Juan Cárdenas Villablanca

Portada de la Revista Chile Hoy, 31 agosto 6 de septiembre 1973. TORTURAS EN LA ARMADA

 Torturas en la Armada. 1973

En su edición anterior, Chile HOY publicó una entrevista al abogado Pedro Enríquez, en que se denunciaban las torturas a que han sido sometidos marineros y suboficiales de la Armada. En estas páginas incluimos entrevistas hechas por Alvaro Rojas, corresponsal de Chile HOY en Concepción, al sargento Cárdenas.
Estimamos que todos estos testimonios encierran tal gravedad, que hemos resuelto iniciar una campaña en contra de las torturas. Para ello, hemos pedido la opinión de dirigentes políticos y personalidades de todas las tendencias. Aquí reproducimos las que emitieron el ex Senador y candidato presidencial democratacristiano, Radomiro Tomic y el sacerdote Hernán Larraín, director de la revista “Mensaje”.

Sargento Cardenas:

“El Fiscal me dijo: ‘Si hay un golpe, no va a quedar vivo ningún líder de izquierda'”

Juan F. Cárdenas Villablanca, 37 años, sargento segundo, maquinista del destructor “Blanco Encalada” de la Armada Nacional de Chile, es un hombre alto, delgado, de pelo oscuro y gesto severo en el rostro. Casado con Regina Muñoz Vera, tiene dos hijos pequeños. Lleva 20 años de trabajo en la Marina. Ha cursado estudios superiores en Estados Unidos, donde fue felicitado y obtuvo los primeros lugares en su especialidad: máquinas. En este momento se encuentra recluido en el fuerte Silva Palma de Valparaíso, acusado junto a otros 47 marineros y civiles que trabajaban en ASMAR del delito de “sedición y motín”. Desde el día en que la Armada dio a conocer el pretendido cuadro subversivo que se habría detectado en su seno hasta el viernes pasado, fue imposible para sus abogados y para su esposa tomar contacto con el sargento Cárdenas, que si bien no estaba “oficialmente” incomunicado, en los hechos era mantenido alejado de todo contacto con civiles. La entrevista que sigue es producto del primer contacto de los abogados y de su esposa con el sargento Cárdenas.
Esta se realizó en un oscuro y frío rincón del fuerte Silva Palma o cuartel de orden y seguridad, nombre eufemístico que la Armada da a su presidio militar. Los abogados y la esposa del sargento no obtuvieron ninguna facilidad para entrevistarse con Cárdenas. Al contrario, se les ofreció el lugar más desagradable de la prisión naval, ubicado en un lugar abierto a todos los vientos, lo que sumado al hecho de que el cuartel Silva Palma se encuentra en un cerro relativamente elevado, hizo que tanto los abogados como el periodista y el mismo Cárdenas temblaran de frío a los pocos minutos.
Luego de los saludos, la primera frase que dijo Cárdenas fue la siguiente: “estoy más firme que nunca”.
Ch. H.: ¿Cuándo fue detenido y en qué circunstancias?
J.F.C.: Fui detenido el seis de agosto, a las tres de la madrugada, en el “Blanco Encalada”, aquí en Valparaíso. Me condujeron a la Escuela de Infantería de Marina de Las Salinas (Regimiento Miller) en Viña del Mar. Allí comenzaron a flagelarme y torturarme durante todo el resto de la noche (desde las tres hasta las ocho o nueve de la mañana del día seis).
Ch. H.: ¿Qué tipo de flagelación sufrió?
J.F.C.: Me colgaron de una cruz de madera con las manos y los brazos amarrados con cordeles. Es difícil explicar. Estaba así (abre las manos y piernas)…, me pusieron como en cruz, pero con las piernas tan abiertas que la intención que tenían era de rajarme. Allí comenzaron a golpearme en todo el cuerpo, especialmente los genitales.
Me llevaban con la consigna de declarar todo lo que ellos me habían dicho que dijera. A todo esto, yo no había dicho nada. En esa entrevista con el fiscal me limité a señalar que que había sido flagelado nuevamente. Me decían que no había cumplido con las instrucciones que me habían dado para que me declarara culpable. Desde ese día no me dejaron dormir. Cada quince minutos me despertaban para darme algunos golpes, así estuve toda la noche del domingo.
Ch. H.: ¿Quiénes eran los que lo flagelaban?
J.F.C.: Todos eran oficiales del cuerpo de infantes de marina.
Ch. H.: ¿No había soldados?
J.F.C.: No, soldados, no.
Ch. H.: ¿Qué ocurrió el lunes 13?
J.F.C.: Me llevaron ante el fiscal Jiménez para carearme con otros marineros. Dije solamente que nos oponíamos al golpe de Estado y que no secundaríamos a nadie que lo intentara. Volví a insistir en que había sido flagelado y que quedara constancia en el proceso de mis declaraciones. El fiscal se negó. Le dije que no necesitaba probar que había sido flagelado ya que él podía ver las señales en mi cuerpo y en el de los otros marineros. También le dije que a esta altura ya mi cuerpo no resistía más y que intentaría suicidarme si las flagelaciones seguían y que estaba recibiendo golpes nada más que en la cabeza. El fiscal sólo me cambió el lugar de detención.
A todo esto, en Talcahuano los trabajadores estaban agitados. El Comando Comunal se entrevistó el domingo con el almirante Paredes, y éste le manifestó: “en la Armada no se tortura a nadie”. Al parecer, el almirante no había sido informado de la forma en que fueron tratados los marineros en la misma base naval. Los abogados, por su parte, iniciaban los contactos posibles para lograr hablar con sus defendidos, hasta que gracias a la presión de masas lograron hacerlo.
Continúa Cárdenas: El lunes en la noche me siguieron dando junto con los otros. Esa noche me sacaron a unos allanamientos a casas (se trata del allanamiento al departamento de los hermanos Vergara en el centro de Concepción); querían que yo reconociera a esos muchachos, niños diría yo. Me negué, porque no los había visto en mi vida y porque vi que eran muy jóvenes, tendrían unos 16 ó 17 años. Incluso me carearon con ellos.
El martes al mediodía fui conducido nuevamente a la Fiscalía Naval. El fiscal ordenó que me llevaran a la Isla Quiriquina.
A esa altura, ya Cárdenas se había transformado en una pieza fundamental para el juicio.
Después me aplicaron corriente eléctrica. Nadie me interrogaba. La corriente era más o menos alta, con los estremecimientos que me produjo me zafé un brazo (el izquierdo).
Ch. H.: ¿Y después?
J.F.C.: Cuando vieron que estaba mal me bajaron, me vendaron los ojos y me metieron en un ataúd.
Ch. H.: ¿En un ataúd?
J.F.C.: Sí, en un ataúd. Lo vi, porque antes que me pusieran la venda en los ojos estaba puesto en el piso. Una vez dentro me hicieron rodar por una pendiente. Me amenazaron de muerte y me decían que no querían gastar una bala en un m… como yo. Después de eso me tomaron de los pies y me metieron en un pozo, que al parecer era séptico por el olor. Allí me sostenían hasta que no podía respirar. Al salir del pozo por tercera o cuarta vez me desmayé. Me hicieron levantar a puntapiés.
Ch. H.: ¿Quiénes lo flagelaban?
J.F.C.: Oficiales. Cuando vi todo esto supuse que con vida no salía de ésta, así que me saqué la venda de los ojos y vi como 20 infantes de marina que cuidaban el lugar. Al ver que me saqué la venda me golpearon de tal manera que perdí el conocimiento por cuatro horas a lo menos. Me di cuenta que había pasado tanto tiempo porque ya estaba oscuro cuando desperté (cuando me saqué la venda estaba claro y cuando desperté era de noche). Apenas volví en mi comenzaron a golpearme otra vez, especialmente con patadas en la cabeza, porque ya no tenía lugar del cuerpo donde me pudieran pegar. Luego me colgaron otra vez en la cruz y me aplicaron la electricidad. Al mediodía del seis trajeron a Blasert y Lagos, quienes fueron sometidos al mismo tratamiento. A ellos lograron hacerles firmar documentos que decían que el líder del movimiento subversivo era yo.
Ch. H.: ¿Cuánto tiempo estuvo usted en Las Salinas?
J.F.C.: Desde las tres de la mañana del lunes seis, hasta tarde en la noche del mismo día.
Ch. H.: ¿Cuándo lo sacaron de allí?
J.F.C.: En la noche del mismo día nos llevaron a Silva Palma. Muchos marineros que puedo mencionar y que están dispuestos a declarar en mi favor, me vieron ingresar en pésimas condiciones al cuartel. La idea de los oficiales era escarmentar con nosotros a todos los que se oponen al golpe en la Armada.
Ch. H.: ¿Qué pasó en la Armada?
J.F.C.: Me llevaron a la enfermería, el enfermero al verme, dijo: “Yo no me meto en este forro, este hombre debe ser visto por un médico, me niego a atenderlo”. Tampoco quiso atender a Blaset y Lagos, insistió en que él no se metería en ese forro. A pesar de que el enfermero se negó a atendernos, el encargado de la prisión no nos quiso llevar al Hospital Naval para evitar la difusión de los hechos.
También me sometieron a una tortura que consiste en ponerlo a uno en el filo de una banca, de espaldas y comenzar a cargarlo por la cabeza y los pies, como un balancín. Sentía que me molía la columna vertebral.
Ch. H.: ¿Qué pasó al día siguiente?
J.F.C.: Fui conducido ante un oficial de apellido Bilbao de grado de comandante. Este era el fiscal administrativo. Me dijo, entre otras cosas, algunas que no olvidaré nunca: “en el caso de un golpe de Estado, no va a quedar vivo ningún líder de izquierda”.
Ch. H.: Luego, ¿qué pasó?
J.F.C.: Desde el martes 7 hasta el viernes 10, a las 21 horas, fui mantenido en el Silva Palma. Todos los días me sacaban del lugar para someterme a torturas que no detallo, porque consistían más o menos en lo mismo que he relatado. El mismo viernes, a las 21 horas, y en forma muy sigilosa, me sacaron del cuartel custodiado por numerosos infantes de marina, armados como para combate. También viajaban conmigo los otros tres detenidos, nos llevaron a Carriel Sur, en Concepción, en avión. Cuando llegamos nos subieron a un jeep grande, nos hicieron tendernos en el piso de a tres, luego hicieron tenderse a otros tres encima nuestro, boca abajo y cruzados con nosotros. Luego pusieron otros dos encima de la “ruma”. Finalmente, se sentaron encima unos doce cosacos. Fuimos conducidos a un campamento de los infantes de marina que queda cerca del fuerte Borgoño. Cuando nos bajaron comenzaron a golpearnos de inmediato. El detenido Pedro Lagos quedó con traumatismo encéfalo craneano y perdió el conocimiento. A un marinero de apellido Salazar le reventaron los oídos. Fuimos sumergidos en un charco de mugre. Eramos pateados durante las flagelaciones. El artillero Salazar ubicó a uno de los flageladores, llamado Luis Guerrero. Pedro Lagos ubicó a otro, cuyo sobrenombre era “Cara de Pato”. A un hombre de la Escuela de Ingeniería le fueron voladas las muelas a patadas con encías y todo (este hombre quedó posteriormente en libertad por falta de méritos).
Ch. H.: ¿Quién dirigía las operaciones?
J.F.C.: El capitán Koeller. Nos arengaba por las supuestas irregularidades del Gobierno.
Es necesario señalar que el viernes los abogados de Cárdenas ya habían intentado hablar con él y que había sido negado sistemáticamente el permiso por el fiscal.
Ch. H.: ¿Qué ocurrió después?
J.F.C.: En la tarde del sábado me llevaron en andas a declarar ante el fiscal Jiménez.
La presión civil y las torturas asustaron a los mandos medios de la Armada, que no quisieron que el sargento Cárdenas fuera visto, ya que éste mostraba los estragos causados por las sesiones de flagelaciones y torturas a que fue sometido. Por ello fue enviado a la isla Quiriquina.
Ch. H.: ¿Recuerda otros detalles?
J.F.C.: El capitán Koeller me dio numerosas ocasiones para que me fugara. Así podían matarme. Una vez estaba sentado y solo. Pensé inmediatamente en la posibilidad de huir, pero me contuve cuando vi entre unas ramas a unos soldados con una ametralladora. Entre ellos estaba el capitán Koeller.
Es necesario aclarar que Koeller es el mismo que llevó las tropas a allanar COSAF en Penco y MARCO CHILENA.

Marineros Constitucionalistas presos en la Penitenciaría de Santiago. De pié, de Izq. a Der.: Pedro Blaset, Jaime Salazar, Hugo Maldonado, Pedro Lagos, Juan Cárdenas. De rodillas, Izq. a Der.: Sergio Fuentes, Ernesto Zúñiga, Juan Roldán.
Entrevista a la esposa del sargento Cárdenas, Regina Muñoz Vera. Revista Chile Hoy 1973

 

Comunicamos que ha fallecido nuestro camarada Juan Cárdenas Villablanca


Ex-Sargento 2° de la Armada de Chile.

Cárdenas, de profesíon Maquinista, pertenecía a la dotación del destructor Blanco Encalada a los días previos del golpe de Estado, siendo detenido el 5 de agosto de 1973 en el marco de las detenciones realizadas a miembros de la institución que asumieron posiciones  leales ante la ley, al juramento del respeto a la Constitución vigente y su  autoridad máxima, el Presidente de la República.

Posterior a su libertad después de haber purgado 5 años de presidio, obtiene asilo en Suecia y se radica en Estocolmo. Fallece en esta ciudad a la edad de 89 años el 15 de Noviembre del 2025 según el registro del sitio web Rasit.se

Nuestras sentidas condolencias a su familia y seres queridos de su entorno.

Que en paz descance!!!

Sus camaradas de armas,

Marineros Constitucionalistas de Chile

 

Juan Cárdenas cuando me acompañó al terminal de buses de Estocolmo en noviembre 2002.

Textos destacados

Fallece el sargento segundo Juan Cárdenas Villablanca, líder de los marinos antigolpistas

By Jorge Magasich  2 diciembre, 2025  No comment

Tiempo de lectura aprox: 5 minutos, 17 segundos

Hace unos días dejó de estar con nosotros el sargento Juan Cárdenas Villablanca, líder del movimiento de los marinos antigolpistas en 1973. Me permito despedirlo recordando la entrevista que me concedió en 2002, de gran significación para mí y crucial para la investigación que culminó con el libro “Los que dijeron ‘No’”.

Apenas comenzado el trabajo comprendí que las fuentes clásicas, como prensa y memorias, no serían suficientes. Estaba estudiando un movimiento que, por lo esencial, operó en secreto, ya que en la Armada, organizarse para defender la legalidad es considerado un acto “subversivo”. Las fuentes escritas son escasas. Consultamos los procesos jurídicos que contienen las “declaraciones” de los interrogados, pero estas son inciertas ya que varias fueron arrancadas bajo tortura.

Hasta el año 2000 lo esencial de esta historia residía en la memoria de los marinos antigolpistas. Era indispensable obtener sus testimonios para restituir la historia global del movimiento. ¿Cuántas entrevistas eran necesarias? En agosto de 1973 hubo unos 250 marinos detenidos y, más tarde, 92 de ellos fueron condenados a penas de prisión. Un especialista en estadísticas estimó que, para obtener una visión global verosímil, que aminorara las deformaciones propias de la memoria humana, era necesario entrevistar a un tercio de los marinos condenados.

Comencé las entrevistas en un momento favorable. El arresto de Pinochet en Londres (1998-2000) había desvanecido los temores de muchos militares antigolpistas que guardaban un prudente silencio. A partir de entonces osan testimoniar a una sociedad interesada en descubrir su historia reciente.

Al poco andar, se hizo evidente que el testimonio del sargento segundo Juan Cárdenas era más que necesario. Había sido el marino con más alto grado implicado en el movimiento. En 1973, con sus 37 años, era considerado “el viejo” por los otros marinos antigolpistas que rondaban los 20 años.

¿Aceptaría contar su historia ante una grabadora? Cárdenas vivía en Suecia después de salir de prisión en 1978. Los primeros años participó en reuniones de militares antigolpistas exiliados y concedió algunas entrevistas. Luego optó por el silencio. ¿Por qué habría de conceder una entrevista a un desconocido?

Di con el correo de su hijo homónimo, recientemente doctorado en física y profesor en una universidad sueca. Le envié un mail explicándole el proyecto y pidiendo contacto con su padre. Al mismo tiempo, Oscar Carvajal, un marino exiliado en Suecia, me envió su dirección. Escribí a Juan Cárdenas presentándome, resumiendo el proyecto de investigación y destacando la importancia de su testimonio.

Más o menos un mes después sonó mi teléfono en Bruselas para darme una de las sorpresas más agradables que he tenido. Soy Juan Cárdenas, me dijo, con voz muy suave. Recibí su carta donde me explica que está preparando un doctorado. Mi hijo me aconsejó aceptar, porque es algo serio. Lo que significaba que el dirigente de los marinos antigolpistas interrumpía su silencio y aceptaba darme una larga entrevista… Fijamos una fecha.

Llegué a Estocolmo la tarde del viernes 15 de noviembre de 2002. Me recibió cordialmente Regina, su esposa y compañera, quien también jugó un rol importante en esta historia. Vivían en una casa de dos pisos, que Juan Cárdenas había construido con sus propias manos, acogiéndose a un plan de autoconstrucción con asistencia técnica de la municipalidad. Pasé con ellos el fin de semana, muy productivo.

Regresé a Bruselas con cinco casetes grabadas, más una de “yapa”, que explicaré. La entrevista a Juan Cárdenas es la más extensa de las 55 publicadas en el libro Testimonios de militares antigolpistas.

 

Juan Juan Cárdenas y Regina Muñoz en su casa en Estocolmo. Noviembre 2002.

Proporciona una descripción pormenorizada de la vida en la Armada desde su ingreso en 1953, incluyendo lo que escuchó de los más antiguos y recuerda los conflictos sociales que suelen tomar la forma de “bandejazos”. Relata la gestación del movimiento de los marinos antigolpistas, sus contactos con Miguel Enríquez cuando era estudiante de medicina, describe reuniones, debates y proyectos, entre ellas la reunión en el bar Los Pingüinos en los barrios del puerto, las crecientes informaciones sobre el golpe que amenaza, la detección de un proyecto de golpe para el 8 de agosto (que existió), las reuniones con Altamirano, Garretón y Enríquez, los jefes del Partido Socialista, del MAPU y del MIR, su detención, tortura, el proceso, el exilio y un balance final.

Esa entrevista, como todas las otras, fue sometida a la crítica histórica. Tuve dudas de una información: Cárdenas cuenta que se reunió con el ministro de Defensa José Tohá, en enero o en febrero de 1973, y le transmitió las informaciones sobre la preparación del golpe en la Armada. Pero es muy poco probable que un sargento mantenga una reunión privada el ministro. Opté por no utilizar esta información mientras no pudiera corroborarla con otra fuente.

Pero el sargento tenía razón. La otra fuente apareció cuando consulté su hoja de vida anexada al proceso:

“26 dic. 1972. Demostrar poca lealtad con su comandante al no informar todos los antecedentes de una petición realizada con el Sr DGPA” [Director general del personal de la Armada].

10 enero 1973. Con motivo de su traslado al CL Prat dispuesta por OT. DGPA. ORD N°1345/41 del 23-nov-72, efectuó peticiones al Sr. DGPA. CTA y Ministro de Defensa a fin de no cumplir lo dispuesto. Su petición fue denegada por todas las autoridades”.

Lo que confirma la reunión del sargento con el ministro de Defensa. Cárdenas explica que la obtuvo utilizando su derecho a oponerse, por conducto regular, a la decisión de trasladarlo al crucero Prat antes de cumplirse el tiempo reglamentario. Primero protesta ante el segundo comandante, quien responde negativamente, luego apela al comandante, enseguida al director de personal, sigue hasta llegar al comandante en Jefe (almirante Montero) y termina donde el ministro de Defensa, José Tohá. En realidad, el traslado le era indiferente; quería denunciar los preparativos de golpe.

El sargento describe su propia detención la tarde del domingo 5 de agosto de 1973 y su traslado al regimiento de la Infantería de Marina. Pude compararla con la del comandante del destructor Blanco, el capitán Hernán Julio, uno de los oficiales entrevistados. Las descripciones son coincidentes.

Los marinos prisioneros en la Penitenciaría de Santiago. De pie: Pedro Blaset, Jaime Salazar, Hugo Maldonado, Pedro Lagos, Juan Cárdenas. Sentados: Sergio Fuentes, Ernesto Zúñiga, Juan Roldán. Hacia 1977.

Hablemos ahora de la valiosa “yapa”. Concluida la entrevista, el sargento Cárdenas me dice: “tengo algo más que le puede interesar”. Cuando estaba en la cárcel de Valparaíso −explica− solía visitarlo Manuel Astica, el cabo despensero que lideró la sublevación de la Escuadra en 1931, con quien mantenía correspondencia.

En 1982 Astica le envió una casete con la conferencia que dio al cumplirse 50 años de la publicación de su novela Thimor, sobre una sociedad utópica. La escribió en la cárcel después de la sublevación de 1931 (Astica estuvo a punto de ser fusilado) y la novela fue publicada en 1932 cuando la efímera República Socialista amnistió a los marinos presos. En su conferencia, el cabo Astica dedica unos minutos a recordar su novela, y luego, durante más de una hora, narra la sublevación de 1931, dando a conocer el punto de vista de los marinos que ocuparon 27 buques.

Copié la casete y la transcribí. La conferencia de Astica está publicada como anexo en Testimonios de militares antigolpistas, gracias a la “yapa” que nos proporcionó Juan Cárdenas. Una verdadera joya para la historia.

Hoy es evidente que la gesta de los marinos que, arriesgando todo, se mantuvieron fieles a las instituciones republicanas en 1973, no ha tenido el reconocimiento que merece. Pero este avanza. Los franceses Désirée y Alain Frappier, autores de tres novelas gráficas sobre Chile, consagraron la última de ellas a esta gesta, con gran precisión histórica y sublimes dibujos que, en ocasiones, reconstituyen escenas que no tenían imágenes. El álbum “Et que se taisent les vagues” está disponible en Francia desde fines de 2024, donde ha tenido una muy buena acogida. El título de la edición chilena será “La furia de las olas”. Debe aparecer a comienzos de 2026.

El sargento Juan Cárdenas es ahora parte de la historia. Será recordado como el marino que encarnó la voluntad de los que intentaron evitar que su patria fuera ensangrentada por una matanza y una dictadura. Su nombre, y el de sus compañeros, estará al lado de su colega ruso el marinero torpedista, Afanasy Matiushenko, líder de la revuelta del acorazado Potemkin en 1905. Y del marinero negro João Cândido quien dirigió la revuelta contra el látigo en la Armada brasileña en 1910, y en 1964, ya viejo, participó de las acciones de los marinos que se opusieron al golpe de Estado. Y del marino alemán, Karl Artelt, quien, a bordo de un torpedero, organiza en 1918 la elección del primer consejo de marinos que inicia la revolución alemana. Y también del marino portugués Joaquim Teixeira (su entrevista está también en Testimonios de militares antigolpistas) quien intentó evitar el apoyo de Portugal al golpe de Estado de Franco en 1936. En 2005, Joaquim Teixeira fue condecorado con la más alta distinción que confiere el gobierno portugués, cuando había cumplido 89 años, la misma edad de Juan Cárdenas al fallecer. Un ejemplo que podría ser imitado…

 

Jorge Magasich

Historiador

Fallece el sargento segundo Juan Cárdenas Villablanca, líder de los marinos antigolpistas

 

Referencias:

Testimonios de militares antigolpistas. Fuentes para la historia de la República.

https://www.bibliotecanacional.gob.cl/publicaciones/vol-xlviii-testimonios-de-militares-antigolpistas

 

Los que dijeron ‘No’. Historia del movimiento de los marinos antigolpistas de 1973

https://lom.cl/products/los-que-dijeron-no-vol-1?srsltid=AfmBOoo4vUO2UkctTt3n8tNmANA2-dmGFWvOMWKdsIRLuwGPFOUUM87K

 

 

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