Desmonumentar la Dictadura de Pinochet

Sergio Grez, historiador: “La mitificada imagen internacional del Chile neoliberal se destruyó definitivamente”

Por Pablo Retamal Navarro

08 de Noviembre, 2019

El académico de la U. de Chile señala que el estallido social que vive nuestro país era “absolutamente previsible”, y critica el actuar del gobierno al respecto. Además, se refiere a sus acciones junto con el grupo Ciudadanos por la Memoria, la revolución digital, la ultraderecha y los movimientos contestatarios.

El reciente levantamiento social que se ha tomado la agenda nacional durante las últimas semanas no le es indiferente a Sergio Grez, académico e historiador de la U. de Chile. Se entusiasma con la idea de comentarlo con The Clinic, “me han contactado hasta de la India”, cuenta. Tiene claro que el estudio del pasado no tiene sentido sin vincularlo con el presente. 

-¿Esperaba un estallido social como este?

-Era absolutamente previsible que esto ocurriría aun cuando nadie fuera capaz de predecir el momento. Numerosos dirigentes sociales, militantes de izquierda e intelectuales críticos lo veníamos señalando hace muchos años. Pero los dueños del poder -los grandes empresarios, sus representantes y ejecutantes políticos- se negaron durante décadas a reconocer la existencia del malestar y sus causas profundas. A lo sumo aceptaban que pudiera haber descontento por ciertos “abusos” o por imperfecciones en la implementación del modelo. Su ceguera les ha costado y les seguirá costando muy caro: el pueblo se levantó y la mitificada imagen internacional del Chile neoliberal se destruyó definitivamente. La caída de las acciones de la bolsa de Santiago, la anulación de las cumbres de la COP 25 y de la APEC, la venida de varias comisiones internacionales de Derechos Humanos a observar lo que está ocurriendo, el escándalo internacional provocado por la feroz represión estatal y los comentarios de la prensa mundial dan cuenta de ello. “El jaguar” de Latinoamérica y el “oasis” del que se vanagloriaba Piñera pocos días antes del estallido, ya parecen malos chistes de un pasado muy lejano.

“Su ceguera les ha costado y les seguirá costando muy caro: el pueblo se levantó y la mitificada imagen internacional del Chile neoliberal se destruyó definitivamente”

-¿Qué le parece la forma en que el gobierno de Piñera ha afrontado esta situación?

-El manejo inicial de la crisis por parte de Piñera y su gobierno fue particularmente torpe. Intentó “apagar el fuego con bencina”, provocando con sus declaraciones y medidas represivas no solo a los manifestantes sino a la mayoría del país. No obstante, al cabo de algunos días, anunció algunas medidas parche, formuló propuestas de diálogo con la oposición y se declaró dispuesto a allanarse, incluso, a la idea de un cambio de Constitución. Pero su credibilidad está por los suelos, la inmensa mayoría del país sabe que sus promesas no son más que intentos desesperados para recuperarse y ahogar la rebelión popular.  La desconexión con el país real por parte de Piñera, su gobierno, la derecha y grandes sectores de la oposición parlamentaria es tremenda, raya en lo patético.

– Una de las demandas que ha sonado fuerte es la de Asamblea Constituyente. En nuestra historia republicana, ¿ha habido intentos de crear alguna?

– Hacia fines de 1858, los opositores liberales al gobierno de Manuel Montt intentaron convocar por su cuenta a una Asamblea Constituyente. Pero sus esfuerzos fueron anulados por las medidas autoritarias adoptadas por el gobierno, que decretó el estado de sitio, cerró los centros opositores, encarceló y sometió a proceso por sedición a Benjamín Vicuña Mackenna, los hermanos Manuel Antonio y Guillermo Matta, Ángel Custodio Gallo, además de otras figuras del liberalismo. Poco después, en 1859, los opositores se alzaron en armas; sin embargo, al cabo de unos meses la “Revolución Constituyente” fue aplastada por el gobierno. Conviene recalcar que esta guerra civil fue el resultado de una pugna interoligárquica, a pesar de que la oposición concitó la adhesión de importantes núcleos populares. En 1925 fue distinto, pues durante la coyuntura constituyente que se abrió a partir de la promesa formulada por el presidente Arturo Alessandri Palma de convocar a una Asamblea Constituyente, un sector del movimiento popular -por iniciativa del Partido Comunista y de la Federación Obrera de Chile (FOCH)- se autoconvocó en marzo de ese año para discutir principios constitucionales que serían propuestos en la Asamblea Nacional Constituyente que elaboraría la nueva Constitución. En la Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales participaron, además de los comunistas y fochistas, algunos anarquistas, demócratas y radicales, sindicalistas independientes, mutualistas, feministas e intelectuales contestatarios. Este organismo -conocido también como la “Constituyente Chica”- pretendía aunar criterios para ir a disputar a la Asamblea Constituyente Nacional (la “Constituyente Grande”) los contenidos de la nueva Carta fundamental. Pero Alessandri, borrando con el codo su promesa de convocar a una Asamblea Constituyente, por sí y ante sí, designó a dedo dos comisiones, una encargada de elaborar un anteproyecto constitucional y otra que debía discutir el mecanismo para aprobar el texto. De estas comisiones solo funcionó la primera, presidida por el propio Jefe de Estado quien se dio maña para vencer la oposición que encontró en el seno de ese organismo, recurriendo incluso al apoyo del Ejército, cuyo comandante en jefe amenazó de manera apenas velada con perpetrar un tercer golpe de Estado en menos de un año si el proyecto propuesto por Alessandri no era aprobado. De ese modo, se organizó en solo un mes un plebiscito en el que participó apenas el 42,1% del reducido cuerpo electoral de la época, aprobándose por amplia mayoría la propuesta del “León de Tarapacá”. Este fue el origen espurio de la Constitución “más democrática de la historia de Chile”.

Desmonumentalizar la dictadura

La memoria ha sido una lucha constante en el Chile post dictadura. Por eso, Sergio Grez junto con otras personas formó la agrupación Ciudadanos por la Memoria. Como Alí con Foreman peleando en Zaire, la agrupación se conformó de manera espontánea, en 2013, en pos de dar la llamada “Batalla por la memoria”. “Es una disputa por la memoria ciudadana entre los partidarios de la dictadura y sus adversarios, que, a pesar del paso del tiempo, no han cejado en mantener esa memoria viva”. El primer round del grupo -que le dio origen- fue el cambio de nombre a la Avenida 11 de septiembre, en Providencia, lo cual consiguió. 

Tras ese éxito, resolvieron continuar actuando. “Decidimos desmonumentalizar, luchar por erradicar todo elogio, todo signo que signifique una glorificación de los dictadores, de los agentes represivos y de las violaciones a los DD.HH.”. Otro round ganado fue el cambio de nombre de la calle Almirante Gotuzzo (uno de los primeros ministros de la dictadura), la cual pasó a llamarse Amanda Labarca.

Pero como un boxeador que debe aguantar una larga pelea a 12 asaltos, la agrupación ahora está luchando porque la Armada remueva una estatua del Almirante Merino de los jardines del Museo Naval de Valparaíso. “Imaginemos lo que significa para los cadetes de la Escuela Naval, o para los grumetes de la Escuela de Suboficiales de la Armada saber de la existencia de la estatua de Merino en uno de los locales institucionales. Significa decirles que este es un ejemplo a seguir. Hay que recordar quién fue Merino. Fue un amotinado que dio un golpe al interior de su propia institución para destituir al almirante Montero, quien era el número 1 de la Armada hasta la madrugada del 11 de septiembre de 1973, un militar constitucionalista opuesto a los planes de los golpistas”, explica Grez. Hasta hoy, la institución se ha negado a retirar la mentada escultura. “Además, Merino fue responsable de torturas, de desapariciones, de ejecuciones ilegales y miembro de la Junta Militar”, añade.

Otro round en curso es lograr el cambio de nombre de una villa ubicada en la comuna de El Bosque denominada “Villa Presidente Pinochet”. “Son dos casos paradigmáticos, son los nombres de las cabezas de la dictadura que tuvimos en Chile, no es posible permitir, a 30 años de terminado ese régimen, la persistencia de estos elogios puesto que, de perpetuarse, son una pésima señal que la sociedad chilena está dando a las nuevas generaciones”, afirma.

““El jaguar” de Latinoamérica y el “oasis” del que se vanagloriaba Piñera pocos días antes del estallido, ya parecen malos chistes de un pasado muy lejano”

La revolución digital

– El mundo actual tiene muy presente en la vida cotidiana a lo digital. ¿Considera la revolución digital como una etapa dentro de la revolución industrial o hay que mirarla con algo más de distancia temporal?

– Aunque habría que tener mayor perspectiva histórica para saberlo a ciencia cierta, evidentemente, existe un vínculo. Si no se hubiese producido la revolución industrial con todos sus adelantos tecnológicos y científicos, sería inconcebible esta “revolución digital”. Este es un subproducto de la revolución industrial que ya está teniendo efectos innegables sobre la forma de pensar y producir, sobre la cultura, la política y el conocimiento.

– ¿Y en el trabajo de historiador?

-Plantea un problema nuevo. Antes, a veces, nos enfrentábamos al problema de la escasez de fuentes o el acceso difícil a esas fuentes, ahora con la realidad digital hay superabundancia de fuentes. ¿Qué escoger?, ¿cómo escoger? Porque en Internet se encuentran maravillas y también basura. Y no me refiero solo a las fake news, que abundan en las redes sociales. 

– Y hablando de las fake news, ¿considera que la ciudadanía debiera ser más crítica con lo que lee en Internet?

– ¡La ciudadanía debería ser más crítica en general!, no solamente con lo que aparece en Internet. Debe serlo con lo que lee, ve y escucha en los medios escritos y audiovisuales. Es un ejercicio difícil de realizar puesto que ello implica un esfuerzo intelectual. Los escasos minutos que las personas dedican a informarse sobre la actualidad coinciden con los momentos en que ya están cansadas y no tienen mayor disposición para realizar un análisis crítico. Si a eso le sumamos fenómenos como que en Chile la mayoría de la población no entiende lo que lee, si se trata de textos de mediana complejidad, tenemos un cuadro complicado.

 “¡La ciudadanía debería ser más crítica en general!, no solamente con los que aparece en Internet. Debe serlo con lo que lee, ve y escucha en los medios escritos y audiovisuales. Es un ejercicio difícil de realizar puesto que ello implica un esfuerzo intelectual”

“Estamos en una crisis global”

– En Brasil se eligió a un presidente de ultraderecha y hemos visto en nuestro país y en Europa un auge de esa tendencia. ¿Tiene algún parangón con lo que ocurrió en los 70 cuando se instauraron regímenes militares?

– Son contextos distintos. La historia nunca es calco del pasado. Hay elementos comunes, sin lugar a duda, las ideas de extrema derecha son las más o menos mismas, siempre son: nacionalismo exacerbado, aporofobia, desprecio por el otro (sobre todo si el otro es de distinta nacionalidad, ‘raza’ u orientación sexual). La extrema derecha es, por definición, socialmente discriminadora. En los 70s la proliferación de regímenes y movimientos de ultraderecha tuvo un contexto de lucha contra los movimientos revolucionarios, de guerra fría, cuando las clases dominantes temían la expansión del comunismo por el mundo. Ninguno de esos elementos está presente hoy. En su reemplazo han surgido otros vinculados con la extensión del capitalismo bajo su forma neoliberal a muchos rincones del planeta y la crisis de este modelo. Lo que va aparejado con una crisis de los estados de bienestar europeos que se habían formado gracias a la acumulación de riqueza del industrialismo y la explotación colonial. Esta crisis sumada a una serie de otros elementos de política internacional que tienen que ver con la intervención de las potencias occidentales en distintos puntos del planeta bajo el liderazgo de Estados Unidos, provocando la explosión o crisis profunda de ciertos estados como Irak, Libia o Siria, ha generado fenómenos masivos de migraciones de masas en dirección a Europa, incentivando a su vez estas exacerbaciones de nacionalismo, racismo y xenofobia. El elemento común, tanto en los 70 como en la actualidad, es la crisis. Ahora tenemos crisis económica, política, social, cultural, ideológica y ecológica. Esta no es una simple crisis de régimen político, ciertamente el problema de fondo es el capitalismo, pero a diferencia de antaño, es una crisis global, que afecta todos los aspectos de la vida del planeta, tanto de las sociedades humanas como de otras formas de vida. Es una determinada forma de vivir, de producir y de distribuir la riqueza y el poder que está entrando en crisis acelerada, es una crisis civilizatoria.

-Ud. dice que en este tiempo no hay un movimiento subversivo como en los 70s, pero vemos otras cosas como los movimientos por la diversidad sexual, el feminismo, y en el plano político la aparición del Frente Amplio, ¿cree que son nuevas formas de combatir al capitalismo?

-Son movimientos de características muy diversas, no estoy para nada seguro de que estos movimientos se definan como anticapitalistas. Tal vez fracciones de estos movimientos sí lo son. Sus horizontes son muy variados. ¿Reflejan una incomodidad existencial? Sí, pero por razones muy distintas. Desde un punto de vista ideal sería bueno que todos fueran anticapitalistas, que hicieran converger sus fuerzas y programas, sin pasar a llevar sus identidades particulares, pero eso no ocurre por el momento y es muy difícil que ocurra. Son movimientos contestatarios respecto de muy variados aspectos de la realidad social, política, económica y cultural. Es necesario un esfuerzo de reflexión crítica por parte de los protagonistas de estos movimientos para dotarlos de una perspectiva estratégica más profunda, más consistente que la mera expresión de un malestar o de reivindicaciones de corto plazo que muchas veces pueden ser absorbidas por el capitalismo. El capitalismo es un sistema que ha demostrado una gran capacidad de sobrevivencia, de adaptación, de absorción e incluso de hacer negocios con movimientos que le son adversos. El capitalismo ve por todos lados grandes oportunidades de hacer negocios para recomponerse y seguir. Sin embargo, en un escenario de catástrofe medioambiental el capitalismo no podría sobrevivir, de la misma manera que la vida en general. Reitero, asistimos a una crisis de civilización.