricos del buque hasta mi detención. Fué en este contexto en que me decidí  en el mes de Julio del 73, por conducto regular, sin romper la verticalidad del mando, a pedir el retiro de la institución ante el Comandante Maurice Poisson Eastman.

Se me concedió la petición, a bordo, en su oficina, le expuse abiertamente mis discrepancias sobre las estructuras de mando, el mal trato dentro de la institución, de que yo consideraba que mis capacidades intelectuales daban para más, que me sentía limitado…etc, le solicité la baja de la Institución, elegí esta vía confiando en que atendería mi pedido y tratando de adelantarme al día en que llegara la insurreción en contra del Gobierno. Tuve coraje en esos momentos debido a que respetaba el conducto regular y depositaba la confianza en mi comandante para encontrar una salida legal a mi caso. El Comandante me preguntó si había leído a karl Marx, le respondí que nó, se alzó en cólera y me expulsó de su oficina tratandome de “marxista”, “que se vayan todos los marxistas y comunistas de aquí” me gritó. Después de este altercado, abandoné el camarote del comandante con la esperanza que se le diera curso a mi solicitud.

Como decía al principio, yo no tenía simpatías con ningún partido político, era mas bien una posición de respeto a la Constitución, a las leyes establecidas, de obediencia debida a la máxima autoridad del país, que es el Presidente de la República, eso era lo que nos habían enseñado nuestros propios oficiales,  y al negarme a la idea de tener que quizás matar a gente de mi propio pueblo. Un golpe de estado no estaba estipulado en los contratos que yo había firmado con la Armada. Como expresa muy bien mi abogado en mi defensa, dice: Por rasonamiento común y convicción interna los reos pensaban que era justo y legítimo defender la institucionalidad política vigente. Desde el punto de vista jurídico estamos frente a un caso de “ no exigibilidad de otra conducta conforme a derecho”, ello porque los reos estaban convencidos de que las Fuerzas Armadas debían obediencia y sumisión jerárquica al poder civil existente.

El 6  de agosto, el comandante del crucero Prat, capitán de navío, Maurice Poisson Eastman, ordena formar a la tripulación en el molo e informa que se han detectado en Valparaíso, células extremistas infiltradas en las naves y espera que en su buque no haya ninguno de estos elementos. Después de la arenga del comandante Poisson en el molo, el marinero José Maldonado, se me acerca para decirme que había que hacer algo por los compañeros que estaban siendo detenidos en Valparaíso y me confiesa: “yo conosco a un civil de Asmar el cual tiene contactos con políticos”. Se refiere a Luis Jaramillo, al que yo no conocía, empleado civil de Asmar, quién organiza una reunión con civiles en el sector de “Las Higueras”. La reunión es confirmada,  Maldonado tiene al parecer contactos con marineros del O’higgins y nos acercamos por la tarde a esa nave. Logramos reunirnos improvisadamente con algunos marineros fuera de la nave, por sorpresa me reencuentro con mi camarada de la Escuela de Grumetes y con el cual había navegado en la Esmeralda el año 1970,  el marinero mecánico electrónico Silverio Lagos, a los otros no los conocía.

La reunión de “Las Higueras” sería la última reunión registrada de los marineros constitucionalistas para intentar frenar el golpe de Estado. Yo recuerdo:

“Era un día de invierno, lluvioso, frío, oscuro. Cuando abandonamos la nave con José Maldonado rumbo a esa reunión, nos rodeó un silencio, no intercambiamos palabra, creo que ya se nos había metido el horror en el cuerpo, solo una pregunta le hice presintiendo que el estado de derecho se desvanecía:  “ ¿y si nos torturan?”…no hubo respuesta, alzamos el cuello de nuestros chaquetones para combatir el frío de la noche cuando abandonamos el molo de abrigo. Sentí en esa caminata que él también tenía miedo, era casado y pensaba en su esposa. Además era dificil de preveer la dimensión de la catástrofe que se nos venía encima, sentíamos que la muerte nos pisaba los talones.

Al llegar a la ciudad-puerto, entramos a un Bar y nos ubicamos en la barra encargando algo para beber… aire denso por el humo de cigarrillos y el televisor “Antu”que comenzaba el noticiero… “infiltración de extremistas en unidades de la Escuadra”…mi mochila se hacía cada vez más pesada…Ya, esa noche del 7 de agosto, no había camino de retorno, para mí, el futuro de Chile estaba echado”.

“Nos subimos a la citroneta que nos condujo a Las Higueras, nos vendaron la vista para no reconocer el camino, mi cabeza zumbaba por el movimiento y los efectos de los cigarrillos y el alcohol. Lo que tengo claro hasta hoy,  es lo que habíamos acordado antes con José: Nuestra misión era ir allí a informar de las detenciones en Valparaíso, que se estaban haciendo en este momento públicas y de lo que estaba ocurriendo. Por otro lado, informarnos si habían posibilidades de que álguien interviniera para parar todo esto. Pensábamos que el Presidente de la República tenía los mecanismos inmediatos para frenar lo que se venía.  Nosotros, no llevábamos ningún plan de toma de barcos, de matar a oficiales o algo por el estilo, se especuló sobre la posibilidad de neutralizar a los golpistas, pero a estas alturas esa era una alternativa imposible de realizar cuando ya las detenciones estaban en marcha.

Desconosco las conclusiones que habrán sacado ellos, los civiles, de esta reunión, para mí era un deber moral de ir allí…el retorno al buque esa noche, fue ir a enfrentar practicamente consciente la maquinaria que se nos venía encima.

El 8 de agosto, estabamos de guardia a bordo del crucero Prat . Por la tarde se dá alarma de incendio, una nave menor se quemaba atracada en puerto. En ese contexto, según testigos, es desembarcado del crucero Prat el marinero Maldonado en condición de detenido.

Maldonado cubría guardia conmigo, pero no lo encontraba y me puse a buscarlo en los lugares que frecuentan los electricistas cuando están de guardia, ni señas de José… me puse intranquilo. Partí a mi ropero a buscar mi chaquetón presintiendo que había llegado la hora, agosto es el mes mas frío. Abrí la caja de mis pertenencias y controlé todo lo que había, cerré todo y me fuí al salón de máquinas, ahí llegó alguien que no recuerdo y me dijo que tenía que presentarme a la oficina del Jefe del Departamento de Ingenieria de la Nave. Al llegar allí, el jefe del Dpto. sentado detrás de su escritorio ordena al Tte. ¿ Orellana?  y me conduce  a un camarote donde me esperaban oficiales de la inteligencia naval, que ya tenían en condición de detenido al colega electricista Mr. 1° Bernardo Carvajal. Nos obligaron a desembarcar de la nave y nos subieron a una Camioneta Chevrolet de la Base Naval. Pregunté a dónde nos llevaban, el oficial de la inteligencia  desenfundó una pistola y amenazándonos, nos dijo que guardaramos silencio, que estabamos detenidos. Por momentos confié aún en el estado de derecho y llegué a pensar que nos conducirían a la Fiscalía Naval, pero el vehículo torció cerro arriba conduciéndonos al Fuerte Borgoño de la Infantería de Marina. Llegamos a la ciudadela en la parte de la cima del cuartel, donde nos aguardaba un batallón de Infantes de Marina en tenida de combate y mimetizados, me obligaron a desnudarme a punta de golpes de yataganes, culatazos, puntapiés, rodillazos y de puño, dándome un tratamiento de prisionero de guerra. Identifiqué desde el suelo que tenían al cabo Antonio Ruiz y al marinero Maldonado en unas casetas.

“ Me condujeron al interior de una caseta donde se encontraba el capitán infante de marina Köhler quién dirigía las torturas y vejámenes junto a un pelotón , le pedí que se respetara el fuero militar, ahí me colgaron de los pies y me sumergieron en un tambor con aguas servidas, me preguntaban por la reunión de las Higueras, que confesara que mataríamos a los oficiales, que me matarían y lanzarían mi cuerpo en “Tumbe” si no confesaba. Me golpeaban el tórax, estómago, espalda y nalgas con guantes mojados hasta el punto que me desmayaba, estaba bañado en sangre, me amenazaban de muerte si no denunciaba a colegas que tuviesen posiciones constitucionalistas. Reconocí haber estado en la reunión de las Higueras y en la del restaurante los Pingüinos en Valparaíso, después querían saber del lugar y los participantes, yo dije que no me recordaba porque andaba bajo los efectos del alcohol. Debía reconocer fotos de civiles que después me enteraría que eran de Altamirano, Garretón y Enríquez  y así continuaron durante toda esa noche hasta la mañana del día siguiente. Posteriormente me mantuvieron detenido, aislado e incomunicado bajo fuerte protección armada durante 10 dias en el cuartel de “Orden y Seguridad” en la Base Naval de Talcahuano y me obligaron a repetir  la declaración ante el Juez Naval, bajo amenazas de seguir torturándome si no lo hacía. En la fiscalía al prestar declaración, me encontré en la sala de espera, con los marinos que trajeron de Valparaíso, algunos venían con los oídos reventados, al parecer ya habían pasado por las manos de Köhler”.

Del Crucero Prat fuimos 7 los detenidos y dos desertaron para el tanquetazo. Debo decir que el Tte. Luis Sandino, llegó al cuartel de seguridad a preguntarme acompañado de un colega del departamento, “si yo estaba metido en esto”, le dije que sí…¿pero metido en qué? no sabía que responderle, ya había perdido el sentido de la realidad. Ahora a 45 años, en la retrospectiva, aún no se me ocurre qué debiera haberle dicho, quizás venía en un acto de buena voluntad a salvarme, pero sentí que era imposible que él me pudiese ayudar en ese momento, el capitán Köhler me tenía en sus garras y a lo mejor el Tte. no tenía idea de lo que se venía, me sentía en el fondo del pantano, no me atreví a decirle ayúdeme…le dije que sí…Me ofreció que escribiera una noticia a mi familia. Pensé después que producto de eso llegó mi hermana desde Santiago a la “Puerta de los Leones”, en la Base Naval de Talcahuano a reclamar por mi cuerpo. De él tengo un recuerdo humano.

Como aún no estabamos en dictadura, la presión para saber de nosotros iría cada día en aumento hasta que llegaron los abogados y me sacaron a la cárcel de Talcahuano para entrevistarnos con los abogados ante los cuales denunciamos el “mal trato”. Esto en Chile era desconocido hablar en forma pública de torturas, era regresar al medioevo. La tortura se instauraba con nosotros como una realidad futura.

El 3 de septiembre del 73 nos trasladan desde el cuartel de Orden y Seguridad de la Base Naval. A la salida me topo con el sargento Sanches que está de guardia en el cuartel y me regala una sonrisa. Nos llevan a la cárcel de Talcahuano en tránsito y desde ahí a la Cárcel de Chacabuco 70 en Concepción junto a otros marineros y operarios de Asmar. Allá nos pusieron en condición de aislamiento. El personal de prisiones nos dió buen trato y llegó el relajo, las visitas de las familias, la solidaridad y la logística aportada por los trabajadores y estudiantes de la zona.  Nos pusieron a un Mocito a diposición,  el “Chocolate” le llamaban por su color de piel, era el que nos traía “el rancho” y el café por las mañanas. Aquí comenzamos a conocernos entre los marinos del O’higgins y El Prat y a entablar lazos solidarios con los Operarios de Asmar y a compartir celdas.

El Golpe de Estado era  inminente cuyas consecuencias eran dificiles de preveer. Los obreros y universitarios en las calles solidarizaban con nosotros, pero la represión iva en aumento y las esperanzas eran de que el “golpe” no ocurriera. A mi me tocó habitar la primera celda junto a otros 6 ó 7 cros. que estaba a mano derecha del pasillo de la entrada. Proseguían dos celdas, al fondo, las duchas y el WC y al otro extremo del pasillo, la celda de los castigados sin entrada de luz y murallas recubiertas de metal. De ahí provenían voces de congojo y ese olor pestilente.

A Maldonado se lo habían llevado a Valparaíso, pero el cabo Antonio Ruiz del Prat, pasó también a ocupar la primera celda con Víctor López también del Prat, El cabo Santiago Rojas del O’higgins y el marinero Guillermo Castillo. Al entrar a esa celda por primera vez, me encontré en un rincón un palo de escobillón. Para mí el ajedrez era un juego desconocido, pero al ver después de un par de días a Antonio Ruiz que dominaba este arte deportivo, me llamó la atención la belleza de esas  figuras por lo que me inspiré y puse en práctica mis artes manuales para tallar a punta de cuchillo y formón las figuras del juego con este palo, estas herramientas no me acuerdo donde las obtuve. Tallando este ajedrez combatí la angustia dentro del hacinamiento en que vivíamos.  Antonio con el tiempo me enseñó a mover las piezas, pero debo confesar que no me desarrollé en este arte como otros maestros que a futuro en otros patios carcelarios daban cátedra en jaque matte y quemaban las horas interminables del encierro. Carlos Alvarado era el de las jugadas magistrales, miraba el paisaje mientras el contrincante se desmembraba la cabeza en el contraataque. Tampoco puedo recordar al círculo de hierro que se enfrentaría en sendos combates de ajedrez mas tarde en el patio de la cárcel de Valpo. Duelos interminables….yo andaba en otra, mis capacidades no daban para vencer a estos gladiadores del tablero, recuerdo entre ellos también a José Maldonado, pero no quiero aventurar quienes poseían el mayor dominio de este arte. Retrocedo nuevamente para ubicarme en los pasillos de lo que fué y lo que ocurrió en la cárcel de Concepción.  Ocurre el Golpe de Estado y “Chocolate”, el mocito que nos trajo el café tardío, nos dice que “permanezcamos juntitos para morir como hermanitos porque ha ocurrido algo grave”. Desde la reja de entrada observamos que la policía uniformada había tomado la cárcel, nuestro destino no estaba claro. Horas mas tarde llegó una escuadra de carabineros, fuertemente armados, al mando del Director Regional de Prisiones, el capitán Rodolfo Schmidling. Recuerdo que formamos en el patio y el cabo Aravena también detenido del Crucero O’higgins, en formación militar en el patio pequeño nos dió las órdenes para saludar a esa comitiva.  Schmidling, informó que el Gbno. había sido derrocado y que teniamos que someternos a los acontecimientos, que todo con olor a UP estaba siendo encerrado y nos advirtió de no cometer intentos de fuga, que los culpables pagarían por sus delitos y que permaneceríamos encerrados sin derecho a visitas hasta nueva órden. Hasta un simulacro de fusilamiento nos dieron esa mañana. Posteriormente fuimos encerrados sin derecho a patio y vinieron los bandos y la música clásica en las transmisiones. El miedo se expandió en el cuerpo y las almas, La Muerte nos rondaba cada vez más cercana . Recuerdo cuando llegaba el oficial de prisiones  por las noches,  al escuchar la apertura de las rejas estábamos preparados, siempre había uno de guardia, uno despierto para enfrentar resistencia en caso de que nos vinieran a aniquilar. Venían a torturar a los castigados de la celda del fondo, presos comunes,  en el pasillo, las duchas con agua fria que cortaba el cráneo, de los cortados en las celdas de castigo a los cuales les aplicaban sal con ají en las heridas, este lugar se transformó en el horror de los horrores…tortura física a los presos comunes y sicológica a nosotros. Lo peor es ver y escuchar las torturas de otro.
Comenzaron a llegar los primeros prisioneros politicos al inicio de la dictadura. No recuerdo el día, la semana y el mes cuando nos trasladan a la parte posterior de la Cárcel para incomunicar a los primeros condenados a muerte. Si mi recuerdo no me traiciona eran los Miembros del PC de la región de Lota; Isidoro Carrillo, Bernabé Cabrera, Danilo González, Vladimir Araneda. Con el golpe, el personal de prisiones fué cambiado. El Oficial, este grandote, de los ojos saltones fué el que nos comentó la muerte de los cuatro: “en el fusilamiento…se fueron tranquilos ”
Recuerdo que después de este acontecimiento nos retornaron a las celdas y posteriormente nos pasan al interior del recinto carcelario. Lo que sí recuerdo es que estuve en la celda que habitaba después de que los mataron y encontré en el centro de ella una cajetilla de cigarrillos marca Lucky Strike y las colillas apagadas en el piso, al parecer el último deseo antes de que los ejecutaran. El año 2015 pinté un cuadro en memoria a esta imágen del último deseo de Carrillo Q.E.P.D. y en memoria al Cabo Antonio Ruiz Q.E.P.D. colega del Prat, que habitó la misma celda. Después de 4 meses fuí traladado a la Cárcel de Valparaíso junto al marinero Victor López. En la estación de ferrocarriles de Concepción nos despidieron con sus pañuelitos mis tías Josefina y Lucy que vivían en la región, fieles y permanentes en sus visitas a la Cárcel. A estas alturas, ya los abogados que habían asumido nuestras defensas eran perseguidos. Por suerte egresaba como abogado Isidro Vásquez Mazuelo, miembro de la familia de la nueva pareja de mi madre en Santiago, Heriberto Blanco y tomó el caso mío y de Victor López.  Al llegar a Valpso. pasando por la Penitenciaría de Santiago, nos introdujeron en una celda de la tercera galería donde estaban los presos políticos. Pero la población penal ya estaba encerrada. Supuestamente para nosotros en esta cárcel se encontraban los marinos que habían sido detenidos en este puerto y el sentimiento era de que no estaríamos solos. Al día siguiente cuando se abrieron las celdas comenzamos a preguntar a los presos políticos por los marinos constitucionalistas y me toqué con un ambiente de desconfianza, nadie respondía algo concreto, algunos decían que se los habían llevado a una isla, otros no contestaban, con el tiempo me dijeron que pensaban que eramos infiltrados del servicio de inteligencia. La realidad fué que los marinos detenidos en Valpso. habían sido trasladados a Isla Riesco ó Melinka, para construir con trabajo forzado el campo de concentración de Puchuncaví.

Como a los 4 meses retornó a la cárcel de Valparaíso el grupo de marineros que habían sido trasladados a Melinka. Ahí me reencuentro con Maldonado, Bernardo Carvajal, etc que habían sido trasladados antes de Thno. y se pegaron el paseo a Melinka y muchos marineros contingentes con los cuales habíamos iniciado nuestra carrera el 69 en la Quiriquina.

Fuí sometido a un proceso ilegal, la Causa 3926. La acusación que se me formuló originalmente, consistía en incumplimiento de deberes militares. El día 28 de septiembre de 1973, habiendo ya sucedido el golpe de estado, se cambió esta acusación y me declararon reo como autor del delito de sedición y motín, esta medida fué aplicada también a mis colegas de armas. En Mayo de 1976 se me condena como Autor del delito de Sedición a la pena de tres años de presidio, saliendo en “libertad” el 28 de Agosto de 1976 y quedando bajo control semanal por la Fiscalía Naval de Valparaíso. En la sala de control de la cárcel con mis maletas empacadas para salir en libertad por el atardecer, me la niegan porque dicen que tengo otro proceso por ley de control de armas, proceso que yo desconocía. Todos mis otros cros. salen en libertad, salvo los condenados a penas mayores. Mi hermana que esperaba afuera, partío a la fiscalía a aclarar el caso y a mí me derivaron nuevamente a pabellón y tuve que pedir asilo en una celda de cros. A mi hermana en la fiscalía le dijeron que el fiscal se había ido a casa por allá por Villa Alemana…al otro día me dejaron libre. Mi padre fallece tres meses antes de mi puesta en libertad.

Me cobijó en su casa la madre del marinero Claudio Espinoza, Sra. Eliana Torrecilla Q.E.P.D, una mujer de una tremenda fortaleza humana, el corazón del porte de un buque, de sonrisa amplia y contagiosa y el alma abierta al mundo, a pesar de los horrores que estábamos viviendo. No tengo palabras para agradecerle y llevo conmigo recuerdos inolvidables de los cerros en Recreo Alto.

Las depresiones me abordaron, no dormía, me iba a la roca feliz y escuchaba que el mar me llamaba, Chile estaba preso, me sentía mas libre en la cárcel, la idea del suicidio estaba cercana…trataba de leer, era imposible concentrarme…tomé contacto con la iglesia y me derivaron al sicólogo Dr. Castillo que trabajaba en terapias. Le expliqué mi problema de soledad y angustia…le pedí que me orientara, le dije que me sentía más libre en la cárcel porque podía hablar lo que quisiera y ahora el que me vé, dá vuelta la cara, ya no hay amigos, la gente tiene miedo, me sentía solo,…vencer el miedo es lo principal creo que me dijo: “mi consulta para el golpe fue destruida, allanada y mi familia se fué al exilio, yo me he quedado acá a cumplir mi labor para ayudar a los perseguidos”…le aconsejo,  “reúnase con sus ex- camaradas y continúe lo que estaban haciendo en la cárcel”

Organizamos una cooperativa al estilo de la que teníamos en la cárcel de Valparaíso con otros cros. del proceso que habitaban en la región puerto y al interior, para poder seguir alimentando a nuestras familias, en coordinación con la Vicaría de la Solidaridad en Santiago. Nos organizamos un grupo y logramos sobrevivir un año y levantar esta cooperativa. En este contexto conocí a la que fuera mi amiga en esas circunstancias, la Dra. Patricia S.C., a la cual llevo en el alma por haber compartido conmigo ese mundo de aventuras y preocupaciones, de su solidaridad profesional con los desposeídos, un año que fue eterno y de destinos inciertos.

Paulatinamente los cros. de la cooperativa comenzaron a abandonar el país por las circunstancias obvias que se vivían.

En agosto del 77 me embarco rumbo a Bélgica, para continuar rumbo a Alemania. Mi hermana que aún permanecía en Chile siguió visitando a los marinos presos ahora en la penitenciaría de Santiago y sigue paralelamente recogiendo el cuerpo de su marido que repetidamente es detenido, torturado y lanzado a la calle. En 1978 abandona Chile rumbo a Suecia.

Maurice Poisson Eastman, ex comandante de mi nave que no me pasa a retiro cuando se lo solicité, fallece el 30 de Marzo del 2006.

Este testimonio lo escribo para agradecer a la gente que estuvo a mi lado en esos momentos dificiles, amigo(a)s y familiares como así a los abogados que intercedieron por nosotros y a un gran espectro de organizaciones e instituciones a nivel nacional como internacional. Escribo esto además, para mis 5 hijos  que nacieron lejos de Chile y a mi familia alemana, a la familia de mi hermana en Suecia, para poder entregarles aquí una partecita de esta historia vivida.

Mi querida hermana volando a su exilio a Suecia

Agradezco en forma especial a mi hermana que dió todo por lograr mi libertad y por las lágrimas que derramó nuestra madre por la diáspora a la que fuimos condenados hasta el dia de hoy.